Aires de cambios en el Caribe

En un planeta tensionado por la crisis del Capitalismo Global que afecta
especialmente a las economías periféricas y, como parte de ella, la ofensiva del
imperialismo norteamericano y sus socios de la OTAN por recuperar espacios
soberanistas perdidos, mediante la preparación de escenarios bélicos, los
pueblos del Caribe Oriental se ven afectados y buscan, en medio de la
inestabilidad geopolítica, asegurarse de un menor grado de afectación e incluso,
la posibilidad de aprovechar tal circunstancia para establecer acuerdos y
alianzas que le sean favorables a los distintos grupos que pugan por ejercer el
control de los Estados de la región.

La extensa pero poco influyente región del Caribe Oriental no se podría
sustraer a esa realidad en donde cohabitan heredades del colonialismo europeo,
con procesos soberanistas que tienden a romper el grillo imperialistas impuesto
a estos pueblos, desafiando de esa manera su realidad territorial,
poblacional, política y económica, para intentar avanzar por un camino de
integración, desarrollo y bienestar para sus pueblos.

En ese arco de africanidad y colonización, siempre amenazada por la furia de la
naturaleza pero poco afectada por las conmociones políticas propias de sus
vecinos del sur del Mar de los Caribeños, se han producido en los últimos 40
años, importantes movimientos sociales y políticos dirigidos a romper
radicalmente con la dominación colonial y neocolonial europea y norteamericana,
los cuales van desde la insurgencia de 1971 del Black Power trinitario contra
el gobierno de Erick Willians y la victoria popular del partido Nueva Joya, del
líder mártir de Grenada, Maurice Bishop, hasta los recientes movimientos
violentos de protestas que sacudieron a Martinica y Guadalupe, en la cual
coincidieron reclamos sociales con reivindicaciones políticas, pasando por las
victorias de partidos laboristas con liderazgos progresistas, como Ralph
Gonsalves, en San Vicente y las Granadinas y Roosvelt Skerrit e Dominica
quienes, junto a Baldwin. Spencer, de Antigua y Barbuda, se incorporaron al
proyecto estratégico de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra
América, ALBA.


En las últimas semanas, dos eventos electorales que han afectado el escenario
caribeño y, aunque parecieran contradictorios, en el fondo afirman la
persistente búsqueda de estos los pueblos, de caminos de progreso, con Soberanía
y Libertad, en medio de las inestabilidades y crispaciones que hoy caracteriza
la realidad mundial. Se trata de la designación de la dirigente conservadora
Ramla Persad-Bissesan como Primera Ministra de la República de Trinidad y Tobago
quien, derrotó contundentemente el largo gobierno del centro-populista Patrick
Manning, agotado por las acusaciones de corrupción y el crecimiento de la
violencia social y del tráfico de drogas y, la investidura como presidente de
Surinam, de Dersi Bouterse, el militar progresista que gobernó ese país en la
década de los 80’s, enfrentando a las élites neocoloniales internas, a la vieja
potencia colonial holandesa y las amenazas de los gobiernos de los Estados
Unidos.


No es casualidad, entonces, que una de las primeras decisiones importantes de
la Primera Ministra Persad-Bissesan fue suscribir con el gobierno de la
República Bolivariana, el acuerdo de explotación conjunto de los yacimientos
gasíferos compartidos en la frontera marítima común, lo cual no había sido
posible durante el gobierno de Manning por la seguras presiones de las empresas
petroleras transnacionales, a quienes no le convendría el acuerdo amistoso y
mutuamente beneficioso para las partes, planteados por el gobierno bolivariano
del comandante Hugo Chávez Frías.

En ese mismo sentido, desafiando las presiones de los sectores colonialistas
surinameses y la campaña de calumnias y amenazas del gobierno holandés; el
nuevo presidente Dersi Bouterse, desde el mismo inicio de su gobierno,
manifestó su amistad con el gobierno venezolano y acogió, positivamente, la
propuesta venezolana de promover las mejores relaciones entre ambos países,
fortalecer su presencia en el seno de UNASUR, su incorporación efectiva al
Pacto Energético de PetroCaribe y estudiar futuras relaciones con la ALBA, lo
cual constituye un giro soberanista de Surinam, que afirma el fortalecimiento de
esta corriente en el Mar de los Caribeños, independientemente de las
definiciones ideológicas y políticas respecto a otros temas de su agenda
política.


Eso son los nuevos signos de los tiempos. Esa es la nueva corriente histórica
que se fortalece entre las naciones de América Latina y el Caribe y, hacia allí
debemos ir con valentía, sin prejuicios y con la mayor amplitud y tolerancia, en
medio de la pluralidad y diversidad política de gobiernos y pueblos, porque de
ello depende la construcción del proyecto estratégico de la integración y unión
de los pueblos de Nuestra América, que nos garantice, en los tiempos por
venir, la Paz, el Desarrollo y el Bienestar que deseamos para todos los
nuestramericanos.

yoelpmarcano@yahoo.com


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Yoel Pérez Marcano


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