El que tenga ojos que vea y al que le quede fuerza que piense

Somos personas limitadas, nos agobian los problemas del día a día, sentimos miedo del porvenir, pero hay que aprender ver sin que este sentimiento nos abrume la mente. Hay personas que no se detienen a pensar en el sentido político de los apoyos del gobierno al capitalismo. Esos apoyos son un mensaje, dicen algo, pero mucha gente aparta la vista rápido para no verse en la obligación de traducirlos, no quieren ver en ellos una mala señal, un mal auguro. Solo dicen: ¡Quiénes somos para erigirnos en custodios o intérpretes de la memoria de Chávez, quienes somos nosotros para criticar las decisiones del heredero! Para éstos camaradas, más importante que leer y desvelar el significado de las prácticas políticas, es no perder la fe en el gobierno y en el presidente Maduro. Resulta que la fe en el Líder es un requerimiento básico para defender al país de las amenazas del imperio, ¡así piensan!. Así esta fe sea ciega y percibida sobre un sentimiento místico hacia el líder. Y nos critican duro por no estar de acuerdo con esa fe ciega hacia líder, sobre todo en estas "circunstancias tan apremiantes". Pero, por más que corramos la arruga, no hay pruebas de que todo lo que hace el presidente y su gobierno está hecho con inteligencia o de buena fe.

Parece que fuera todo lo contrario. Parece todo contradictorio…

Maduro no es Chávez. Ni siquiera es consciente, cuando insiste en darle aliento al capitalismo mientras mengua la fuerza del chavismo. La fuerza del chavismo decae cada vez más en una actitud política pasiva, acrítica, viendo con indiferencia esa locura de seguir apoyando a una burguesía parásita y decadente. En su mayoría no lo apoya, solo sigue indiferente. La misma actitud la tienen ante los planes de explotación minera a gran escala, en el Arco Minero. Nadie ve en esto un daño a nuestro patrimonio natural y una clara pérdida de nuestra soberanía. Solo les parece, así, sin muchas explicaciones, una oportunidad para "salir de abajo", un negocio bueno. Ni siquiera se preguntan ¿Para quién es un buen negocio la explotación minera a gran escala, para el país o para la trasnacionales? ¿Será esto un negocio de ganar ganar, como dice Maduro, ganamos nosotros y ganan ellos? No lo creemos, ganan ellos y perdemos el resto de los venezolanos y del mundo. (Además ¡Qué significa eso de darle respiro al capitalismo! en la figura de muchas multinacionales sacadas del juego, por destructoras del medio ambiente y de seres humanos en todo el mundo, y ahora en el Arco minero y en la Faja del Orinoco)

¡En qué cabeza cabe tamaño contradicción! Y todo por capturar "divisas convertibles" para impulsar el desarrollo.

Ojalá eso del desarrollo fuera verdad. Pero, no es así. Con el capitalismo lo único que se desarrolla es el capitalismo. Y con él se desarrolla también el egoísmo, la competencia individual, la miseria, la violencia, la delincuencia, la corrupción, y se ensanchan las diferencias de clase. Con éste desarrollo capitalista en particular, además, se pone en riesgo el ambiente, la naturaleza y las fuentes hídricas.

Hay que ser crítico ante este panorama. El peligro que corremos con estas asociaciones irracionales, impensadas con los capitalistas hace ver como un riesgo francamente mínimo las amenazas de invasión o intervención por parte de Estados Unidos y las guarimbas de la derecha nacional. Por ser este un horizonte oscuro, y pincelado, planificado por el mismo gobierno. Un gobierno que se entrega el solo, sin que nadie lo empuje, al capitalismo no necesita ser invadido por gobiernos capitalistas (aunque sí podemos decir que estamos en presencia de una verdadera guerra "inter capitalista")

¿Qué hay de socialismo en todo esto?, hubiera preguntado Chávez. La derecha venezolana lucha por hacerse de todo aquello desarrollado por el comandante Chávez, en salud, educación, y en vivienda, viendo en todo esto un potencial negocio capitalista. Por el negocio de las privatizaciones, por convertir todo lo que para Chávez fue concebido como un derecho social, sin costo alguno, en una mercancía segura. Por otro lado, la otra cara del asunto es que lo que nos queda de socialismo es el resultado de las políticas adelantadas por Chávez antes de morir, para "pagar la deuda social". Y un poco de la consciencia colectiva que adquirió el pueblo chavista por defender esos logros, y la voluntad de querer avanzar para reducir las diferencias sociales de clase, de reducir la injustica social.

Sin embargo, en todo esto que adelanta el presidente Maduro ahora, retrocede la revolución. En vez de cambió, de verdadera ofensiva revolucionaria, solo se perciben políticas reactivas e improvisaciones: las primeras para captar divisas y seguir repartiendo dentro de una especie de "equilibrio social", y las segundas, para sostenerse el gobierno en el poder. Unas: la representa la entrega del país a los capitalistas. Y las segundas: la organización de los Claps; las promesas de ver algún día una luz al final del túnel (pero el horizonte es oscuro); esa cosa extraña llamada el carnet de la patria; los aumentos de sueldo y pensiones; y toda clase de demagogia, regalando taxis a cualquiera que se le atraviese al presidente en la calle. … (Un discurso encendido pero sin tocar jamás los intereses de los capitalistas, amigos o enemigos, pero todos conspirando por debajo de cuerda contra Maduro y su indestructible equipo de gobierno).

Al chavismo y al presidente Maduro solo nos queda volver al camino del socialismo, el camino de la independencia verdadera, que no es otra que trabajar nosotros mismos por la construcción del país que quiso Chávez para nosotros, en tanto que socialista; en lo material como en lo espiritual, descrito en el Plan de la Patria (original).

La independencia no es del FMI o del Banco Mundial; de los EUA o de las trasnacionales. La independencia ES del CAPITALISMO. Independencia política, económica, social. Pero sobre todo se trata de la independencia en el espíritu, en la consciencia, ser independientes culturalmente, poder pensar más allá del esclavo a los hábitos de consumo, del consumismo de fruslería, de nuestras insatisfacciones pequeñoburguesas.

La otra independencia como un país capitalista, la de ser una potencia industrial y comercial es pura paja; embelesos de pequeñoburgueses.

reverones@gmail.com



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Marcos Luna


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