¿Quién dirige la Economía?

En la economía capitalista todo gira alrededor del interés del capital, éste es el principio y el fin de esa economía, su objetivo es la búsqueda del mayor lucro para el capital.

La economía capitalista es gobernada por la mano invisible del mercado, por una fuerza que no es controlada por nadie. No se puede planificar, es anárquica, el mercado funciona como un ser independiente de la voluntad de los hombres. Ya lo decían los clásicos: los burgueses, los empresarios, los gobernantes, son simples personificaciones del capital, son sus marionetas.

Los gobernantes, los empresarios, deben buscar la mayor suma de ganancia para el capital, aún por encima de la vida, de su propia existencia. Pero, ¿cómo el capital domina?, ¿cómo ejerce su control?, ¿a través de cuál cadena, cuál ardid posibilita su esclavitud? Veamos.

Habrá muchas formas de dominar a la sociedad, a sus personificaciones, a empresarios y gobernantes. Una de ellas, propia del rentismo, es instalando en la sociedad expectativas de consumo creciente, infinito. Estas expectativas tienen varios beneficios para el capital: el consumo mueve al mercado, y así, circulando, el capital se acumula, aumenta, si se detiene perece. Pero lo más importante para el capital es que el consumo irracional estimula el egoísmo, el sistema de valorización individual, que es el corazón del sistema capitalista, es consustancial a él, emana de todos sus poros. Su economía, sus relaciones sociales, su cultura, van unidas al egoísmo.

Ahora bien, si al egoísmo que nace en las entrañas del capitalismo, de su cultura, de su civilización, lo unimos al funcionamiento de la democracia burguesa, a las elecciones periódicas, que son la manifestación principal de la relación política capitalista, encontraremos un mecanismo de dominación formidable.

El grupo gobernante en el capitalismo debe ir a elecciones cada cierto número de años, mientras menos mejor. La votación de una masa manipulada por los valores capitalistas dependerá del nivel de satisfacción de la angustia de poseer, del consumo. Entonces la clave está en prometer, en dar más que el rival, de esa manera se triunfa en las elecciones burguesas.

Para esa satisfacción, los gobernantes deben tomar las medidas que beneficien al consumo inútil, al capital. No pueden permitir ni prometer baja en el consumo, se desajustaría el sistema, entraría en turbulencia (recordemos el precio de la gasolina). Deben favorecer a los traficantes de mercancías, de no hacerlo habrá escasez, elevación de los precios que obligaría a los gobernantes capitalistas a arrodillarse aún más en el altar de los empresarios.

Entonces, un pueblo consumista elije a gobernantes proveedores de mercancías, y este esquema favorece, hace necesario, legitima, a los capitalistas y a sus marionetas.

Ilusos los gobernantes que creen que dirigen la economía capitalista. En realidad, están condenados a beneficiar al capital, sus éxitos serán los éxitos del capital: aumento del PIB, dólares en la caja de los capitalistas, saldos positivos en sus contabilidades. Es decir, riqueza material para los empresarios y miseria para las grandes mayorías, agresión a la naturaleza. Están, necesariamente, condenados al fracaso, en el fondo ese es su papel, servir de culpables de las adversidades producidas por el capital, protegerlo, que la sociedad no perciba el verdadero problema.

En el Socialismo la situación es distinta. Dice el Che que en el Socialismo, por primera vez, la sociedad toma el control de su futuro, de su vida, de la economía. El hombre deja de ser un esclavo del capital y recupera su condición de ser social, la sociedad se integra en un solo cuerpo, supera la fragmentación egoísta impuesta por el capitalismo. El consumo se racionaliza, alcanza para todos, se conquista el buen vivir basado en una relación armónica entre los humanos y de estos con la naturaleza. Los gobernantes, ahora sí, pueden verdaderamente planificar, se eleva el nivel de predictibilidad.

En el capitalismo, los planificadores de la economía están destinados al fracaso, pero no es un fracaso de ellos, es el sistema el que está errado. Ahora bien, ¿cuál es el papel de los planificadores en la transición al Socialismo, en la Revolución?, ¿cómo se mediría su éxito? El triunfo sería no beneficiar a los capitalistas, sino cambiar las relaciones sociales de manera de ir construyendo una conciencia socialista que soporte el cambio de cultura consumista, la valorización en el tener, por la civilización del ser, del amor, de la conciencia del deber social. La planificación, la economía, deberían estar al servicio de este cambio, que en otras palabras es emprender con decisión el Rumbo al Socialismo. Esa debe ser la medida de todas las acciones, el índice de todos los índices.

¡Volvamos a Chávez, al Socialismo!

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Toby Valderrama y Antonio Aponte

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