Paradojas revolucionarias

Chávez nos enseñó que para ser un auténtico líder social no es necesario salir de las universidades, los liderazgos se gestan desde las escuelas, en los liceos, en el uso adecuado del tiempo libre para fortalecerse y desarrollarse hasta cuando se llega a la universidad o a la academia, en la universidad solo se adquiere conocimientos.

Con su muerte Chávez también nos enseñó que en una revolución el tiempo es oro para formar, alterando la cultura, un pueblo con personalidad revolucionaria y socialista. Necesitamos volver la cabeza a las bases del pueblo de allí surgieron Chávez, Maduro, Cilia y otros, ahí está la cuna del futuro socialista para Venezuela.

Chávez se encargó de que el pueblo no crezca descerebrado, lucho mucho todo el tiempo contra la ignorancia con amor, conocimiento, información y firmeza, así se condujo mientras gobernaba, entendió, que los malos tratos son aberrantes porque aplastan la autoestima e incluso ocasionan violencia. El amor fue su línea de liderazgo para su pueblo y colaboradores, se acercaba al pueblo para manifestarle su amor y explicarle en forma larga por que buscaba su apoyo.

El pueblo sabe que la obediencia no es un valor por sí mismo, lo demostró en las primeras elecciones de Maduro, el gobierno y el PSUV pensaron que el pueblo era demasiado obediente; el pueblo en esa elección ganada con las justas educo al tren ejecutivo y al partido; la más extraña de todas las paradojas revolucionarias es cuando el pueblo en la práctica enseña al gobierno para lograr un vínculo de respeto mutuo. El pueblo desea ser guiado pero insiste en que el gobierno se gane ese derecho.

Al pueblo hay que enseñarle a respetar nuevos códigos de conducta, los precios justos, lucha contra la corrupción, especulación, burocratismo, inflación (guerra económica) son códigos de conducta revolucionarios que la masa acepta con agrado porque siente que es seguir un camino de valores, camino que nos enseña a analizar lo negativo y lo positivo de cada acción para tomar decisiones con lógica, sentido común y ética.

La revolución es un techo bajo el cual crecemos y maduramos, los cambios deben ser prácticos marcando límites seguros. Si hablamos de cambios hay que ver a los ojos del pueblo. Los resultados electorales más recientes nos indican que el pueblo no es el problema sino la solución de los problemas para el desarrollo que no solo debe ser enfocado a un aspecto de lealtad sino al conocimiento ideológico para saltar a la transición con solidaridad, creatividad, perseverancia, soluciones a los problemas con una mayor participación de la masa en el poder.

Si consideramos que la revolución evoluciona debe hacerlo el conocimiento, la educación y la participación de las bases en los diferentes poderes para llegar con éxito a abolir la pobreza extrema. Pongamos en práctica nuevos métodos de enseñanza desde la educación en las escuelas, liceos como la hace Taiwán, China, Corea del Sur, Rusia, EEUU, Alemania, Japón, como busca hacerlo Ecuador, etc. Educación que ayuda con conocimiento a la solución de los problemas como el de la pobreza.

El ascenso del pueblo al poder significa una guerra de poderes. No se trata que cuando el pueblo necesita algo el gobierno se lo dé, el pueblo y el gobierno deben aprender a negociar; hemos visto a los ministros, alcaldes, gobernadores y dirigentes sociales balbucear palabras sin sentido práctico y una masa que se comporta a veces como si estuvieran inválidos y a las autoridades solicitando auxilio con verdadero pavor teatral para terminar refugiándose detrás del ejecutivo por tonterías.

Estas actitudes son nefastas para una cultura revolucionaria, las exageraciones, frustraciones, ira, demagogia y berrinches son melodramas innatos de este proceso. No hay autodominio ni autonomía por parte de las autoridades les lleva a protagonizar escenas absurdas, explosivas, para terminar haciendo pucheros como niños malcriados.

¿Cómo terminar con estas ridículas escenas? Son parte de un círculo vicioso, el pueblo después de las asambleas, conversatorios, foros, siente que no son debidamente escuchados mientras las autoridades de mandos medios después de la condescendencia terminan en rabietas y Miraflores asume estas actitudes nocivas, se doblega cediendo ante el pueblo o los maltrata o culpa a las autoridades de mandos medios del fracaso revolucionario.

El pueblo debe saber que la guerra económica, precios justos, lucha contra la corrupción, burocratismo, especulación, acaparamiento, violencia, no fueron solo temas electorales, el pueblo ya no debe ignorar estos proyectos debe estar vigilante porque siempre hay muchos enemigos que quieren destruirnos.

El pueblo requiere conocer la ideología que va a defender, algo hemos aprendido estos años pero Cuba y China nos tienen confundidos, pocos entendemos que ya la economía no tiene ideología y este es un tema que debe analizarse con cuidado cuando hay problemas culturales, políticos y económicos en nuestra región dividida en dos: Alianza del Pacifico por un lado y el ALBA por otro lado.


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Raúl Crespo


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