Algo está pasando en Colombia entre clases sociales

En Colombia algo se está cocinando; aunque no nos consideramos expertos en temas colombianos si tratamos de leer noticias referidas con aquel país vecino. En esas lecturas, independientemente de las actuales referidas al proceso electoral presidencial que pareciera que iría a dos vueltas, se perciben varios discursos políticos y no nos estamos refiriendo a los normales discursos y propuestas de candidatos presidenciales sino a los decires del Presidente de la República colombiana, don Álvaro Uribe Vélez que, según las noticias, no se le está permitido bajo las normativas actuales colombianas que la máxima figura gubernamental del Estado colombiano pueda participar ni interferir con opiniones personales y refugiado en su investidura, según la democracia representativa colombiana, con frases expresadas “sin tapujos” y/o en directa sugerencia, en el actual proceso electoral.

Nuestras inquietudes nos llevan a reflexionar sobre las expuestas contradicciones que se vienen expresando entre diferentes grupos sociales cuando, quizás, no solo se estén manifestando con las lógicas diferencias políticas entre candidatos en el marco de unas elecciones presidenciales; se conocen no solo las evidentes diferencias entre las propuestas entre los tradicionales actores de la política colombiana, conservadores y liberales, si es que ello sigue existiendo como tales-tradicionales; percibimos diferencias entre lo que nos permitimos en calificar como políticas de avanzada para Colombia como son los “verdes colombianos” y las manifestaciones, interesantes, por cierto, de las propuestas del Polo Democrático, aun cuando ambos actores han estado en la escena colombiana por largos periodos de tiempos pero cada tiempo histórico tiene su etapa particular como bien lo ha expresado Gloria Gaitán en reciente fecha; hemos captado no solo el “silencio prudente” que viene manteniendo, al menos en prensa, el candidato Juan Manuel Santos obviando, por lógica política, las acusaciones de los “falsos positivos” y, además, aquí nuestra extrañeza, el “silencio sepulcral no transcendental-católico” ante las públicas opiniones que viene tratando de poner sobre el tapete electoral las declaraciones continuas de Uribe Vélez, el político, cuando, reiteradamente, introduce el tema de “su efectiva seguridad perenne” (léase: FARC, ELN, paramilitares, narcotraficantes) y las permanentes acusaciones contra Venezuela cuando lo que es evidente, cual podría ser la “política de estado” del gobierno de Uribe Vélez, las acciones en territorio venezolano demostradas con las detenciones de un “comando-espía”, tipo británico-israelita, sobre los temas de “seguridad y defensa” de la República Bolivariana de Venezuela, la Revolución Bolivariana Socialista y contra el Presidente-Comandante, Hugo Rafael Chávez Frías.

Lo anterior nos llevaría a preguntarnos: ¿cuáles serían las soluciones globales para Colombia tanto a lo interno y como miembro de la Comunidad Latinoamericana que proponen los candidatos que podrían pasar a la segunda ronda de “negociaciones”? En el marco de lo histórico-tradicional referente al poder en Colombia ¿cuáles serían la diferencia si los oponentes fueran Juan Manuel Santos, como parece evidente, y Antanes Mockus y/o Noemí Sanín? Ambos tres representan diferencias fundamentales en cuanto a clases sociales se refiere aunque, como en toda elección presidencial, los votos cruzados de los diferentes estratos sociales, se evidenciarán. Pero nos estamos refiriendo más que a las votaciones, per se, a las situaciones sociales que se irán desarrollando post-elecciones en el marco de las situaciones geopolíticas que, evidentemente y demostrable, se van a venir expresando tanto en Latinoamérica como en el Caribe y Centroamérica. En ese supuesto escenario a futuro, las intervenciones de Álvaro Uribe Vélez no son de extrañar sino más bien necesarias dentro de la lógica de la más rancia derecha internacional; nos referimos a los sectores republicanos norteamericanos, los partidos conservadores europeos, a la Internacional Socialista, la Internacional Demócrata Cristiana y las oligarquías al sur del rio Bravo. Tratemos de explicarnos.

