EL PARTIDO
El partido
es una forma contemporánea de dictadura. Es el instrumento moderno
de un gobierno dictatorial. El partido es la acción de gobierno de
una parte sobre el todo. Como un partido no es un individuo, esto crea
una democracia superficial estableciendo asambleas, comités,
y la propaganda a través de sus miembros. El partido no es un instrumento
democrático porque está compuesto sólo de aquellas personas que tienen
intereses en común, una percepción cultural común; o los que pertenecen
a la misma región geográfica o comparten las mismas creencias. Ellos
forman un partido para alcanzar sus fines, imponer su voluntad, o amplían
el dominio de su creencia, valores, e intereses a toda la sociedad.
El objetivo de un partido es alcanzar el poder bajo el pretexto de realizar
su programa. Democráticamente, ninguno de estos partidos debería gobernar
a la gente en su conjunto, que constituye una diversidad de intereses,
ideas, temperamentos, regiones geográficas y creencias. El partido
es un instrumento dictatorial de gobierno que permite a aquellos con
perspectivas o intereses comunes gobernar a la gente en su totalidad.
Dentro de la comunidad, el partido representa una minoría. El objetivo
de formar un partido es de crear un instrumento para gobernar a la gente,
por ejemplo, dominar a los no miembros del partido. El partido está,
fundamentalmente, basado en un concepto arbitrario autoritario - la
dominación de los miembros del partido sobre el resto de la gente.
El partido presupone que su acceso al poder es el modo de lograr sus
fines, y asume que sus objetivos son también aquellos de la gente.
Esto es la teoría que justifica la dictadura partidaria, y es la base
de cualquier dictadura. No importa cuántos partidos existan,
la teoría permanece válida.
La existencia
de muchos partidos intensifica la lucha para el poder, y esto causa
el rechazo a cualquier logro del gobierno y de cualquier proyecto
de beneficios sociales. Tales acciones son presentadas como una
justificación para minar la posición del partido en el gobierno, de
modo que la oposición pueda sustituirlo. Los partidos, en su lucha,
muy raras veces recurren a las armas, mas bien se acusan y denigran
unos a otros. Esto es una batalla que inevitablemente es emprendida
a costa de los intereses más altos de la sociedad. Unos, si no todos,
de esos intereses serán víctima de la lucha para el poder entre los
instrumentos de gobierno, para la destrucción de aquellos intereses
que apoya la oposición en su argumento contra el partido en el poder
u otros partidos. Para tomar el poder, el partido de oposición tiene
que derrotar el instrumento de gobierno existente. Para hacer
tal cosa, la oposición debe reducir al mínimo los logros del gobierno
y poner en duda sus proyectos, aun cuando aquellos proyectos puedan
ser beneficiosos a la sociedad. Por consiguiente, los intereses
y los programas de la sociedad se vuelven víctimas de la lucha
de los partidos para alcanzar el poder. Tal lucha es, por lo tanto,
políticamente, socialmente, y económicamente destructiva a la sociedad.
Así, la lucha
resulta la victoria de otro instrumento de gobierno; la caída de un
partido, y la subida del otro. Es, de hecho, una derrota para la gente,
una derrota para la democracia. Además, los partidos pueden ser sobornados
y corrompidos desde dentro o desde fuera.
Originalmente,
el partido está formado en apariencia para representar a la gente.
Por consecuencia, el líder partidista se convierte en representante
de su grupo, de una élite. Se hace claro que este juego partidista
es una farsa basada en una falsa manera de democracia. Esto
tiene un carácter egoísta autoritario basado en maniobras, intrigas
y juegos políticos. Esto confirma el hecho que el sistema de partidos
es un moderno instrumento de dictadura. El sistema de partidos
es una dictadura rotunda, poco convincente,
aspecto que el mundo aún no ha sobrepasado. Es, de hecho, la dictadura
de la edad moderna.
