Aumento del salario mínimo y de las pensiones o virtual reducción de los mismos

Como se sabe, con motivo de las festividades navideñas del año pasado, se anunciaron y concedieron con el mejor espíritu y buenas intenciones, eso hay que reconocerlo, una serie de medidas económicas, entre ellas, el aumento del salario mínimo y de las pensiones. Tales aumentos, según lo declarado, tenían la loable finalidad de tratar de compensar los terribles estragos que una especulación inmoral y desenfrenada, está causando en vastos sectores de la colectividad.

Indudablemente que la intención, como dijimos, fue buena, más sus resultados por supuesto que no. Ya que tales aumentos, que después se han venido concediendo regularmente, lo que han logrado es todo lo contrario de lo que se buscaba. Se buscaba de buena fe atenuar los homicidas y devastadores efectos de la especulación. Y lo que se ha estado logrando es todo lo contrario, es decir, un despiadado aumento de las penalidades y sufrimiento de la población.

Eso se debe a que a pesar de los grandes esfuerzos que se han hecho para evitarlo, aún no se ha podido impedir que cada anuncio de aumento de esos beneficios sea instantáneamente seguido de un desproporcionado y escandaloso aumento de precios. Tan cierto es esto, que todavía las personas no han recibido ni una sola puya de las ayudas anunciadas, cuando ya los precios, sin ninguna razón económica que lo justifique, con sólo el anuncio, repito, se han disparado. Y esto, a pesar del decreto de control de precios aún vigente.

Un buen ejemplo de lo dicho, es la panadería La Conga de Oro de esta urbanización Urdaneta, cuyos artículos, una noche en la que se hacía uno de estos anuncios tenían un precio, y al amanecer del día siguiente tenían otro, dos y hasta tres veces incrementados. Lo que significa, sin ningún género de dudas, que los mencionados anuncios de mejoras salariales, en el instante mismo en que se dan a conocer, queden automáticamente anuladas. Pero, por supuesto, las cosas no se quedan ahí, porque la situación, si se quiere, es aun peor. Ya que como los delictivos aumentos de precios se hacen sin ningún criterio económico, sino con base en el capricho y la codicia ilimitados de los especuladores, las alzas de precios que estos bandidos propicien, superan ampliamente los porcentajes en que fueron aumentados el salario mínimo y las pensiones.

Por ejemplo, si se anuncia un aumento de estos beneficios en un 40 ó 50 por ciento, los especuladores responden aumentando los precios en un 100 ó 150 por ciento, es decir, sin ninguna relación o equivalencia con los incrementos salariales anunciados. Lo cual indica claramente que los destinatarios – y en general toda la población – de los anuncios que en materia salarial se han venido haciendo, están saliendo sumamente perjudicados, pues tales aumentos han tenido un efecto radicalmente contrario al que se buscaba. De donde se desprende una paradoja realmente curiosa, y si se quiere hasta surrealista, pues esos aumentos de salarios y pensiones en la práctica en lo que se han convertido es en una reducción de los mismos. ¿por qué? Pues, porque después del aumento de esos beneficios, la gente compra menos de lo que compraba antes del incremento de esas remuneraciones, esto es , más dinero en manos de los consumidores, pero menos capacidad de compra de estas personas.

En vista de todo lo anterior, pues, resulta cuando menos inexplicable que se hayan estado aumentando las ayudas salariales cuando después de éstas la gente queda peor de lo que antes se encontraba; que se haya mantenido una política que, aunque efectista, no por eso ha dejado de demostrar hasta la saciedad, no solo no haber logrado los objetivos sociales propuestos, sino también haber agravado profundamente los problemas que, como dije, con esa política se han querido inútilmente solucionar. Es más, que los únicos que se han estado beneficiando con los mencionados aumentos de las pensiones y el salario mínimo, han sido los especuladores, los que han estado obteniendo unas ganancias tan enormes como jamás las habían soñado obtener. Y eso a costa del bienestar de los desesperados consumidores; gente ésta que tiene que hacer verdaderos actos de magia para poder adquirir algo que llevarse a la boca, y en muchos casos ni siquiera esto pueden lograr, pues quienes trafican y lucran con el hambre del pueblo se lo impiden inmoralmente. Este preocupante estado de cosas la expresó muy bien un amigo cuando me dijo: "antes, Alfredo, con mucho menos dinero, compraba muchas más cosas de las que puedo comprar ahora con mucho más dinero". Lo que demuestra que la abundancia de dinero no es siempre la solución, pues en muchos casos puede resultar sumamente inconveniente; es decir, provocar una pavorosa indigestión.

Por otra parte, tal como vemos las cosas, esta indeseable situación de que a un aumento de salario y otras ayudas siga inmediatamente un alza desproporcionada de precios no puede prolongarse por más tiempo. Por muchos motivos. Entre ellos, porque la capacidad de aguante de la gente no es ilimitada, y puede en cualquier momento, perdida ya la paciencia y las esperanzas que tampoco son ilimitadas, decida exigir, mediante medios no convencionales ni democráticos, la solución a un problema de subsistencia que ya no encuentra la manera de enfrentarlo.

Pero a pesar de lo anterior, se incurriría en un error si se pensara que la calamitosa y angustiante situación que por culpa de los enemigos del país y de nuestro pueblo estamos viviendo y que pareciera no tener fin -- un plátano, 20 mil bolívares; un huevo, 36 mil; un mísero bollo de pan, cada vez más caro y más pequeño; 25 mil. Un kilo de arroz, 900 mil, etc., se debe únicamente a un hecho tan delictivo como la especulación. Hay otro tan nocivo, tan incisivamente maligno como ella, y que sin embargo, pese a estar causando los estragos sociales y humanos como la misma especulación, se insiste en negar su existencia; a atribuirlo a factores distintos a los reales, a los verdaderos. Pero de esto hablaremos en el próximo artículo.

La verdad es que el histrionismo de Walter Martínez está resultando ya bastante chocante, desagradable en extremo, al punto de querer erigirse en el protagonista de su programa en sustitución de la noticia.



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Alfredo Schmilinsky Ochoa


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