Las improntas de José Félix Rivas

De la Universidad Real de Venezuela y del Seminario Santa Rosa de Lima saldrían aquellos precipitados e imberbes combatientes. Adolescentes, estudiantes, mozos y jóvenes empuñaron las armas para participar en aquella gran batalla. La escasez de soldados en línea resultaba preocupante, muy a pesar de la participación del batallón, La Guaira, al mando del coronel Ramón Ayala. José Félix Ribas comandaba a Caracas y tenía la gloriosa obligación de defenderla. Las sublevaciones seguían siendo peligrosas. Un azote de la cima podría tomar por asalto con 4 mil llaneros los valles de Aragua. Boves, muy a pesar de temer a uno de los jefes de Bolívar, el 3 de febrero de 1814, lo derrota. Se trataba de Juan Vicente Campo Elías. El Decreto de Guerra a Muerte apenas cumplía un año, en 1814, y luego de la derrota de Campo Elías en La Puerta, Simón Bolívar, ordenó fusilar a cuanto canarios y españoles estuviesen en las cárceles de Caracas y La Guaira, pero Ribas no cumple la orden...

Era el año catorce. Pocos meses antes Simón Bolívar había establecido la Segunda República, luego de su fulgurante Campaña Admirable el año anterior. Pero ahora los enemigos de la Independencia acechan a los patriotas. La guerra se intensifica. Y los pronósticos para este año no parecen halagadores. Una Legión Infernal se levanta en los llanos occidentales bajo el mando de José Tomás Boves, jefe español temible e implacable, y amenazan los hermosos valles de Aragua. Los jefes criollos hacen enormes esfuerzos para contener el peligro inminente. Pero la derrota republicana en el combate de La Puerta, el 3 de febrero, abre el camino para que las huestes de Boves avancen hasta La Victoria, donde tendrá lugar la memorable batalla, (Memorias, 2014. Juventud Rebelde, a 200 años de la Batalla de La Victoria)

El último de los once hijos de Marcos José Ribas y Béthencourt Rodríguez de Talavera y Llerena y Petronila Herrera de las Mariñas Mesones y Liendo, sería bautizado con el nombre de José Félix. Nacería en Caracas un 9 de septiembre, el mismo año en que Estados Unidos inicia su lucha por la independencia contra el imperio británico, transcurría el año 1775. Quizás sea esa la primera impronta de su vida como revolucionario e independentista. Nacido en el contexto social de la aristocracia colonial, y muy a pesar de asistir al seminario, entre teología y liturgia, las labores bucólicas le apasionan. Transitando los 21 años contrae nupcias con una tía de El Libertador, Simón Bolívar, con María Josefa Palacios. Seguramente, su segunda impronta relacionada con la lealtad que le viene por esa vía consanguínea. Dos años después, sería posible que adquiere su tercera impronta. A la edad de 24 años, presenció, el 8 de mayo de 1779, como el imperio español y sus lacayos arrastran a José María España amarrado a la cola de un caballo, lo ahorcan y Luego, (sus) verdugo(s) procede(n) a decapitar y descuartizar el cuerpo; su cabeza fue puesta en una jaula en la Puerta de Caracas, en La Guaira; cada parte será colocada en vigas y exhibida en la entrada de Macuto, en Quinta Calzón, en Chacón, hoyo de la Cumbre, lugares donde él se reunía con los conspiradores. Esto fue un hecho con el fin de escarmentar a la población. Antes de morir dijo estas palabras:

No tardará el día en que mis cenizas sean honradas, (España, 1779)

La tropa se constituyó con 800 estudiantes de colegios y seminarios. Sólo del Seminario, Santa Rosa de Lima, participaría 85 jóvenes estudiantes. Las madres pegaron el grito al cielo. Resultaba inconcebible que neófitos en materia de armas participaran en una batalla. La muerte parecía anunciada. Hijos entre 12 a 20 años, totalmente inexpertos para la conflagración, participan en una guerra sin cuartel. Una arenga se desplomó sobre el espíritu de aquella juventud. La fecha pasará a la historia como el 12 de febrero de 1814. Lugar la Victoria, estado Aragua. En este 2018, se han cumplido 204 años de aquel triunfo, cuyo pronóstico, seguramente, era reservado. La Batalla de la Victoria. Los comandantes patriotas serían, además de Ribas y Campo Elías, Luis María Rivas Dávila y Mariano Montilla. Entre tanto, el mando de los realistas lo habría asumido Francisco Tomás Morales, el segundo comandante, quien sustituye a Boves, que había sido herido gravemente en la Primera Batalla de la Puerta. Las fuerzas independentistas contaban con 1.500 soldados y jóvenes reclutas; mientras que las tropas realistas oscilaban entre 2.200 a 2.500 jinetes, 1.800 infantes con cañones.