El Parlamento
del partido ganador es de hecho un parlamento del partido, para el
poder ejecutivo formado por estos parlamentarios; es el poder del partido
sobre la gente. El poder del partido, que está supuestamente para el
bien de toda la gente, es en realidad el enemigo mortal de una fracción
de la gente, a saber, el partido o partidos de oposición y sus
partidarios. La oposición no es, por lo tanto, un contrapeso popular
sobre el partido en el poder; más bien de una manera oportunista
procura sustituir al partido en el gobierno. Según la democracia moderna,
el legítimo contrapeso sobre el partido en el poder es el parlamento,
la mayoría de cuyos miembros son de aquel partido en el gobierno. Es
decir, el control está en las manos del partido en el gobierno, y el
poder está en las manos del partido mayoritario. Así el engaño, la
falsedad y la invalidez de las teorías políticas dominantes en el
mundo hoy se hacen obvios. De estos está hecha la democracia contemporánea
convencional.
"El partido
representa un segmento de la gente, pero la soberanía de la gente es
indivisible".
"El partido
según se dice, gobierna en nombre de la gente, pero en realidad el
verdadero principio de la democracia está basado sobre
que no puede haber ninguna representación en lugar de la gente".
El sistema
de partidos es equivalente actualmente al sistema tribal o sectario.
Una sociedad gobernada por un partido es similar a uno que es gobernado
por una tribu o una secta. El partido, como señalé anteriormente,
representa la percepción de un cierto grupo de la gente, o los intereses
de un grupo en la sociedad, o una creencia, o una región geográfica.
Tal partido es una minoría comparada con toda la gente, al igual que
los son las tribus y las sectas. La minoría tiene intereses y creencias
comunes estrechas, de los cuales tienen una perspectiva en común.
Sólo la consanguinidad distingue una tribu de un partido y, de hecho,
una tribu también podría ser la base para la fundación de un partido.
No hay ninguna diferencia entre la lucha de partido y la luchas tribales
o sectarias por el poder. Tal como la forma de gobierno tribal y sectaria
es políticamente inaceptable e inadecuada, de la misma manera lo es
la forma de gobierno bajo un sistema de partido. Ambos siguen
y llevan al mismo final. Los efectos negativos y destructivos de
la lucha tribal o sectaria sobre la sociedad son idénticos a los efectos
negativos y destructivos de la lucha de partidos.
CLASE SOCIALES
El sistema
de clases sociales es al igual que un partido político, al igual
que el sistema tribal, o sectario ya que una clase domina la sociedad
de la misma manera que un partido, la tribu o la secta. Las clases sociales,
como los partidos, sectas o tribus, son los grupos de personas dentro
de la sociedad que comparten intereses en común. Los Intereses en
común provienen de la existencia de los lazos de consanguinidad, la
creencia, la cultura, el lugar geográfico o el nivel de vida. Las clases
sociales, los partidos, las sectas y las tribus surgen por la consanguinidad
de ellas; el tipo de clase, el interés económico, el nivel de
vida, la creencia, la cultura y el lugar geográfico crean una perspectiva
común para alcanzar un fin común. Así surgen en forma de clases
sociales, los partidos, tribus o sectas. Estos tarde o temprano se
desarrollan en entidades políticas dirigidas hacia la realización
de los objetivos de aquel grupo. En todos los casos, la gente,
el partido, la tribu, la secta, son meros segmentos de
personas que constituyen una minoría. Si una clase, un partido, una
tribu, o una secta dominan una sociedad, entonces el sistema dominante
se hace una dictadura. Sin embargo, una clase o una coalición tribal
son preferibles a una coalición de partido ya que las sociedades
al principio consistieron en comunidades tribales. Raras veces se encuentra
un grupo de la gente que no pertenece a una tribu, y toda la gente pertenece
a una clase específica. Pero ningún partido o partidos
representa a toda la gente, y por lo tanto el partido o la coalición
de partido representan una minoría comparada a las masas fuera de sus
miembros. Bajo una genuina democracia, no puede haber ninguna justificación
para cualquier clase para someter a otras clases para sus intereses.
