Una opinión constituyente

Economía comunal (de verdad no en propaganda)

La economía no es un ser etéreo. No es un monstruo bajo la cama o el secreto en el armario. No es un fenómeno que solo los eruditos de derecha o de izquierda -a menudo más insoportables que sus pares burgueses- logran entender porque leen muchos libros en alemán y tienen un ego gigante.

La economía es lejos de eso, una práctica común y tan natural a las costumbres humanas como las artes o las leyes o las artes militares, y claro, influye drásticamente en el comportamiento político de las sociedades humanas. Teniendo esa idea como verídica, no existe ninguna explicación para entender por qué las sociedades no suelen participar más allá de la compra a distribuidores terciarios u intermediarios de los elementos necesarios para tener una vida acorde al modo de vida norteamericano -american way of life- del cual nunca nos separaremos si no empezamos a producir cultura y un mega vehículo que la transporte; es decir, nunca nos liberaremos de ésta.

Estamos acostumbrados a un solo tipo de ejercicio económico que toda práctica novedosa u extraordinaria nos parece abstracta o una aberración de lo que se debe hacer. Es un lugar común escuchar a gente en las calles señalar que esta o tal actividad de tipo comercial debe dejarse a los ricos o incluso, suele dársele características u connotaciones extraordinarias a grupos étnicos que parecen haber inventado el comercio.

Parece ser, o se nos hace creer que el oficio de la economía es solo para emprendedores, y que los emprendedores son todos extranjeros o tataranietos de un tipo que vendía tornillos en un burrito y que con mucho esfuerzo llegó a construir un monopolio; en palabras de Noam Chomsky, así nos venden la moto.

Nuestro sistema económico está destruido, fue la primera puñalada que se le dio a ese raro país llamado Venezuela, un ataque salvaje que se dio por los principios del siglo XX cuando un tal Juan Vicente Gómez le dio un golpe de estado a un tipo muy temperamental con locas ideas de soberanía y al que los señores historiadores, que saben mucho, catalogaron como tirano y salvaje cuando se opuso a noble grupo de ejércitos extranjeros que venían a salvarnos, ya sabes, los venezolanos no podemos gobernarnos a nosotros mismo.

Esa herida nos fue desangrando por tanto tiempo, gota a gota, que casi nadie se percató de lo que estaba pasando. Venezuela se encontró muy pronto con su primera maldición, el petróleo. Nuestro pequeño país, llamado a ser el puerto de suramerica, la capital de Colombeia, el gran productor de café y cacao del mundo, el país de los ríos fértiles, de las montañas y llanos que parían toneladas de alimentos, de los árboles y cerros y sustancias químicas necesarias para ser materia prima, decidió simplemente abandonar todo proyecto de producción, de industrialización real, y se convirtió, como en tiempos de la vieja colonia, en un simple exportador, con una casta mantuana que se conformaba con las migajas -muy grandes- que le quedaban luego de que los dueños del imperio comieran la torta.

Venezuela no pasó por un proceso de desarrollo de las fuerzas de producción. No pasó por procesos de revolución tecnológica nacional en pro del progreso económico. Ni siquiera nos atrevimos a pensar en esa hermosa -y neoliberal y muy pro burguesa- tesis del estructuralismo latinoamericano, de hecho nos usaron como antítesis a ésta. El país simplemente se fue hundiendo más y más en el excremento del diablo, y pronto se creyó y aceptó que era más barato y mejor, sembrar y producir en los puertos en lugar de hacerlo en las tierras y las empresas.

Pronto se crearon monopolios artificiales para mantener a las poblaciones de todas las clases en el letargo absoluto. Productos de baja calidad y mucho mercadeo para las clases populares, con sello de calidad y leyendas de hecho en Venezuela que muy poco ofrecían en cuanto a calidad real pero mantenían contentos a los pobres, en su mayoría trabajadores, en otra vividores, cosas de la economía petrolera, y a la vez, se importaban cuanta cosa se quería para mantener contentos a la clase media y a la pequeña burguesía -comerciante y parasitaria- nacional, que tuvo su mayor expresión en la idea de defensa y obsesión por lo importado en la llamada generación boba.

Este mecanismo era tan perverso que hasta se exportaron empresas internacionales, monopolios mundiales al parque nacional industrial para generar un efecto de ilusión de progreso y de compatibilidad entre economía rentista y sociedad moderna. Éramos un país de cartón, de dibujo, un país portátil, y -ruego a dios- no nos dimos cuenta.

