La revolución no la hacen los mediocres.

Los mediocres al poder: algunos rasgos distintivos en Venezuela

"La mediocracia no es solo un desarme intelectual, también constituye una herramienta para desmantelar la soberanía de los Estados a favor de las corporaciones multinacionales"

Alain Deneault1.

En los últimos años los venezolanos nos hemos acostumbrado a la mediocridad. El término mediocre no es ofensivo y tampoco expresa ser inútil o incapaz, aunque muchos los son, más se acerca a las personas con insuficiencia crítica para completar una tarea, o hacen las cosas dentro de la norma a medias. "Ser mediocre significa estar en el promedio, querer ajustarse a un estándar social, en resumen, es conformidad" (Deneault, 2019).

En cadena nacional de radio y TV el presidente Nicolás Maduro https://youtu.be/O4ArhHAJ31s, reclamó a los Ministros Trompiz, Alvarado e Isturis (QEPD), tener una conducta "minimalista", término que utilizó para referirse a la aptitud de hacer lo mínimo en las responsabilidades de su gestión. Cuando en realidad "minimalista", según el diccionario de la RAE, está asociado a una corriente artística que utiliza elementos mínimos y básicos en sus diseños. Al ver nuevamente el video, el Presidente lo que les quiso decir es que son unos mediocres. Cuestión que no es malo per se, pues todos somos mediocres en algo.

El problema de la mediocridad en el ejercicio de gobernar, es cuando se convierte, como en Venezuela, en un rasgo distintivo de las acciones de los gobernantes y se institucionaliza afectando a toda la sociedad. La mediocridad es acomodaticia. "Hoy en día nos encontramos en un sistema socio-político que ha obligado a los ciudadanos a ser resueltamente promedios, ni totalmente incompetente hasta el punto de no poder funcionar, ni competente, hasta el punto de tener una fuerte conciencia crítica", afirma Deneault. Aquellos que se distinguen con cierta visión de altura, ideas innovadoras, principios incólumes o cultura sólida, que hacen críticas y propuestas serias fundamentadas, que tienen la capacidad de cambiar las cosas para el bien social, son renegados y quedan al margen de la gestión pública, al punto de ser tildados de charlatanes, o de izquierda trasnochada, conspiradores, o son expuestos al escarnio público como agentes de la Central de Inteligencia Americana (CIA), utilizando la maquinaria mediática, propagandística y político partidista que los mediocres tienen en su poder. Incluso, algunos son víctimas del ostracismo político. Todo esto son rasgos distintivos de la Mediocracia.

De igual manera pasa con la "lealtad". ¿Cuántas veces hemos escuchado en estamentos políticos-militares y gubernamentales la consigna: ¡leales siempre traidores nunca!? Otra característica de la mediocracia. Si asumimos lealtad en términos personales, estaríamos hablando de la devoción, fidelidad, gratitud, de un individuo a otro, y que pudiera llegar a tenerse actitud de sumisión. Traducido a la mediocridad, es cuando los mediocres se reconocen entre ellos y se apoyan incondicionalmente. Al respecto Deneault (2019) señala: "juntos se organizaran -los mediocres- para rascarse la espalda, y se aseguraran de devolverse los favores e irán cimentando el poder de un clan que seguirá creciendo". Los mediocres se sienten cómodos ocultando sus defectos, simulando que todo está normal, son pragmáticos y siempre están dispuestos a mejorar, no transformar. Los mediocres siempre están atentos de adular y saludar a las personas indicadas en el momento oportuno, son expertos en el uso de las "técnicas" de rellenar los formularios oficiales para el "cumplimiento" de la gestión pública, y en discursos demagógicos que simulan rendición de cuentas, y como loros repiten el eslogan y consignas del día.

Si habláramos de la "lealtad" en el sentido del cumplimiento irrestrictos de órdenes indicadas por personas con "liderazgo", no acatarlas te convierte en traidor al proceso. No importando si esa instrucción o mandato es contraria a los valores o principios constitucionales del proyecto ideario sociopolítico originario que suscribiste. Lo importante es ser "leal", la "lealtad", ¿lealtad a quién? ¿A las ideas, a los individuos o a los "liderazgos"? La lealtad vista de esta manera ha suplantado a la crítica. Si eres crítico, incluso te señalan de irrespetuoso. Se judicializa la crítica, se penaliza, se persigue quien hace crítica. Algunos idólatras de los "liderazgos" suelen decir: ¡yo acepto la crítica! pero en el fondo no conocen su significado, o sabiéndolo la desestiman, desprecian, satanizan, y ridiculizan. La crítica es incómoda para los mediocres, porque la crítica libera, te desinhibe socialmente y políticamente, con la crítica se abren otras posibilidades, se buscan alternativas, es contraria a los dogmas, adversa a la verdad absoluta, devela, construye, con la crítica se avanza, y es totalmente diferente a la mediocridad. Cuando los mediocres detentan el poder, ellos imponen sus ideas, sus normas, reglas y políticas, allí está manifiesta la mediocracia.