Asimismo ningún partido, tribu o secta pueden aplastar otros para sus
propios intereses.
Permitir
tales acciones abandona la lógica de democracia y justifica el recurso
al empleo de la fuerza. Tales políticas de supresión son dictatoriales
porque ellos no están en el interés de toda la sociedad, que consiste
en más que una clase, tribu o secta, o los miembros de un partido.
No hay ninguna justificación para tales acciones, aunque el argumento
dictatorial sea que la sociedad en realidad consiste en numerosos segmentos,
uno de los cuales debe emprender la liquidación de otros para permanecer
únicamente en el poder. Este ejercicio no está, en consecuencia, en
los intereses de toda la sociedad, pero, sino más bien, en los intereses
de una clase social en específica: la tribu, la secta, el partido,
o los que piden a hablar por la sociedad. Tal acto básicamente es dirigido
al miembro de la sociedad que no pertenece al partido, la clase, la
tribu o la secta que lleva acabo la liquidación.
Una sociedad
desgarrada por la contienda de partido es similar a uno que es desgarrado
por conflictos tribales o sectarios.
Un partido
que está formado en nombre de una clase, inevitablemente se hace un
substituto de aquella clase y sigue en el proceso de transformación
espontánea hasta que se haga hostil a la clase que este sustituye.
Cualquier clase
social que hereda una sociedad, también hereda sus características.
Si la clase obrera, por ejemplo, domina a todas las otras clases de
una sociedad en particular, entonces se hace su único heredero y forma
su base material y social. El heredero adquiere los rasgos de aquellos
de quien este hereda, aunque esto no pueda ser evidente al principio.
Con el paso del tiempo, las características de las otras clases sociales
eliminadas surgirán dentro de las nuevas categorías de la propia
clase obrera. Los miembros de la nueva sociedad asumirán las actitudes
y perspectivas apropiadas a sus características recién desarrolladas.
Así, la clase obrera desarrollará una sociedad separada que posee
todas las contradicciones de la vieja sociedad. En la primera etapa,
el estándar material y la importancia de los miembros se hacen desiguales.
A partir de entonces, los grupos surgen y automáticamente se vuelven
el tipo de clase como el que fue eliminada. Así, la lucha para la
dominación de la sociedad comienza otra vez. Cada grupo de gente,
cada facción, y cada nueva clase competirá para hacerse del instrumento
de gobierno.
Siendo lo social,
lo natural, la base material de cualquier sociedad es cambiable. El
instrumento de gobierno de esta base material puede ser sostenido por
algún tiempo, pero esto eventualmente va a volverse obsoleto cada vez
que nuevas normas materiales y sociales se desarrollan para formar
una nueva base material. Cualquier sociedad que sufre un conflicto de
clase en cierta época puede haber sido una sociedad de la misma clase,
pero, por la evolución, inevitablemente se hace una sociedad
multi-clase.
La clase que
expropia y adquiere la posesión de otros para mantener el poder para
sí mismo, pronto encontrará que, a través de los años, será a sí
mismo sujeto al cambio como si pensara fuera una sociedad
homogénea.
En resumen, todas las veces que se ha buscado unificar la base material de una sociedad para solucionar el problema del gobierno, o acabar con la lucha en favor de un partido, clase, secta o tribu, han fallado. Todos los esfuerzos dirigidos al apaciguamiento de las masas con la elección de representantes igualmente han fracasado. Seguir tales prácticas sería una pérdida de tiempo y burla a la gente.
vietjuan@yahoo.com
(*) Licenciado en Relaciones Internacionales. Candidato a Dr. En Gobierno y Administración Pública por el Instituto Universitario José Ortega y Gasset de Madrid, España. Subdirector Centro de Estudios de la Revolución Bolivariana: www.revolucionbolivariana.org.,mx Autor de dos libros: “Venezuela Hacia el Socialismo del Siglo XXI” y “Citas del Presidente Hugo Chávez”, de venta en www.amazon.com