En las elecciones presidenciales colombianas se presentan dos escenarios: la realidad interna y la realidad externa, ambas discutidas, en diferentes niveles, por importantes sectores sociales pero sin llegar a los afectados, el propio pueblo colombiano, como “actores invisibles” y, electoralmente, “útiles”. Colombia está y se encuentra (valga la redundancia) en “la encrucijada”. Fíjense que usamos el “artículo determinado” y no el indeterminado porque las realidades geopolíticas actuales tanto en el plano interno colombiano como en sus relaciones externas son, evidentemente, de “paso del Rubicón”. En palabras sencillas y directas, en lo interno, la campaña por la paz que viene realizando la senadora Piedad Córdoba tendrá un efecto interno fundamental (los tiempos históricos van a su propio paso) y, en el escenario externo, bien Colombia decide unirse, plenamente, con la UNASUR y/o decide “no divorciarse” y seguir siendo pasajero del tren del Imperialismo del Pentágono. Ambos temas se proponen y, seguramente, se estarían discutiendo en los centros decisorios de los candidatos presidenciales.

Trataremos de desglosar nuestras ideas-propuestas. Colombia en su interioridad social, pareciera, es una sociedad de clases que nos recuerda aquella sociedad descrita por la “Generación del 98” (España isabelina). La izquierda continental latinoamericana, caribeña y centroamericana las hemos denominado con el concepto de “oligarquías”. Esas oligarquías han sido, según la Historia de Colombia, las que han aportado presidentes y otros a los gobiernos colombianos que decidieron los “destinos manifiestos” del vecino país; varios son los apellido y, entre ellos, los Santos. Frente a esa realidad, nos obligamos a preguntarnos: ¿Cómo fue que don Álvaro Uribe Vélez logró alcanzar la responsabilidad de gobernar tan laborioso país si no pertenece a esa llamada oligarquía sino dícese pertenecer a los “señoritos de pueblo” (calificación de Luis Buñuel), independientemente, de que, según la bibliografía especializada, tuvo importante padrino en una economía emergente ya de todos conocida e, inclusivamente, por el Pentágono? Siguen las inquietudes: ¿Decidió la oligarquía colombiana que necesitaba a un “ambicioso político” para enfrentar una realidad que se le estaba escapando de las manos como era la “economía de la droga” y los alcances de las propuestas armadas en calidad de guerra civil? Algo nos comentó, en alguna ocasión, don Mario Santodomingo cuando ejercía como Embajador Plenipotenciario ante el Gobierno de la República Popular China y cuyo “segundo de a bordo” era el fundador del MOIR. Si aceptamos estas delicadas ideas, tendríamos que aceptar que la oligarquía colombiana viene por la “calle del medio” a reconquistar el Poder/poder colombiano; es decir, que la “lucha de clases” entre los tradicionales-históricos y los emergentes-provincianos se está desarrollando en el marco del proceso electoral actual lo que nos indicaría que las declaraciones de don Álvaro Uribe Vélez no solo estarían dirigidas a los sectores arriba mencionados sino que estarían dirigidas a esas oligarquías que lo utilizaron para la “guerra sucia” y los “falsos positivos”. A Juan Manuel Santos, por oligarca, se le perdona todo, todito.

Continuando con el escenario propuesto más arriba, el Pentágono mandó a su “hombre-fuerte”, Robert Gates, a Bogotá a enterarse de “como viene la mano” porque en documento propuesto y entregado al Canciller colombiano realizado por expertos y especialistas en asuntos internacionales colombianos se conmina tanto al Gobierno colombiano como a los candidatos presidenciales a, prácticamente, cambiar el actual rumbo de la Política Exterior gubernamental de don Álvaro Uribe Vélez: acercamiento a Hugo Rafael Chávez Frías; re-estudio del carácter de las bases colombianas utilizadas por “militares y paramilitares” norteamericanos; buscar un diálogo con los sectores internos; bajarse del “tren imperialista” del Pentágono; mirar al Este (Asia-Pacífico) y definir su situación en la UNASUR. El documento propuesto nos indica que la oligarquía colombiana estaría dando un importante giro hacia la “reconversión de la política de estado” de don Álvaro Uribe Vélez.

Pero la solución a la real situación interna colombiana no se enmarca, solamente, a la lucha de clases de oligarquía versus provincialismo sino que los problemas sociales que se están desarrollando en Colombia que son causa fundamental de las contradicciones entre las políticas de las derechas cristianas y el pueblo llano colombiano están en ascenso vertiginoso y ello, a nuestro parecer, es bien captado por las oligarquías tradicionales colombianas pero no así por esas oligarquías latinoamericanas “pentagonistas” que buscan mas la derrota de los movimientos sociales que se vienen manifestando en toda la Región al sur del rio Bravo apoyándose, esas oligarquías continentales, en la nueva política de seguridad de los Estados Unidos de América del gobierno de Barack Obama; es de ahí las visitas de Valenzuela y Gates a ciertos países al sur del rio Bravo. Pareciera que las elecciones presidenciales en Colombia tienen una importancia geopolítica que va mas allá de las superficialidades que en estas ocasiones nos dan las lecturas de prensa.

