Alquimia Política

Las primas por cargos en las universidades

"Dame un empleado del montón, pero con una meta y yo te daré un hombre que haga historia.

Dame un hombre excepcional que no tenga metas y yo te daré un empleado del montón…"

JAMES CASH PENNEY

Quizás con este artículo de la semana no gane muchas simpatías en el contexto del recurso humano de las Universidades venezolanas, por abordar, desde el sentido ético y de responsabilidad social, el tema de las primas (entiéndase una asignación de recursos económico extra del sueldo que se devenga como trabajador universitario) al ocupar cargos de autoridad en una institución de educación superior, es un asunto que hiere hasta las sensibilidades más fuertes. Siempre valoré esta condición como un acto de justicia ante el hecho de asumir competencias que exigen del funcionariado universitario (sea administrativo o docente), mayor compromiso con la norma y con la tarea de mantener los criterios de transparencia y prestigio de las Universidades en su misión de prestar un servicio educativo de calidad y excelencia.

Ahora bien, desde el 2013, que es cuando se marca el inicio de un proceso de involución crítico de la economía venezolana, lo que antes era un aporte de carácter de servicio a la Universidad y vocación de trabajo, más que interés por el poder al ser envestidos como autoridad de una institución de educación superior, hoy se ha convertido en una jauría de seres humanos, peleándose por ocupar cargos no para prestar un servicios a los estudiantes y comunidad Universitaria en general, sino para ser beneficiados de las "dichosas primas", punto y aparte de una Universidad que responde a las necesidades de su colectivo, para entrarnos en una Universidad donde campea las improvisación, la desmotivación y el abuso de poder.

¿Qué ganan Rectores o Decanos con promover un clima organizacional de confrontación, desunión y trabajo distante de una actitud coherente con el sentido humano y ético? ¿Quiénes son los beneficiarios de un funcionariado universitario cuidando su cuota de poder para sobrevivir en este contexto crítico en que vive la Venezuela contemporánea? ¿Podemos hacer mención de éxito de la política educativa universitaria ante un presídium de autoridades que defienden la bolsa de la prima por cargo, en vez de motivar la prestación de un servicio de gestoría de los asuntos propios de la academia, bajo las banderas de un voluntariado y no del beneficio personal de algún docente o administrativo? El asunto es de valores, de principios; de algo que se está perdiendo en todo el conglomerado de los campus universitarios, y es la "vocación" de servicio, de ser útil, de ayudar a elevar la conciencia y el trabajo en equipo; con sus excepciones, hoy prevalece en las Universidades un espíritu por mantenerse en los cargos perjudicando a quien tengan que perjudicar, y actuando de la manera como se le ocurran las cosas, pero por nada perder ese "extra" que le da un estatus no de "mejor vida", sino de supervivencia ante la vorágine inflacionaria que lo arrasa todo.

El hecho es que lo que antes era una actividad cotidiana de una Coordinación, o una Dirección o una Jefatura de Programas y/o Sub-Programas académicos, se ha transformado en un bien deseado por propios y extraños. Al punto de importar muy poco si se tiene el perfil académico o administrativo para ocupar los cargos, el hecho es "estar donde haya", es contar con el visto bueno de una autoridad mayor y a su vez tener la condición de flexionar hacia los intereses de esos sectores que han colocado en el cargo al candidato. Se paga la incondicionalidad, no el profesionalismo; se paga por crear condiciones de inercia y disfuncionalidad, no por enriquecer los procedimientos ni simplificar las rutas burocráticas que hoy palidecen el trámite de documentos en las Universidades.

En un aspecto concreto, lo que pudiera entenderse como algo rutinario en las organizaciones modernas, en las Universidades ha venido a sumar una situación de inestabilidad, de rechazo por parte de la comunidad Universitaria de a pie, ya que si fueran funcionarios con un espíritu de vocación mínimo, se pudiera entender que ese "extra" que reciben lo merecen, pero son funcionarios que mantienen una política de silencio con el colectivo, que obran de manera misteriosa y no ganan afectos sino sentimientos encontrados, vulgarizados por esa lucha descarnada que protagonizan a diaria cuidando sus hoy anhelados cargos.

