Imprecisiones económicas como causa de crisis

De entrada, nos hallamos ante un callejón de difícil salida.

En Economía, sábese [1] que una de las más notorias diferencias sociales de la sociedad burguesa es la desigualdad de la renta nacional, del llamado PIB. El Índice de GINI marca esa diferencia, pero eso no significa que las pueda eliminar.

El desacomodo de nuestra economía comenzó con la regulación nacional de precios, luego de reasignar y regular a medias la tenencia de la tierra.

Todo profesional de la Economía sabe que en toda sociedad burguesa los precios los regula el mercado, y conste que se trata de una ley inquebrantable so pena de provocarse crisis como la que venimos sufriendo y que se ha ido desarrollando a los niveles actuales donde ni los comerciantes ni los fabricantes ni el gobierno están capacitados pacíficamente para enderezar semejante entuerto.

Efectivamente, en la sociedad burguesa, por ejemplo, rige el fenómeno de la diferenciación de los precios, o sea, diferentes precios para un mismo valor de uso. Así ocurre con los cigarrillos, con el arroz, con los panes, las ropas, perfumes, zapatos, hoteles, etc.

Un poco al detalle: los hoteles "4 estrellas" tienen muy poco o nada que envidiarles a los hoteles "5 estrellas". Se trata de una diferencia meramente social. El usuario del hotel de 4 estrellas no tiene renta suficiente para alojarse en el 5 estrellas.

El arroz saborizado-otro ejemplo-se empaca para ser vendido en los supermercados, y a estos suele concurrir gente con mediano poder adquisitivo. Estos consumidores no sólo van en búsqueda de mercancías de la cesta básica, sino que quieren hacerlo en centros comerciales no concurridos por gente humilde, porque en eso les va su empingorotamiento social. Tales centros de lujo no están ubicados en "barrios", allí carecerían de rentabilidad.

Cuando el precio de arroz se reguló para todos los potenciales consumidores se ignoró de plano esa diferencia social ya que las diferencia en las rentas marcan la diferencia entre unas personas y otras. Tampoco se obligó a las empaquetadoras proveer de arroz no saborizado a todos los detallistas. Así es la sociedad burguesa, no hay otra forma.

Esa ignorancia sobre la Economía Burguesa, sobre sus gentes, es lo que hizo que aquella señora le mandara su buen paquetazo de arroz por la cara al superintendente de precios de marras; recordemos su frase: "Con mi arroz caro no te metas", Con mis hoteles de lujo tampoco, ni con ninguna de las mercancías sobre las cuales sólo yo decido cuánto debo pagar.

Valgan esos ejemplos para entender que ha sido sumamente perjudicial tratar de obligar a la gente de medianos o altos recursos a pagar un 5 estrellas a precio de una pensión de mala muerte, digámoslo así.

Desafortunadamente, los consejeros económicos empleados por el gobierno empezaron a dar tumbos en cuanto a medidas, tales como el otorgamiento de subsidios en dólares baratos mediados por la propia burguesía, y la fijación de una ganancia media máxima acomodada unos precios justos, según el criterio de cuanto paraprofesional o empírico se ha prestado para asesorar el gobierno en asuntos sobre los cuales no han estado muy bien calificados.

Hay por allí muchos colegas cagados de estadísticas meramente descriptivas-muy poco analíticos-que nada aportan a la mejor comprensión de esta economía, y que mientras no la conozcamos seguiríamos dando tumbos como lo hemos venido haciendo desde el propio periodo regentado por el Presidente Chávez.


[1] Este conocimiento es sólo entendido correctamente cuando no se es un pirata o tiraflechas propio de la economía chapucera o de pulperías.



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Manuel C. Martínez


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