Un modelo de crecimiento desigual

Luego de las maxidevaluaciones ocurridas a partir, principalmente, de 2016 y del impacto criminal de las medidas coercitivas unilaterales e ilegales promovidas desde el extranjero y que se acentuaron en la misma fecha, el modelo de crecimiento económico prevaleciente en Venezuela se ha hecho crecientemente desigual y amenaza con hacer permanentes altos niveles de desigualdad social. Precisamente contra esta tendencia, es muy necesario que los factores políticos convengan en un conjunto de reformas orientadas a revertir tal tendencia. La prevalencia de altos índices de desigualdad social contradice el carácter democrático y las preferencias igualitarias que son históricas entre los venezolanos.

Las características de este modelo de crecimiento desigual, en términos generales, pretenden forzar muy bajos niveles salariales y de ingreso entre las masas trabajadoras, acompañados por un bajo nivel de gasto estatal y tamaño del aparato público, que genera crisis de los servicios públicos y asistenciales, y de la seguridad social de los venezolanos. El modelo de crecimiento desigual extrae crecientemente de los bolsillos de los trabajadores ingresos para mantener su funcionamiento, impulsando las condiciones de vida de los trabajadores por debajo incluso de los niveles que permiten su sobrevivencia en condiciones normales, forzándoles a aceptar niveles de vida precarios.

Para hacer frente a tales tendencias, hemos defendido la necesidad de adoptar una política firme de recuperación de los salarios. No es a través de la precarización de los salarios y el empleo como se reactivará la economía venezolana, sino a través de una significativa recuperación de la inversión pública y privada. Y, para ello, es necesario que se recupere el consumo de los hogares (el cual ha caído por debajo de los niveles que permiten reponer las condiciones de subsistencia de las familias trabajadoras). En las actuales condiciones, los bajos salarios de los trabajadores están subsidiando los niveles de inversión del sector privado (pagar muy bajos salarios, abarata de hecho las adquisiciones de capitales de los empresarios). Pero, los niveles tan bajos de los salarios mantienen, a su vez, muy bajos los niveles de demanda y consumo de la sociedad, lo que no asegura la adquisición de los productos, por lo que la inversión privada se mantiene estancada. Y la oferta o producción que se reactiva es, precisamente, la que se destina a los sectores sociales con ingresos elevados (hemos llamado a esta, "economía de bodegones"), quiénes obviamente constituyen sólo una pequeña porción de la población. Por lo que tampoco, producir para este sector permite un notable crecimiento de la economía nacional.

Las opciones que se abren a la economía venezolana, en tal situación, tienen que ver con el crecimiento del sector productor para el mercado externo. En Venezuela, sobre todo a corto plazo, no hay condiciones -salvo muy pocas excepciones- para el crecimiento de un sector manufacturero orientado a las exportaciones. Las ventajas competitivas de Venezuela se encuentran -a corto plazo- sobre todo en el sector primario o de los recursos naturales, basado en la abundancia de ellos en nuestro territorio. Y en la explotación de algunas ventajas de localización y dada la especialización de la fuerza laboral venezolana en el sector de servicios, principalmente, en sectores como el turismo y otros. Es necesario, sin embargo, atraer dinero fresco para invertir en este sector; así como en el resto de la economía venezolana.

¿Y cómo podremos hacer esto? Debemos poner fin de hecho a las sanciones criminales. Éste es el primer acuerdo que debemos exigir a la clase política. Las sanciones criminales deben cesar ya. Y todo político venezolano debería acordar en ello, a riesgo de dar a entender que ni siquiera es capaz de sensibilizarse ante la situación de las mayorías trabajadoras y pobres en Venezuela.

Empresarios y particulares venezolanos poseen una gran cantidad de dólares en el extranjero, la repatriación de sólo una parte de ellos sería un buen comienzo para la reactivación de la economía venezolana.

Por otra parte, el Estado venezolano es dueño de una gran cantidad de recursos e infraestructuras que pueden servir para atraer también inversiones. El proceso a través del cual se pongan a disposición de los privados estos recursos estales -que de hecho son de todos los venezolanos-, pero que en las actuales circunstancias no pueden ser explotados por el Estado debe hacerse en condiciones de transparencia, garantizando su auditabilidad y la obtención del mayor precio posible dadas las condiciones del bien y las posibilidades de obtener beneficios de su explotación por parte de privados.

Un aspecto pendiente, para la recuperación económica de Venezuela, es el manejo de la deuda externa. Ésta ha adquirido una dimensión que implica un gran peso sobre las posibilidades de crecimiento económico de Venezuela y limita las posibilidades de futuro de los venezolanos. Por ello, hemos considerado conveniente una revisión exhaustiva de la misma y la negociación de mejores condiciones para su pago y servicio.

La banca nacional debe inyectar fondos adicionales y recapitalizarse para poder reanudar los créditos en la cantidad que permita reactivar la economía.

Un aspecto imprescindible, para lo que es necesario igualmente un acuerdo entre la clase política, es la implementación de una reforma fiscal y tributaria de carácter progresivo, que ponga el régimen fiscal venezolano en el mismo nivel que los sistemas más avanzados de Nuestra América, nótese por favor que no hablo del resto del mundo, por no considerar que esta última opción preferente sea viable actualmente para Venezuela.

Y esta es, en términos gruesos, mi humilde propuesta para recuperar Venezuela y hacer frente a las tendencias concentradoras y generadoras de desigualdad.



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Rodolfo Magallanes

Profesor del Instituto de Estudios Políticos de la UCV

 magallanucv@gmail.com

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