Reflexiones

Reglas claras para producir más alimentos

Muchas veces nos preguntamos y nos preguntan cómo salir de este atolladero en el cual nos encontramos. Son muchas las aristas de este problema político y socio-económico en el cual estamos inmersos. En este artículo sólo nos referiremos a una de las tantas cosas que hay que hacer para derrotar la calamidad económica que estamos viviendo. Y otra vez le hemos oído decir a los entendidos en la materia que para salir de la hiperinflación hay que corregir las variables macroeconómicas, y se refieren a una coherente política monetaria, cambiaria y fiscal. En esta área que no es el objeto de este artículo se han anunciado varias medidas, pero a juzgar por los resultados, las mismas no han sido las correctas o su implementación ha sido inadecuada. Así que una propuesta que corrija las variables macroeconómicas sigue pendiente. Los conocedores de esta área tienen la palabra.

Aunque entendemos que todas las medidas tendentes a meter en cintura la hiperinflación de alguna manera están relacionadas o son interdependientes, aquí nos referiremos sólo a la necesidad de producir más. Luce absolutamente necesario producir más petróleo porque es nuestra principal fuente de ingreso, y además porque somos altamente dependientes de la importación. Sin embargo, todos sabemos que la producción ha disminuido durante los últimos 6 años, de aproximadamente 3.500.000 barriles diarios en 2013 a menos de 1.000.000 de barriles diarios a inicio de 2019. También debe recordarse que a partir de 2014 comenzó la disminución de los precios del petróleo hasta llegar a las cifras más bajas en el 2016. Aunque posteriormente los precios del petróleo venezolano se recuperaron, actualmente el precio por barril ronda los 55 dólares; todavía muy por debajo de los 100 dólares y más (promedio) por barril obtenidos hasta el 2013. Lo anterior indica que el país dispone de menos dólares para importar por lo que lo juicioso es producir internamente todo lo que se pueda, y reservar los dólares para no se produzca o no sea ventajoso producir en el país.

En orden de prioridades y pensando en la soberanía, un país debe producir la mayor parte de sus alimentos o es prisionero de quienes lo alimentan. Desafortunadamente, las estadísticas no oficiales indican que la producción ha disminuido drásticamente en rubros de consumo masivo como el maiz (blanco y amarillo) arroz, caña de azúcar, café, carne y leche. Tenemos todas las condiciones climáticas y edafológicas, más el recurso humano para cubrir el consumo interno de los precitados alimentos, sin embargo, en el caso del maíz blanco y de la caña de azúcar en el 2018 a duras penas llegamos al 25%. En arroz no alcanzamos el 40% y en carne y leche vamos mermando como el queso fresco. Alguien pudiera decir: ese diagnóstico ya lo conocemos, lo que importa es saber qué se está haciendo para salir de esta situación. Pues fíjense que lo primero que deberíamos hacer es sincerar las cifras de producción, porque aunque parezca mentira en nuestro querido país no se manejan estadísticas confiables, porque el Ministerio de la producción de alimentos hace varios años eliminó el Departamento responsable de manejar los numeritos. Sería interesante por qué y para qué.

Los productores exigen, entre otras cosas, reglas de juego claras, créditos e insumos aprobados y entregados a tiempo para poder planificar y ejecutar en el momento adecuado las labores como la preparación de tierra, que debe iniciarse con las primeras lluvias, que por lo menos en Portuguesa comenzaron en el mes de abril. El fertilizante fórmula completa (NPK) se debe aplicar con la siembra y la úrea unos 15 o 20 días después de la emergencia. Cuando se trabaja con seres vivos hay que respetar los ciclos, las labores no se pueden hacer cuando se pueda. Por ejemplo al arroz si no se le aplica el herbicida aproximadamente a los 10 0 15 días después de emerger las plántulas, las malezas lo arropan y disminuye la cantidad de kilos cosechados. En la agricultura no se vale piratería ni improvisaciones…y en eso somos expertos. Para muestra un botón: el plan multimillonario de siembra 2019 se anunció al país el 12 de junio, cuando ya los suelos de Barinas, Portuguesa y Cojedes estaban más que enchumbados.

Para que lo sepan, entre los productores, sobre todo entre los pequeños y medianos, se oye un solo lamento: ¿Con qué vamos a sembrar si el año pasado nos quebraron pagándonos el kilo de maíz a Bs. 16, pero en 2 meses se lo revalorizaron a los compradores a Bs.515,20/kg? No olviden que "Indio con palo no vuelve… ni por la marusa". Otro lamento que recorre la sabana es el hecho que unos financistas de la agricultura, algunos de ellos de reciente incorporación en el agro-negocio, andan financiando productores, pero una de las condiciones del contrato es que tienen que pagar los insumos (Que sospechamos son de Agropatria) con 3000 (3 toneladas) de maíz de la cosecha. Eso es un contrato usurero (leonino es muy elegante) porque el promedio de producción de maiz por hectárea es de unos 3.500 kg y si quieren lo llevamos a 4000. Para que ese trato le permita a los pequeños y medianos productores tener alguna ganancia, tienen que producir unos 6000 kilos por hectárea. Es verdad que hay productores élite que cosechan 5000 y hasta más kilos por hectárea, pero eso son los menos. Si todos los años repiten los mismos errores e introducen nuevas reglas nefastas para los productores ¿Esperan obtener resultados diferentes?



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Antonia Muñóz


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