¿Quién concilia?

Estamos en guerra, el enemigo despliega una campaña que se basa en explotar nuestras debilidades, en ellas se apoyan para desplegar sus fuerzas. Veamos.

El campo bolivariano vive una profunda crisis, entendiendo por crisis el período que precede a los cambios, estamos en una encrucijada definitoria. En esta etapa la conducción de la Revolución es disputada por dos proyectos principales:

Uno, el proyecto de la pequeña burguesía, que se debate en la angustia de querer superar al capitalismo, pero simultáneamente el terror a los cambios que conducen al Socialismo. Sabe que el capitalismo no resuelve los problemas sociales, pero no puede dar el salto hacia el único sistema social que es capaz de superarlo, el Socialismo.

Remedia esa angustia “inventando” sistemas intermedios que inexorablemente fracasan. Por eso, se aparecen con ese absurdo del híbrido de Socialismo con capitalismo, que sólo se le puede ocurrir a quien piense que la convivencia con formas capitalistas, que son genéticamente enemigas del Socialismo, no va a tener consecuencias en la conciencia de la sociedad.

Se tranquilizan reconociendo la necesidad del Socialismo, pero buscando excusas para remitirlo a un futuro muy lejano que llegará por obra y gracia, y que para su arribo no tenemos nada que hacer.
En el fondo se conforman con un buen gobierno, que sólo haga cambios de cantidad, por ejemplo asfaltamos más, tenemos más de esto y menos de aquello, pero nunca en la estructura social.

Este proyecto no nos conduce al Socialismo. Por lo tanto, es incapaz de resolver los problemas sociales, a lo sumo los atenúa por un tiempo corto para que después aparezcan recrudecidos.

En lo político este proyecto es ideológicamente medroso. Y lo que es más importante, en los conflictos con la oligarquía y con el imperio tiende a la conciliación, porque le tiene horror a avanzar hacia el Socialismo. Por eso concilian, en el fondo tienen los mismos intereses: truncar el camino hacia el Socialismo. Sólo difieren en las maneras, modos y ubicaciones de truncar el Socialismo.

El segundo proyecto, el del Socialismo Auténtico, es transitoriamente más débil en la disputa, pero estratégicamente más fuerte, ya que es el único que tiene respuesta a los grandes problemas sociales. Propone impulsar el Socialismo construyendo ya, de una vez, conciencia del deber social, de pertenencia a la sociedad, del amor, y soportando esa conciencia en la propiedad social de los medios de producción administrada por el Estado.

Sólo una sociedad integrada en una relación amorosa es capaz de resolver todos sus problemas, de aceptar sus limitaciones, de liberar todas sus potencialidades. Y solamente en una sociedad integrada con una relación amorosa, puede el individuo realizarse como ser humano. Porque es en esa sociedad que el hombre deja de ser una mercancía y se transforma en un ser humano.

Este proyecto no tiene ambigüedades en lo político, porque sabe lo que quiere, es auténtico.


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Antonio Aponte

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