La batalla comenzó antes de las 8 de la mañana y a las cinco de la tarde aún no se había decidido por ningún bando. Finalmente, cuando ya empieza a oscurecer y los patriotas están más comprometidos resistiendo los ataques de Morales, aparece Vicente Campo Elías con un valioso refuerzo de 220 soldados, lo cual fue suficiente para que, con el empuje de Mariano Montilla, Cedeño, los hermanos Padrón, Campo Elías y el propio Ribas, se obtuviera el espléndido triunfo de La Victoria, (s/a).

Una juventud se inmoló. 100 patriotas murieron y 300 serían quedaría heridos. Lo que parecía, a todas luces, un imposible se convertiría en la Derrota a los Tiranos en la Victoria. Una victoria en la Victoria. Un homenaje brindó El Libertador al hijo de José Félix Ribas. Le otorgó el título de Capitán vivo y efectivo de Infantería en Línea. Bolívar estaría en Valencia, empero en una emotiva y emocionada proclama, le confiere, al General Ribas, el título de El Vencedor de los Tiranos de La Victoria.

Participa en la Batalla de Urica, siendo derrotadas las fuerzas independentistas y republicanas, sin embargo, José Tomás Boves es eliminado. Persiguen las derrotas. Esta vez en un intento iracundo y abatido de resistencia contra Francisco Tomás Morales, en la Quinta Batalla de Maturín. La huida de Ribas resultaría infructuosa porque sería traicionado por un esclavo, mentado, Concepción González. Su captura se sucede en el Valle de la Pascua, un 31 de enero de 1815. Luego de ser tremendamente vejado, es fusilado, cuando apenas transitaba los 39 años de edad. La Plaza Mayor de Tucupido del estado Guárico será el escenario de semejante ignominia. De seguido, su cuerpo fue desmembrado. Su cabeza enviada a Caracas y la frieron en aceite y sería expuesta dentro de una mínima jaula en, la hoy Plaza Bolívar, ese escenario de violentas demostraciones públicas de poder dirigidas a asegurar una fidelidad sustentada en el terror, a manera de ejemplo para los otros revolucionarios.

Aquella arenga de Jose Félix Ribas, quedará como una impronta en la historia de Venezuela, colonial e independentista, que será para él, y para la humanidad doliente, indudablemente, la más significativa y la cual tiene que ser internalizada por la juventud revolucionaria del Siglo XXI. Ante el atrevimiento de una invasión por el imperialismo yanqui a la Patria Buena, no hay otra que reiterar, a viva voz, y con un inmenso compromiso revolucionario y socialista; bolivariano y chavista:

Soldados… Cinco veces mayor es el ejército que trae a combatirnos; pero aún me parece escaso para disputarnos la victoria. Defendéis del furor de los tiranos la vida de vuestros hijos, el honor de vuestras esposas, el suelo de la patria; mostrarles vuestra omnipotencia. En esta jornada que será memorable, ni aun podemos optar entre vencer o morir: ¡necesario es vencer! ¡Viva la República! (Ribas, 1814).

El 12 de febrero de 2018, se cumplieron 71 años en que la Asamblea Nacional Constituyente de 1947, decretara esa fecha para la celebración de cada aniversario de la Batalla de la Victoria como El Día de la Juventud, en honor, recordatorio y memoria histórica de aquella muchachada que de manera imposible convirtió en Victoria lo que a toda lógica sería, potencialmente, una contundente derrota. La plaza principal de la Victoria, llamada desde entonces, Plaza José Félix Ribas, se colocó un monumento, que sería esculpido por el artista y creador Eloy Palacios, inaugurado en el año 1895. Indicaciones y un fusil, así como jóvenes al mando de Ribas dejan en la memoria histórica de la Patria lo emblemático de un heredad cultural y política; un patrimonio artístico e histórico. Monumento que en el año 2018 alcanza a cumplir 123 años de existencia. Hace apenas 31 años, en el 1987 fue creada, sancionada y aprobada la Ley de Condecoración de la Orden José Félix Ribas. Tal honor se propone premiar a los jóvenes que participan y brindar una contribución perceptible, destacada y manifiesta a la patria en los ámbitos del arte, la ciencia, el deporte y la música, entre otras especialidades. De igual manera, en el año 2003, el Proceso Bolivariano crea la Misión Ribas como un contexto de aprendizaje de inclusión y de reconocimiento histórico al prócer. Sendos municipios llevan su nombre, tanto en Guárico como en Aragua. Finalmente, a propósito de cumplirse 228 de su natalicio, el 19 de septiembre de 2005, reposan, en el Panteón Nacional, los restos simbólicos del militar-prócer de la Independencia de Venezuela, General José Félix Ribas, El Vencedor de los Tiranos de la Victoria. Un pequeño cofre contiene y reúne los despojos culturales e históricamente simbólicos como el más alto homenaje al Hijo de la Patria Joven. Una impronta de memoria futura tiene nuestra existencia colectiva como pueblo.



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Efraín Valenzuela

Católico, comunista, bolivariano y chavista. Caraqueño de la parroquia 23 de Enero, donde desde pequeño anduvo metido en peos. Especializado en Legislación Cultural, Cultura Festiva, Municipio y Cultura y Religiosidad Popular.

 efrainvalentutor@gmail.com

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