El marco del escenario propuesto más arriba tiene dos variables-conjuntos que consideramos son muy importantes no solo para las realidades colombianas sino, también, en el marco de lo significativo político-ideológico, como es la celebración de los 200 años de la Independencia de Latinoamérica, El Caribe y Centroamérica no solo por su significado histórico sino por su proyección a futuro. La primera variable-conjunto sería el desarrollo de las contradicciones en “lucha de clases” que se seguirán desarrollando entre los pueblos que decidieron expresarse como “ser social” y las oligarquías que, por lógica histórica, tratan de mantenerse como conductoras de los destinos de las patrias independientes bajo esquemas de la “democracia representativa”.

La segunda variable-conjunto está íntimamente relacionada con la “seguridad de los EEUU de América” y su interacción con las realidades al sur del rio Bravo. Nos explicamos para su mejor comprensión cuando nos permitimos referir las visitas del Primer Ministro, Vladimir Putin, y la suspendida visita del Presidente de la República Popular China, Hu Jintao. Como bien lo mencionó el Ministro Rafael Ramírez en el programa dominical “José Vicente hoy” cuando preciso que la gira oficial del PM Putin se había concretado, únicamente, a visitar Venezuela regresando a Rusia inmediatamente posterior a la firma de los acuerdos alcanzados, entre otros, en el sector energético. Aún cuando el Presidente Hu Jintao regresó a China a ponerse al frente de la tragedia humana que produjo el terremoto en la región del Tibet, su delegación firmaron los acuerdos correspondientes, incluso, también, en el sector energía. En ese orden, aquella política de la “Guerra Fría” que se aplicaba en América en el marco de la Doctrina Monroe quedaron en el “estiércol de la Historia” gracias a la voluntad de los pueblos latinoamericanos y sus Gobiernos progresistas. Pero, como dice Hugo Rafael Chávez Frías, “…el Imperio no descansa…” Nos explicamos.

Independientemente de los progresos necesarios en el sector energías no contaminantes, ecológicas, preservadoras del medio ambiente, las necesidades de energía proveniente del petróleo estarán presente por algunos bastantes años porque si ello no fuera así, el tema “petróleo/reservas/tecnologías/ costos/precios/inversiones” no tendría el efecto geopolítico que, diariamente, se expresan en los sectores financieros, reservas energéticas de los países de alta producción industrial, producción industrial, las variables anuales climáticas, por mencionar algunas variables. Si no se consideran las anteriores realidades, no tendría importancia las negociaciones permanentes que en Europa se realizan en los temas de suministros de gas y crudo a través de los conductos existentes y proyectados desde las zonas de Rusia, Caspio, y Asia Central. Además, desde el Asia Central se suministra crudo y gas a China con efectos en Japón, la península de Corea, seguramente, Taiwan. Esta realidad asiática incide en los mercados energéticos en la medida que el crecimiento interanual de China, India, los crecimientos sostenidos de los llamados “Tigres Asiáticos” afectan la “oferta/demanda” de crudo y gas en los mercados internacionales; por ejemplo, el simple seguimiento de los precios en los mercados de Singapur marcan ciertos precios de derivados en los mercados europeos en horas posteriores. En esos escenarios se reflejan las preocupaciones de Washington cuando, primeramente, conoce y reconoce las disminuciones de las reservas en la Región Americana, exceptuando Venezuela y los importantes descubrimientos fuera de costa de Brasil, probablemente, para cubrir sus propias necesidades energéticas.

En segunda instancia cuando tiene que aceptar la presencia de importantes competidores geopolíticos en la Región Americana, particularmente, con inversiones en los sectores energéticos en Venezuela provenientes de sus naturales competidores: China, Rusia y la India y la diversificación de inversionistas en la Faja del Orinoco con la importante presencia de países al sur del rio Bravo.

En próxima entrega trataremos de continuar explicando nuestra visión geopolítica de nuestra Región en el marco del Bicentenario de las Independencias de la Patria Grande.



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Miguel Ángel del Pozo


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