La mediocridad señala como bueno lo regular, es reformista, claudica a los principios, busca en las externalidades las justificaciones para no transformar lo existente, la mediocridad renuncia al proyecto nacionalista. La mediocridad es entreguista, busca equilibrar los extremos en el centro para encubrir el fracaso de su gestión, es arrogante, pragmática, resuelve el ahora, no planifica, es inmediatista, efectista, la mediocridad es expresión de aceptación y resignación de algo percibido como bueno, cuando no lo es. ¿Qué de bueno tienen las cajas y/o bolsas Clap? ¿Qué de bueno tienen los bonos del "carnet de la patria"? Ah! pero si críticas eso, estás en contra de la mediocracia. Fuera del sistema imperante. "La mediocracia establece un orden en el que la media deja de ser una síntesis abstracta que nos permite entender el estado de las cosas, y pasa hacer el estándar impuesto que estamos obligados a acatar. Y si reclamamos nuestra libertad, solo servirá para demostrar lo eficiente del sistema" (Deneault, 2019).

En buena medida la mediocracia es producto de la despolitización, cuando las sociedades se despolitizan emergen los mediocres y se fortalece la mediocridad y la mediocracia. En Venezuela eso viene ocurriendo desde hace tiempo. Por unos momentos, en tiempos de Chávez, creímos poder sobreponernos a la mediocridad, sin darnos cuenta que el fenómeno se encontraba en nuestra estructura genética política, cultural, y social, y por ser global, íntimamente relacionado con el capitalismo. Hoy vemos como un virus institucionalizarse nuevamente la mediocridad en Venezuela. Despolitización y mediocridad van de la mano, mientras mayor es la despolitización aumenta la mediocridad. Lo podemos ver en nuestros actuales dirigentes y sus colaboradores en todos los niveles, con algunas excepciones.

Señala Deneault (2019). "Si la meritocracia es el gobierno de los mejores, la mediocracia sería el gobierno de los mediocres. El gobierno y su timorata gestión pública lo demuestran. No hay planes concretos, proyectos inconclusos, todo a medias, no hay información veraz, solo medias mentiras y medias verdades, estadísticas económicas y sociales desactualizadas, no hay ciencia aplicada en las políticas públicas, improvisación y empirismo (pragmatismo). Alerta Deneault, "los mediocres han tomado el poder". La razón principal es que el sistema no favorece que sobresalgan los mejores ni los más brillantes, sino aquellos que no molestan demasiado al statu quo". O a quienes "gobiernan".

Los mediocres no nacen se hacen. Si hacemos un balance del sistema educativo venezolano de los últimos diez años, especialmente el universitario, donde se forman los mediocres que pretenden "gobernar". Su limitada o nula capacidad para educar en el pensamiento crítico, les da ventajas a los mediocratas para posicionarse en el poder y la mediocracia a consolidarse como sistema de gobierno. La educación universitaria es fuente primaria de la mediocridad. Luchas internas entre gremios y trabajadores universitarios, abusos académicos que sufren los estudiantes y jóvenes investigadores limitando su creatividad, imposición de normativas universitarias por autoridades rectorales o del gobierno nacional, creación de estructuras jerárquicas que anulan la autonomía sindical; profesores convertidos en "expertos académicos", para formar a los mediocres y estar al servicio sumiso del poder político.

"2 Laurence J. Peter y Raymon Hull fueron pioneros en investigar cómo ha sido la mediocridad en todo un sistema, con la tesis del principio de Peter". Señalando que los procesos sistémicos favorecen que aquellos con niveles medios de competencia asciendan a posiciones de poder, apartando de su camino tanto a los supercompetentes como a los totalmente incompetentes. Por ejemplo, se penaliza aquellos profesores que no sean capaz de seguir un horario, o no sepa nada sobre su asignatura, pero de igual manera se rechaza al profesor que aplique cambios importantes a los protocolos de enseñanzas para mejorar el aprendizaje de sus estudiantes". La mediocridad tiene poder adaptativo a las condiciones institucionales que se lo exige.

"La mediocracia nos anima de todas las maneras posibles a amodorrarnos antes que a pensar, a ver como es inevitable lo que resulta inaceptable, y como necesario lo repugnante. La buena noticia es que la Mediocracia es la antesala a la Revolución" Alain Deneault.

"El Político común es un actor con liderazgo y experiencia, aunque con gran debilidad en su capital cognitivo" Carlos Matus.

1 Alain Deneault (2019), Mediocracia. Cuando los mediocres toman el poder. Turner Publicaciones SL, 2019Diego de León, 3028006 Madrid. www.turnerlibros.com

2 The Peter Principle. Laurence J. Peter y Raymond Hull. Morrow, NY, 1969.



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