¿Qué se cuestiona de esta situación? Se cuestiona la separación que ha habido entre el docente o administrativo que llega a estos cargos y su compromiso ético y de servicio social. Hemos cambiado un funcionariado universitario con vocación, por otro que bajo el calificativo de "salvaje" persigue mantener su cuota de poder por los beneficios que de esa cuota puede obtener y no por los aportes que puede llegar a dar. Podrán decir que quien escribe es un resentido porque no ocupa cargos en una Universidad, y como el que se explica mucho termina siendo el mentiroso (o falso), solamente les diré que no me he acercado nunca a los cargos en el ámbito Universitario persiguiendo una "prima o bonificación extra", cuando lo he hecho he priorizado, antes que nada, la calidad de servicio que pueda prestar. Si me preguntan si estoy de acuerdo con esos "extras", les diría de plano que no, como no estoy de acuerdo con "bonificaciones por buen desempeño en el trabajo". Uno trabaja porque necesita y se le paga según el compromiso adquirido para ese trabajo, ni un bolívar más ni un bolívar menos; todo cuanto viene extra bajo condiciones en la que expones tu salud, tu dignidad, tus principios humanos y ciudadanos, es pérdida, jamás será ganancia. Estoy en defensa de lo correcto, de lo ético, de lo profundamente humano y me mantengo en contradicción con las banderas de éxito de se dan en razón de obtenerlo todo de manera fácil y solamente como prerrogativa de intereses saldados a tal o cual postor.

A todas estas, entrar en el "yo" ético de los trabajadores universitarios es un tanto difícil en este momento de tanta incertidumbre y caos, pero si vale exigirle a este funcionariado universitario que intente obrar bajo consignas de servicio y vocación mientras estén en los cargos; que no busquen mantenerse en ellos valiéndose de estrategias maquiavélicas, que sean rectos con su proceder y que coadyuven a sacar de esa fosa en la cual se está anidando la idea de que hemos perdida la brújula de esa Universidad presta a servir a la gente y no pensar que la gente debe estar al servicio de las Universidades.

Hoy día, los que no sabemos hacer otra cosa que formar profesionalmente a nuestros semejantes (los docentes universitarios), contamos con un salario muy paupérrimo en la realidad económica venezolana; nos alcanza para sobrevivir a medias. La actualización de conocimiento ha quedado relegada al internet, a la información superficial que nos enteramos a través de la red; la adquisición de libros, revistas, documentos en formato físico, es un lujo; los costos son muy altos. Pero a pesar de esa "pela" que nos llegó producto de nuestros desaciertos y nuestras incredulidades, aún hay esperanzas. Se sigue investigando, se sigue estudiando, hay docentes que no pierden su orientación y están haciendo de las situaciones difíciles, oportunidades para construir nuevos barcos de papel y seguir soñando.

En días pasado me escribieron autoridades de una reconocida Universidad europea, me ofrecieron un paquete social-económico muy interesante, muy llamativo. Pero pensé: Si también me voy del país: ¿cómo ayudo a que esta realidad tenga en algún momento su salida y por consecuencia la oportunidad de volver a resplandecer en este horizonte de cielo, esa Universidad que merecemos? Pensé hacia los adentros y, hasta este momento, sigo apostando a la esperanza en mi tierra, con mi gente y con mis anhelos. Podré arrepentirme de no haber hecho lo suficiente para ser rico, pero nunca me arrepentiré de mi gentilicio, de mi sangre, de mi estirpe, de estas cicatrices que en estos tiempos se me han ido marcando ante la crudeza que impone el exacerbado amor al poder y el desprecio a las necesidades del pueblo.



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Ramón Eduardo Azócar Añez

Doctor en Ciencias de la Educación/Politólogo/ Planificador. Docente Universitario, Conferencista y Asesor en Políticas Públicas y Planificación (Consejo Legislativo del Estado Portuguesa, Alcaldías de Guanare, Ospino y San Genaro de Boconoito).

 azocarramon1968@gmail.com

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