EL IV congreso del Psuv y una economía de nuevo tipo

Una de las mesas de trabajo del IV Congreso del PSUV trata el tema económico, de la cual seguramente surgirán propuestas sobre el nuevo modelo socialista de gestión y producción para las empresas, tanto privadas como del Estado; por su puesto, anteponiéndolas al modelo capitalista aun imperando en Venezuela. Veamos tal argumentación:

En general, las empresas bajo la cultura de producción capitalista, son sistemas autoritarios jerárquicos, democratizados muy parcialmente en su base por sindicatos de trabajadores u obreros; donde la "calidad" de la producción en todas sus fases, se fundamenta en la obediencia, sin necesidad de apelar a la iniciativa y responsabilidad de gestión que puedan asumir los trabajadores u obreros en cualquiera de esas fases.

Más aún, con el neoliberalismo, la democracia sobre la gestión productiva sufre un proceso de regresión, si consideramos que en algunas empresas capitalistas, los líderes sindicales que integran las directivas, la mayoría de las veces lo hacen sin derecho al voto. Neoliberalismo que margina aún más al trabajador y al obrero de la toma de decisiones, bajo pretexto que son muy complicadas y sólo deben ser tomadas por expertos tecnócratas; propiciando además el atrofiamiento de las capacidades de los trabajadores y obreros, y a degradar su condición humana hasta considerarlos simples recursos para la producción, ensimismados en la ignorancia y la ceguera.

De esta manera los capitalistas, en cualquier lugar del planeta, despolitizan a la masa laboral y a su vez fragmentan la política empresarial en los diversos estadios de producción; tendiendo a desaparecer o disminuir la integralidad de los inherentes procesos y sólo tomar en cuenta su cuantificación versus los costos y tiempos de trabajo, es decir, la productividad. Igualmente, propician la tecnificación de la política en términos de un desarrollo instrumental, tecnocrático y corporativo de gobierno empresarial, para impedir aún más la posible transferencia de competencias democráticas a los trabajadores y obreros; favoreciendo peor aún, la tecnoburocracia y cercenando tajantemente la posible socialización del conocimiento.

Todo ello, preservando la barbarie histórica taylorista, los modelos globalizadores de desarrollo (círculo vicioso, economías dualistas, crecimiento equilibrado, excedente de la fuerza laboral, paradigma falso, entre otros), la productividad basada en la enajenación y explotación laboral impuesta por el trabajo pobremente asalariado, la división perversa del trabajo, el robo de la plusvalía, la superespecialización de habilidades laborales y la parcelación y reserva de saberes y conocimientos.

En cuanto a los sindicatos, por lo regular, son manifestaciones basadas en el individualismo posesivo, reduciendo el trabajador y el obrero a su faceta meramente económica de producir. Aunque, como arriba se afirma, con estos mismos sindicatos puede existir una democracia parcial; tal situación es concedida por los capitalistas hipócritas y que usualmente no surge de manera natural, por iniciativa de los sindicatos.

Aunado a ello, los sindicatos se vinculan a residuos de la concepción liberal, como formas ingenuas que dan primordial importancia sólo a la relación económico-social, en su concepción originaria; a partir de lo cual, los capitalistas, en general, marginan al trabajador y al obrero de los procesos gestionarios, por no servir a sus intereses de dominación.

Por ello, lo deseable en una economía venezolana de nuevo tipo, necesariamente enmarcada en el socialismo bolivariano, consistiría en:

  1. Radicalizar el cambio cultural sobre los medios de producción mediante la regeneración de la democracia, ahora socialista y el desarrollo de una economía-patria; liberando el trabajo de la alienación, donde por un lado, la fuerza de trabajo es considerada por el capitalista como un objeto existiendo fuera del trabajador, para ser remunerado, por contraprestación; y por el otro, el trabajador aceptándolo sumisamente con la venta de su trabajo, como si fuera una mercancía alejada de su esencia como ser humano.

  2. Volver a la solidaridad de los pueblos originarios y a la exaltación de la política social; es decir, una multidimensional expansión de los valores socialistas de vida, donde el trabajo liberador se une a la verdad, la belleza y la alegría; con lo cual la estética y la ética laboral se fundamentan en el verdadero humanismo militante, en la conciencia común y en la consolidación inalienable de los derechos humanos. Para ello resulta esencial, emprender la libre expresión de los trabajadores y obreros en las relaciones de producción con sentido democrático y de nueva realización geohumana; en otras palabras, integrándose de manera organizada y responsable a una emergente cultural productiva más cónsona con la dignidad del ser y la preservación de la naturaleza.

  3. Crear, desarrollar y consolidar a los Consejos Productivos de Trabajadores (CPT) muy diferentes a la concepción originaria de los sindicatos; es decir, espacios políticos en revolución permanente de seres colectivos, dedicados a crear nuevas estrategias de planificación productiva, articuladas y encadenadas a nivel regional, nacional e internacional; que enfrenten el modelo capitalista de producción y de manera decidida, la guerra económica emprendida por el imperialismo estadounidense.

  4. Erradicar las posibles contradicciones existentes en cualquier empresa del país, creando las condiciones adecuadas para el diálogo abierto y fructífero entre aquellos factores involucrados que asuman plenamente la transformación de los medios y relaciones de producción; como los CPT, auténticos organismos sustentables del sistema proletario-comunal de agregación, propio de la utopía impulsada por el avance de la revolución socialista bolivariana, recordando ese pensamiento de Galeano: "la utopía está en el horizonte; camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá, ¿entonces para qué sirve la utopía?, para eso, sirve para avanzar".

  5. Disponer los CPT de la materialidad necesaria y suficiente para su libre desarrollo en base a los fines y valores que quiere realizar; donde ese diálogo abierto y fructífero se inscriba en un plan de gestión incluyente y auténticamente democrático, que denuncie a su vez, las asimetrías de poder que pululan en el contexto de las empresas del Estado, en cuanto a la corrupción campante y a los privilegios que poseen ciertas élites, aunadas a la descalificación, discriminación y maltrato hacia los trabajadores y obreros.

  6. Desenmascarar el monoculturalismo de estas élites que pretenden emular a los capitalistas imponiendo el pensamiento globalizador; a lo que hay que discernir críticamente entre las diversas maneras de gestión y producción empleadas, advirtiendo cuáles en definitiva son opresoras y cuáles pudieran orientarse más bien a un proceso de liberación. De esta manera se darán pasos significativos en la transformación radical de las empresas del Estado al tocar caprichos e intereses de todo tipo; posibilitando en su seno, la democracia socialista construida por los actores involucrados, al depositar la confianza en los CPT como órganos socialistas desarrollando la gestión lo más horizontal posible, con responsabilidad rotativa en cada uno de los procesos de planificación, producción y distribución de bienes y servicios.

Esta sería mi modesta contribución al debate de la mesa del IV Congreso del PSUV, sobre el tema económico.



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Sergio García Ponce

Ex-vicerrector de Desarrollo Territorial de la Universidad Bolivariana de Venezuela (UBV).

 sagarciap@yahoo.es

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