Reflexiones ingenuas: Del sacudón "no hay peor cuña..."

Pareciera que muchos militantes y simpatizantes de la izquierda (o decepcionados y resentidos) no han entendido que es una revolución.

El modelo tradicional de una revolución se caracterizaba por la violencia en los cambios, los choques entre los bandos en pugna y las ejecuciones de los partidarios del estado en disolución. Ese fue el prototipo de la Revolución burguesa, pero también las Revoluciones Socialistas históricas tales como la Comuna de París, La Revolución Bolchevique, La Revolución China y la Revolución Cubana.

Pero la razón de tal violencia consiste en la resistencia armada de la clase que ostenta el poder ante los embates de la clase emergente o clase revolucionaria. De ahí que la Revolución Francesa ejecutó al Rey Luis XVI y sus seguidores más cercanos, así como los partidarios de la monarquía y del partido girondino. La Revolución Rusa destrono al Zar Nicolás II ejecutándolo junto con la corte zarista. La Revolución China ejecuta cientos de partidarios del régimen nacionalista. La Revolución Cubana juzgó y ejecuto a militares asesinos, torturadores, policías, corruptos en la primera fase de su desarrollo.

Igualmente la burguesía ha revertidos procesos revolucionarios, ejecutado y asesinado sus principales líderes y a partidarios del proceso, tales como a Rosa Luxemburgo, Karl Liebknecht, Carlos Arentz, Salvador Allende, Patrice Lumunba, Mohamed Nasser, a miles de revolucionarios y a líderes que se oponen a la política imperialista de los países dominantes, tales como Sadat Hussein, Mohamed Gadaffi y masacrado comunidades enteras.

Pero la violencia no es el meollo de las revoluciones. De lo que se trata es de la desaparición progresiva de las instituciones dominantes, en el caso del capitalismo, al estado burgués y todas sus manifestaciones. Consiste en la transformación progresiva de las relaciones de producción, de las fuerzas productivas y los medios técnicos de producción para construir una nueva estructura política, social, cultura, económica basada en las necesidades de las masas populares.

Por supuesto esto genera contradicciones, divergencias, enfrentamientos, tensiones, antagonismos, muchos de ellos expresados en la violencia política, ideológica, mediática, física y bélica.

Se necesita para ello la educación ideológica y política del pueblo para encarar los cambios que deben darse desde abajo, desde la base, a fin de empoderarlo, de darle el ejercicio del poder económico, político, social con los que se pueda construir una sociedad basada en la igualdad de oportunidades, inclusión, justicia social y plena felicidad social.

Pero se necesita también una vanguardia, que oriente, los propuestas, ejecute las acciones, motorice los cambios, proponga las transformaciones que emanen del pueblo, de las comunidades, que dirija las contradicciones en forma correcta y acertada.

Se necesita un proyecto revolucionario de país, basado en la reorganización efectiva del estado, de las instituciones, de las instancias de ejecución del gobierno, que permita la trasformación de los espacios sociales, geográficos, ecológicos, culturales, en forma equitativa, justa, sustentable.

Y se necesita un equipo gerencial confiable, efectivo, eficaz y eficiente, que ejecute las propuestas, realice los cambios, dirija el accionar, resuelva los problemas, encare las necesidades, responda a las solicitudes del pueblo.

Estas son las condiciones sine cua non para una revolución auténticamente social, económica, cultural.

Es decir, la revolución es un proceso integral, sistemático, progresivo, organizado, que permite el nacimiento de una nueva forma de economía, de organización social, de cultura política, de soberanía e identidad nacional.

El Comandante Eterno se atrevió a romper con la hegemonía adeco-copeyana que gobernó a Venezuela durante 4 décadas. Construyó un proyecto y un liderazgo con el cual arribó al poder vía electoral en el año 1998. No obstante gran parte de los integrantes del equipo que lo acompañó en esta primera etapa adolecían de los vicios de la IV República. Ineficiencia, incapacidad, traiciones, golpe de estado, corrupción. A pesar de todo se avanzó a pasos agigantados: Se hizo el referéndum y se aprobó la nueva constitución en la cual contenía cambios sustanciales en la estructura y filosofía del Estado. Se constituyeron nuevas leyes y formas de organización popular, se acrecentó el liderazgo del Comandante y se les dio participación a las comunidades en la gobernabilidad y toma de decisiones.

El golpe de Estado y la derrota a la propuesta de la reforma de la constitución evidenció dicha situación: ministros, miembros del gobierno, diputados que saltaron la talanquera, gobernadores, alcaldes, que apostaron a la pérdida del referéndum y no hicieron campaña. Funcionarios públicos en contra la reforma, etc. Es decir, la escoria escuálida quinta columna.

No obstante había y se mantuvo una comunicación directa pueblo-presidente: mientras que los equipos de gobierno (ministros, gobernadores, alcaldes, diputados y partido) no estaban en consonancia con las aspiraciones y sueños del presidente y las necesidades del pueblo, situación que se mantuvo hasta su desaparición física. Había un vacio de político y administrativo fatal para el progreso de la revolución y un fortalecimiento de los factores de la derecha.

