Perro arrepentido

—Usted se acuerda, compita, cuando el Chavo del Ocho repetía aquella recitación de

"Vuelve el perro arrepentido

Con sus miradas tan tiernas

Con el hocico partido

Y con el rabo entre las piernas"

—Sí, que me acuerdo.

Veinte veces había que repetirla.

"Y no te doy", le decía Don Ramón.

—Así está el chofer.

Por enésima vez, ha vuelto con la cantaleta del crecimiento económico.

Ya volvió a repetir otra vez que "estamos a las puertas del crecimiento económico".

—La puntica nada más, es lo que nos falta para nadar en el mar de la prosperidad.

—Lo demás usted sabe.

—Ahora lo volvió a decir en una entrevista con uno a quien le deben haber pagado para que se la hiciera.

—En la entrevista soltó "que nosotros tenemos un proyecto de verdad, un proyecto de país, que ese proyecto tiene la legitimidad y el apoyo del pueblo verdadero"

—Antes de ese proyecto tenían el legado, ahora tienen un proyecto de verdad.

El anterior debe haber sido de mentira o falso, supongo yo.

Que tienen un proyecto de país, eso es verdad. Acabar con el mismo, ese es el proyecto.

Además, fíjese que dice hay un pueblo verdadero, debe ser que hay otro que pueblo falso.

No le dijo.

Es que se inventan una, por eso es que los llaman mentira fresca.

—El pueblo verdadero los apoya y el falso no. El apoyo debe ser precario por decir lo menos.

Porque a ese hombre no se le ha vuelto a ver la cara en la calle, en Conejo Blanco se la pasa encerrado.

—Fíjese que dice que "se ha construido un modelo social nuevo".

—Quién se lo puede negar.

¿Usted se lo va a negar? Dígame.

Claro que lo han construido, ese el modelo social del hambre, de la miseria y del lambucionismo.

El nuevo modelo social de los ricachos socialistas.

—Y sigue el tipo con el mismo discurso del comandante esto y el comandante aquello.

—Eso es porque no tienen nada nuevo que decir.

Y siguen con el mismo discursito simplón y sensiblero.

Buscando el apego al difunto, pero que va el muerto al hoyo y el vivo al brollo, esa es la realidad.

—Que el imperio les robó no sé cuántos dólares.

No sale de echarles la culpa a los demás.

—A lo mejor también el imperio se llevó lo de la avioneta.

—Y el hombre dice que han estado "expandiendo inclusive la matrícula escolar".

—Si en las escuelas, colegios y universidades no se ve a nadie.

Eso es un peladero.

Quién va ir a oír clases con el estomago pegao al espinazo.

A hombrecito muelero.

—Y qué le parece esta "el sistema de salud público, gratuito, y mantenido un nivel de calidad que debemos elevar"

—Si no hay ni algodón.

Lo que quedan son unos catres viejos en esos hospitales.

Y los niños mueren por racimos, a los viejos ni los cuentan.

—No le quiero aguar la fiesta.

Pero el chofer asegura que "en Venezuela se avecina un gran cambio, un gran cambio, una gran fuerza de cambio".

—Cómo le dijo que no.

Si aquí ha cambiado todo.

De ser prósperos hemos cambiado a miserables. A dar lastima.

Todo ha cambiado para mal.

Uno ve a la gente y ni los reconoce de viejos y torcidos que andan.

Misión Carapacho lo llaman.

—Y esta perla "Ahí vamos jugando, trabajando, vamos haciendo el juego de la estabilidad económica, del crecimiento económico, y ya estamos en las puertas del crecimiento económico".

—Jugandito, decía el perro.

El mismo cuentico de siempre.

Ni el Chavo con su recitación del perro arrepentido, pues.

Seis años y vamos para siete, por desgracia, con esa misma cantaleta.

¡Sácamelo! Gritaban antes.

Y le dijo: Por ahora, apriete.



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Obed Delfín


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