A propósito de ser ciego

El triunfo de la Vinotinto es de Venezuela, no pertenece al madurismo

Antes de que Maduro y sus séquitos con su acostumbrada parafernalia de demagogia política inviten a los campeones venezolanos de la selección Sub-20 de futbol, para que asistan a un homenaje en el palacio de Miraflores, debemos recordarle al gobierno que la hazaña lograda por estos jóvenes responde a un esfuerzo individual y colectivo que nada tiene que ver, precisamente con la política deportiva, educativa y social que nos ha impuesto el madurismo.

En efecto, Venezuela, luego de haber realizado un camino exitoso, ha llegado a la final del mundial juvenil, Corea 2017, con altas probabilidades de alzarse con el campeonato, el cual independientemente del resultado, nuestros muchachos ya resultaron victoriosos.

Por ello, si el madurismo, intenta vincular la gesta de los dirigidos por Rafael Dudamel, como si fuera una victoria de quienes han destrozado al país, tendremos que recordarle que las miles de canchas de futbol que existen en nuestra geografía, se encuentran abandonadas, y las pocas que se mantienen aptas son por la iniciativa de los padres y representantes, algunas alcaldías con ingresos propios, o empresas que siempre han apoyado el desarrollo del deporte y, aunque a algunos les duela que lo digamos, una de esas empresas ha sido Polar, que a través de la fundación que lleva su mismo nombre, permitió a varios jugadores desde sus inicios, ayudarlos en su formación integral deportiva, como el caso del portero Wuilker Fariñez, quien ha llegado a convertirse en nuestra referencia nacional e internacional con la selección venezolana.

Rafael Dudamel ha hecho un trabajo incuestionable desde hace unos años, visitando varias partes del mundo para intentar unir un grupo de jóvenes talentosos, a partir de la esencia de muchachos salidos en su mayoría de los rincones más humildes de nuestros espacios, así como la voluntad y el esfuerzo constante por querer construir una selección competitiva, que en este momento ha coronado con plenitud de éxito, cuando menos, otro inicio en la historia del futbol venezolano.

En tal sentido, que no salga Maduro, el día en que inviten estos muchachos a Miraflores, a decir que ha "ordenado" la entrega de viviendas y carros a las familias de estos futbolistas, para que después cuando algunos de ellos, por alguna razón le reclamen por la muerte de jóvenes asesinados, irónicamente muchos de ellos menores de 20 años, no salga a replicar que esas "opiniones" son distorsionadas de su "gobierno", o que les han pagado "dólares" a esos muchachos para que "calumnien" o "difamen" sobre sus acciones políticas, cuando la realidad es que hasta el propio ministro de la defensa, Vladimir Padrino, tuvo que admitir públicamente el abuso y atrocidades que ha realizado la mal llamada guardia nacional bolivariana (GNB) sobre los manifestantes antimaduristas, o escuchar por la fiscal general de la República que miembros de tal componente armado son responsables en muertes de venezolanos.

La selección Sub-20 venezolana está regalando al país una alegría combinada con lágrimas de emoción. Esos muchachos están levantando muy en alto el Tricolor Nacional. Representan esa generación de jóvenes que lucha y no se doblega ante las dificultades. Ellos, son parte de esos muchachos que también desde las calles, reclaman un gobierno que cumpla con sus obligaciones y responsabilidades ante un país que muere de hambre, no tiene medicinas, y está envuelto en una espantosa crisis política, económica y social, cuyas aberraciones están desbordadas por la delincuencia y la corrupción.

Los jóvenes de la selección juvenil de futbol están demostrando que Venezuela tiene talento y muchas potencialidades para llevar al país hasta lo más alto. Lamentablemente, mientras esos muchachos no llevan a la cima deportiva, otros jóvenes son llevados hasta la sima (sí con "S") de una realidad en la cual no hay alegría sino tristeza, y peor aún, son enterrados en sus sueños por ver un país que les brinde las oportunidades de desarrollo y consolidación académica, profesional, laboral y humana.

Irónicamente, mientras unos muchachos con promedio de 20 años están llevando a Venezuela a la cúspide con sus triunfos, otros están siendo asesinados por la barbarie política que sacude al país, y sobre cuyas muertes, el madurismo tiene inmensa responsabilidad en la mayoría de ellas.

El triunfo de la Vinotinto es un triunfo de Venezuela, pero jamás lo será del madurismo. A propósito de ser ciego. Quien tenga ojos que vea.



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Javier Antonio Vivas Santana

Lic. en Educación en las menciones de Ciencias Sociales y Lengua (UNA) Maestría en Educación mención Enseñanza del Castellano (UDO) Dr. en Educación (UPEL) Profesor de la Misión Sucre (2003 -2012)

 jvivassantana@gmail.com      @jvivassantana

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