Aumento del salario mínimo o virtual rebaja de los mismos

Hablábamos en el artículo anterior de la notable incidencia que la especulación tiene en los super-elevados precios que rigen en la economía venezolana y terminábamos esa nota diciendo que además del mencionado, o sea, de la especulación, existe otro factor que tiene igual influencia en el alarmante desbarajuste de los precios: Me refiero, por supuesto, a la inefable inflación, un elemento tan insidioso y perverso que es capaz de provocar las más difíciles y peligrosas situaciones en cualquier sociedad donde haya logrado instalarse, como es el lamentable caso de nuestro país. Ahora, lo que llama poderosamente la atención, es que lo que más ha contribuido a desatar este indeseable fenómeno, un fenómeno tan devastador y destructivo como pocos, cuya siniestra especialidad es pulverizar el salario real de los trabajadores, hayan sido los cuantiosos recursos, la inmensa masa monetaria lanzada a la calle con el noble pero fallido propósito de contrarrestar los perniciosos efectos de la especulación; es haber originado involuntariamente una demanda artificial, completamente desfasada de la producción, la cual, en nuestro caso, se encuentra completamente estancada. Y ello, en completa contradicción con lo que la ciencia económica prescribe en situaciones de alta inflación, como es la reducción de la capacidad de compra o de pago de la población.

O en otras eufemísticas y edulcoradas palabras: reducir el máximo de liquidez. ¿se ignora acaso esta ley inexorable de la economía, ley según la cual a mayor demanda mayores precios? Aunque de todo se ha visto en este valle de lágrimas, creo que no. Esto es tan elemental, tan sencillo, tan corroborado por la práctica diaria, que no puede ser ignorado por nadie, y menos por quienes desempeñan funciones de gobierno Y entonces ¿por qué en lugar de aplicar una política que tienda a corregir los profundos desajustes de nuestro proceso económico y abrir una perspectiva de desarrollo, se pone en marcha un programa tan fuera de toda lógica como "La chamba juvenil, que lo que hace es profundizar esos desajustes y aumentar de manera desorbitada la burocracia improductiva? ¿O el otorgamiento de pensiones a todas las personas mayores de sesenta años que, como lo anterior, contribuye a aumentar exponencialmente las presiones inflacionarias y que en nada contribuye a solucionar ningún problema a nadie sino más bien a agravárselos? ¿Por qué se hace esto si de antemano se sabe cuáles serán sus nefastas consecuencias? ¿Será, acaso, que se encuentran tan desconectados de la realidad que se desconoce que la situación es grave en grado superlativo y que de no tomarse las providencias del caso se podría producir un desenlace en el que la pérdida de la democracia sería un mal menor? En este sentido es bueno tener presente lo siguiente: la economía es un ciencia infalible, y el que desconozca o viole sus leyes tendrá que pagar lo inevitable mente: La economía no perdona los errores que a su nombre se conviertan. Pero como no se trata únicamente de cuestionar sino de aportar también ideas y soluciones, vamos a sugerir modestamente algunas que nos ayuden a encontrar el norte, a encontrar el hilo de Ariadna que nos permita salir sin mayores traumas del tenebroso laberinto en el que nos encontramos atrapados.

Son, a nuestro juicio, las únicas que existen para salir del atolladero, porque lo otro sería tener que recurrir a medidas tan extremas como despidos masivos, eliminación de pensiones y jubilaciones, aumentos desproporcionados de los servicios públicos, eliminación del seguro social, privatización del agua, la electricidad y teléfono, reducción de salarios, etc. Y todo ello con la finalidad de reducir la demanda y, de ese modo, estabilizar los precios. Algo que indudablemente se lograría, pero a un costo humano tan terriblemente elevado, que sería un crimen de lesa humanidad la aplicación de unas medidas de neto corte neoliberal como éstas.

¿Qué hacer entonces? Según nuestra empírica opinión derogar, en primer lugar los controles de precios cualesquiera sean sus formas y modalidades. Esto es tanto más necesario por cuanto han sido estos desafortunados controles la causa primigenia del intenso proceso de desinversión que ha tenido lugar en el país, y cuyas consecuencias no han podido ser más nefastas y letales. Y no podía ser de otra manera, pues es innegable que han sido ellos la causa de la estrepitosa caída de la producción y de una mayor dependencia de las importaciones; hecho que ha conducido, entre otras cosas desfavorables, al fortalecimiento del dólar paralelo. Y no sólo eso, porque también ha tenido mucho que ver, con los profundos desajustes y distorsiones que han hecho de nuestra economía un proceso altamente ineficiente y poco productivo.