Esto lo conllevó a un cambio permanente de ministros, llamados de atención a gobernadores, alcaldes, funcionarios públicos. No había correspondencia entre el Comandante y el gobierno. Una debilidad importantísima. Aunado a que confiaba ciegamente en personas de su entorno, que ocupaban cargos públicos y que no hacían el trabajo como era, pero los mantenía y rotaba en el gobierno, en cuyos nuevos cargos repetían su incapacidad, intereses personales, corruptela. Y muchos de los nuevos designados incurrían en lo mismo.

Cada uno se llevaba su equipo, cancelaban proyectos, destituían personal de demostrada capacidad, abrían nuevos proyectos e invertían nuevos recursos. Esto hizo que no se hicieran políticas de estado, ni continuidad administrativa.

El último proyecto del Comandante Eterno, El Plan de la Patria, constituye un Proyecto trascendente que permitiría hacer cambios estructurales en el funcionamiento del Estado.

Pero, el propio Presidente Chávez reconocía que el Estado Burgués estaba vivo y coleando, y que constituía una rémora para el proceso revolucionario, en consecuencia había que avanzar en su trasformación profunda, hacia la construcción socialista, tanto en el aspecto jurídico, administrativo, conceptual, organizacional y de funcionamiento.

El Presidente Obrero Nicolás Maduro, en su anunció sobre cambios o reestructura del Estado, llamado “sacudón” hizo anuncios de importancia trascendental. Anunció un proyecto de transformación del Estado que reorienta su funcionamiento, filosofía, funciones, estructura.

Este proyecto da un vuelco sustancial al aparato estatal. En primer lugar presenta una organización horizontal, en la cual, los entes tienen funciones compartidas, definidas por áreas con tareas muy específicas pero compartidas. El Estado es asumido como una estructura dirigida a motorizar cambios y a desmontar el carácter reproductor de la lógica del capital, en esta primera versión.

Considero que en relación a las propuestas anteriores, este Proyecto hay un avance, presenta una mayor coherencia, y fundamentalmente, garantiza la participación de los colectivos organizados. Y además contiene líneas de acción con filosofía, coherencia y direccionalidad, que son las cinco líneas revolucionarias.

Ahora bien, comentemos acerca de los cambios, enroques o ratificaciones de los ministros. Uno de los puntos débiles que ha tenido el proceso revolucionario bolivariano socialista lo constituye la parte humana, los actores que han asumido funciones de liderazgo, dirección, administración, ejecución de presupuestos definitivamente no han dado la talla, salvo excepciones. Se pierde la cuenta de Ministros, viceministros, directores de despacho, coordinadores, directivos de entes adscritos, empresas de producción social que han sido removidos, enjuiciados, encarcelados por ineptitud, corrupción, ineficacia, burocratismo, tanto en el Gobierno del Cte. Chávez, como durante el corto tiempo que tiene Maduro al frente de la Presidencia de Venezuela. Incluso inició su gestión gubernamental con una guerra contra la corrupción.

Además es importante tener la suficiente inteligencia, astucia, sagacidad y tino para desmontar las mafias anquilosadas en el aparato estatal, disolver los núcleos de corruptela y descubrir sus tentáculos. Esto lleva tiempo, inversión, pero sobre todo, mucha paciencia e inteligencia.

Por primera vez veo que la derecha ha apreciado el significado del “sacudón”, de manera más avanzadas y acertada que los “gurú” de la izquierda. La derecha dirige su crítica al avance de los procesos de control financiero y al papel vigilante del Estado. Igualmente a las decisiones macroeconómicas de vender a CITGO, control de la divisas, es decir, a las decisiones que tienen que ver con la economía, la seguridad alimentaria, y la seguridad social. Con relación al cambio o enroque o ratificación de los ministros lo que plantean es lo mismito que los “recontrasuperultraizquierdistas” que no tienen otra cosa en que opinar.

Particularmente tengo mis dudas con relación a los nombramientos, ratificación o enroque de los ministros. Pero hay que recordar que la decisión de ello no fue sólo de Maduro. En el proceso de evaluación, postulación y estudio participaron, no sólo el Equipo del Alto Gobierno, sino también Diputados, la Dirección del PSUVE y otros sectores que emitieron opinión y fue tomada en cuenta.

Creo que este equipo de gobierno recién designado constituye el primer gabinete que tiene como función iniciar el proceso de transformación. Creo que la nueva estructura del estado tiene un ente encargado de supervisar, evaluar y tomar decisiones en cuanto al desempeño, no solo de los ministros, sino de los funcionarios del estado en funciones de gobierno.

Mientras los empresarios, la burguesía política y social, los grupos de derecha, los Gobernadores y Alcaldes lumpen se devanan los sesos para ver como se salvan de la crecida del rio. Las aves agoreras de la izquierda radical, los “encarnarte de Lenin, Trotsky, Bakunin”, El “Che”, los pitonisos de la revolución, los “iluminados del conocimiento social”, los Robespier y Stalin venezolanos se ahogan en la orilla, llorando porque no decapitaron y fusilaron a los ministros.

Y lejos de hacer propuestas para avanzar en la construcción del socialismo, auguran el fracaso del gobierno, es decir, la derrota de la revolución.

Como dice el dicho “No hay peor cuña que la del mismo palo”

carrodcas@gmail.com



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Carlos M. Rodríguez C.

Estudió en la UCV. Docente jubilado

 carrodcas@gmail.com

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