Asistimos al entierro de un país con sonrisas de crema dental y con cabellos lindos, con maquillaje de payasos, y mierda con olor a flores azules -fijate como viene a enterarse uno que vive en el universo de Canción de Hielo y Fuego-. Y ese sistema funcionaba perfectamente porque todos los factores involucrados en ese juego recibían beneficios, ya fueran los ficticios y muy relajantes del estado de bienestar, o los sobrantes de la renta petrolera, o los de el negocio real.

Hasta que llegó Chávez y la burguesía mandó a parar. La guerra económica es real, y es bastante vieja. Si hacemos algo de esfuerzo podemos recordar que cuándo la Revolución Bolivariana daba sus primeros y segundos pasos la burguesía productiva nacional, casi nula y dedicada prácticamente al empaquetamiento y distribución de alimentos de bajísima calidad y dulces de muy alta, dejó deproducir en sus niveles normales durante episodios de cierta magnitud.

Se que es difícil pero ruego que tiren a su memoria y recuerden eso pues los pueblos sin recuerdos estan condenados a la destrucción. No lo notamos del todo por aquellos días porque existía un tal Hugo Chávez, que era el tipo más grande que se ha parido en éste país desde que es independiente, que decía algo y hacía temblar a sus enemigos y a los que trabajaban para él. Porque había una bonanza petrolera gracias a las guerras del señor Danger. Porque tuvimos unidad latinoamericana al punto de que algunos ilusos soñamos con una federación socialista latinoamericana con capital en La Habana.

La guerra económica asesinó nuestra economía de forma definitiva porque murió Chávez y no supimos aprovechar a ese gigante cuando estaba vivo, la guerra económica nos devora porque el petróleo bajó a precios aun más bajos de lo que ya eran. Nos joden económicamente porque se aliaron los políticos y los militares, no los pueblos. Nos matan porque la burguesía decidió atacar con todo y ellos han sabido aprovecharlo.

Tiempos de constituyente sobre nuestros hombros.Tiempos extraordinarios que llaman a ideas extraordinarias. El CLAP fue una idea extraordinaria surgida en un barrio de Cojedes llamado La Floresta. El CLAP elimina el concepto de la necesidad del intermediario, el CLAP es recibido por una cantidad muy grande de venezolanos -yo no- muchos de ellos opositores. El CLAP ha sido despreciado de una forma indignante por muchos de sus beneficiarios en gran parte por aquello qué señalaba al principio en la que cada modo de ejercicio económico contrario al impuesto -carrito de mercado, sonrisas y publicidad- es abstracto y aberrante. El CLAP produce mínimamente, muy mínimamente. El CLAP es insuficiente.

Toca volver a los conceptos más básicos del materialismo económico. Nuestros barrios se han llenado de micro talleres deproducción casi artesanal de productos alimenticios y de higiene personal u de inmuebles. Yo se que esto no es 1900 y que el taller como herramienta productiva es una solución casi ficticia, pero esa es una semilla que debemos cuidar y hacer germinar. Parafraseando a Job o a los tipos que escribieron el libro de Job, ¿acaso no se dan cuenta que en sus manos está la resurrección de un país?

En esta constituyente se debe construir un modelo de economía regional y comunal que se sustente en los beneficios naturales o químicos o de manufactura regional. Esta constituyente tiene la obligación de obligar al Estado Nacional a garantizar el apoyo necesario a estos talleres a crear y ya creados para que se transformen en microempresas reales.

El sistema económico nacional a surgir de la ANC debe estar orientado al crecimiento de lo que es pequeño, de lo que es novedoso, no al robustecimiento de sistemas caduceos. Cada CLAP, consejo comunal o comuna debe tener medios de producción de propiedad común o social, en la que los habitantes de esa comunidad, -especialmente los jóvenes- trabajen con beneficios físicos y salariales, como en cualquier trabajo real.

Se trata de reconstruir la economía del país, de sacarla de la tumba, de crear un nuevo modelo así sea sustentado en uno marxista del capitalismo inicial cómo el que se propone en estas muy largas lineas. Si no somos capaces de lograr esto, si mañana el petróleo se cotiza en 300 dólares y nos olvidamos de todo lo que hemos sufrido en los últimos años, nos van a volver a coger con los pantalones abajo y quizá así, solo así, entenderemos que el problema no es ese dios llamado economía; el problema somos nosotros.



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Fex López Álvarez


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