O planificamos la economía, o ¡que viva el mercado!

La mayor incertidumbre que tenemos los militantes de la revolución bolivariana es hacia dónde vamos desde el punto de vista económico. Con toda honestidad no se ve claro el camino. Las medidas económicas del camarada Maduro se ven enfocadas a defenderse de la guerra económica, lo que significa que “como va viniendo, vamos viendo”. Por lo visto la oposición nos arrastra para dónde quiere en lo económico.

Nos sentamos con los “productores”, les damos el dinero que piden y siguen los problemas palpables como la inflación y la escasez. Al parecer la oposición encontró una forma “rentable” de tumbarnos. Nos joden y le pagamos para que nos sigan jodiendo –si no es así, es la impresión que da-. Si bien es cierto que la transformación de nuestra cultura rentista hacia una cultura económica socialista-productiva, no es un objetivo que se logra de un día para otro, pero el problema es que no se ve que iniciemos ese camino, no se anuncian planes concretos en ese sentido.

Los socialistas creemos que la economía debe ser planificada para evitar las evidentes injusticias que genera el libre mercado. La naturaleza del libre mercado es la ley de la selva (el pez grande se traga al pequeño) y todos los consumidores somos peces pequeños frente a comerciantes y productores.

La planificación de la economía constituye una diferencia sustancial con el capitalismo-liberal. Adam Smith, que fue el gran apologista de la economía liberal, decía: “si al hombre se lo deja en libertad, no sólo conseguirá su propio beneficio, sino también impulsará el bien común”. Agregaba: “En un sistema de laissez-faire (dejar hacer)", el aceite del interés personal mantiene funcionando milagrosamente los engranajes económicos. No es necesario un planificador…El mercado resuelve todos nuestros problemas.” Para él es inútil la intervención del Estado, el orden se establece por sí mismo, por el juego de la oferta y la demanda.

La realidad está cansada de hacernos ver que en ese juego libre de oferta y demanda somos los consumidores (que no somos ni productores, ni comerciantes) los que perdemos constantemente. De acuerdo con estimaciones que se plantean a partir de documentos como el " Informe sobre la Riqueza Global ", del banco Credit Suisse, o de las declaraciones de la directora general del Fondo Monetario Internacional (FMI) Christine Lagarde, cabe afirmar que menos del 10% de la población mundial, exactamente el 8,1% (373 millones de personas) posee el 82,4% de la riqueza total e, incluso, dentro de ese 8,1% de ricos un 0,5% de súper ricos (29 millones de personas) acumulan el 39,3% de la riqueza del mundo. A esto nos ha llevado el libre mercado, que más del 90% de la población mundial, subsista con poco más del 17% de las riquezas que todos producimos. He aquí la importancia de planificar y controlar la economía, en resguardo de las mayorías. Pero hay que hacerlo. No es suficiente quedarnos en enunciados estratégicos. La militancia debe saber, en el detalle, (en lo micro) cómo vamos a llegar a los objetivos estratégicos; entendiendo además que las circunstancias pueden hacer variar las tácticas, cuyos cambios deben también ser informados a las bases para su manejo.

La planificación no tiene por qué excluir al sector privado de la economía. De hecho, en la medida que vayamos transfiriendo al poder popular actividades económicas, estaremos privatizando, stricto sensu, esas áreas de la economía. Pero es hora de definir con detalles el camino económico a seguir.

Enunciar objetivos generales ya no estimula las esperanzas. Nosotros: el pueblo que respalda la Revolución, somos quienes todos los días debatimos con pesimistas y opositores sobres las bondades y el rumbo de la Revolución, necesitamos renovar nuestros argumentos, lo que supone la necesidad de un avance.

Avanzamos en lo social, pero nos llegó el momento de avanzar en lo económico, sino, corremos el riesgo que hasta lo social se nos vaya por la borda, no olvidemos que variables sociales como la pobreza, son como la yerba mala, si nos descuidamos volverá a crecer.

En pocas palabras, camaradas del gobierno, la revolución está patinando en un fango que la mantiene en un mismo sitio: sólo la palanca de la planificación económica socialista evitará que se hunda y permitirá el avance necesario.

Hasta la Victoria Siempre



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Juan Carlos Valdez


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