Ya mencionados desajustes y distorsiones que han hecho de nuestra economía una actividad altamente ineficiente y poco productiva. Lo que ha traído como consecuencia la aparición de fenómenos tan perversos, como la especulación, el acaparamiento y el contrabando de extracción. Pero esto, que pareciera un argumento suficiente en contra del intento de controlar los precios, sin embargo no lo es, porque todavía existen otras dos razones más que justificarían plenamente la eliminación del mencionado decreto controlador aún vigente. Una de ellas es el riesgo país, que mejoraría ostensiblemente en el caso de que ese decreto fuera derogado oficialmente. Y la otra, por una verdad lapidaria e incontrovertible, porque hágase lo que se haga es materialmente imposible poder controlar efectivamente el costo de los productos al consumidor. Y eso, porque hasta los buhoneros especulan.

Pero como con la sola eliminación del decreto regulador de estos costos no basta para lograr la estabilización de los mismos, hace falta además una acción complementaria. Esta consiste en que en lugar de otorgar los aumentos de salario en efectivo, en dinero, esos aumentos se hagan en alimentos. ¿Cuáles serían las ventajas de esta modalidad? Son varias y muy significativas. Al consumidor, por supuesto, le saldrían mucho más baratos los comestibles. Por otra parte, contribuiría a desmentir la demanda, lo cual, como se sabe, presionaría los precios hacia la baja. ¿Por qué? Porque la harina de maíz que me suministrara el gobierno, sería un producto que dejaría de vender el especulador; es decir, que en la medida en que el gobierno me suministre a precios solidarios los alimentos, en esa misma medida el especulador los dejaría de vender. ¿Y qué sucede cuando el especulador deja de vender sus productos por culpa de la competencia?- Que este bandido, para seguir vendiéndolos, tendría obligatoriamente se podría lograr rebajándolos de precio.

De lo dicho se desprende una sola cosa: que el único modelo económico que podría permitir superar la profunda crisis en la que se debate actualmente el país y abrirle posibilidades de desarrollo, no es otro que la economía de mercado; economía que a pesar de sus aberrantes imperfecciones, le permitió sin embargo, a Lula Da Silva abandonar el gobierno de Brasil, cuando lo desempeñó, con el más alto índice de popularidad que presidente alguno lo haya hecho en ese país. O como el liderado por Evo Morales, que le ha permitido a Bolivia alcanzar uno de los más altos índices de bienestar social de América Latina. O como China, donde sus habitantes, después de haber estado utilizando como medio de transporte, vehículos de tracción de sangre, como calesas, bicicletas, etc., hoy, un elevado porcentaje de su gente posee un automóvil propio. Y eso, porque a pesar de la profunda crisis que sacude al capitalismo a escala mundial, éste no ha agotado aún sus posibilidades de generar prosperidad y desarrollo. Todo lo cual, bueno es advertirlo, no colide con la política social del gobierno, la cual debe seguirse implementando para proteger a la población de los mencionadas imperfecciones de la economía de mercado. Y para sancionar, además, los delitos económicos, tales como el monopolio, la cartelización, las ofertas engañosas, etc. De manera que no hay atajos. O neoliberalismo o CLAPS.

La economía es una ciencia infalible, y el que desconozca sus leyes y postulados sufrirá las consecuencias, no quedará impune.

NOTA: Sr. Presidente, escuché su discurso con motivo del día del periodista. Debo decirle que fue muy esperanzador. Sin embargo, hubo algo en él que no encaja. Se trata que erróneamente se tiene la tendencia a culpar exclusivamente a los supermercados y grandes abastos de la desaforada especulación de la que estamos siendo víctimas los venezolanos. Muy lejos estamos de exonerar de culpa a estos grandes negocios; ellos sin duda involucrados en este delito. Pero no son los únicos, porque aquí todo el que vende algo, sea grande, mediano, pequeño, chiquito, chirriquitico, en fin, todo el que vende algo, especula; con el agravante de que los últimos, debido a la zona en la que están ubicados, los barrios, especulan a los que sectores de menores recursos, que forman como un 70 por ciento de la población. En cambio, el impacto social de los grandes negocios, debido a su ubicación en zonas privilegiadas de medianos y altos ingresos de sus habitantes, y de que estos forman parte de una población de apenas el 25 por ciento, el impacto social, repito, es muchísimo menor. Moraleja: hay que ir a los barrios.

En política, la razón y el sentido práctico deben prevalecer por sobre las emociones y los sentimientos.



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Alfredo Schmilinsky Ochoa


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