La papaya que es sembrar

En un reciente spot publicitario transmitido por la televisión venezolana, el gobierno nacional promueve la siembra en cualquier espacio en la ciudad o campo con el slogan de "sembrar es una papaya" la iniciativa nos parece importante, sembrar en cualquier lugarcito que lo permita, por cuanto la agricultura es la madre de todas las ciencias y la que nos provee de todo cuanto necesitamos para la vida, alimento, abrigo medicina etc. La agricultura debe ser la prioridad en cualquier gobierno por encima de la educación inclusive, pues en ella se aplican todas las demás ciencias, podemos prescindir de un abogado, un ingeniero, un economista, por ejemplo, pero todos los días, tres veces al día necesitamos del agricultor, del campesino. Supone entonces que la agricultura y la atención al campo, debe ser el elemento primario de la acción gubernamental.

Tras la llegada de Chávez al poder, no ha existido gobierno alguno en Venezuela que le haya dedicado más recursos económicos al campo que este gobierno revolucionario, eso es verdad. Pero también es verdad que pareciera que tales recursos han caído en saco roto, por cuanto carecemos de la producción agrícola suficiente para el pueblo venezolano y no se perfila una salida más o menos cercana. No podemos seguir construyendo las políticas agrícolas desde la comodidad de los despachos ministeriales, bajo las conveniencias de las estrellas y las charreteras, sino desde el campo bravío y al lado del campesino curtido del trabajo. Alguien nos prometió hace algún rato, al asumir la cartera ministerial agrícola, que en seis meses resolvería la cuestión, y la producción agrícola se dispararía a niveles estratosféricos, pasado el tiempo la situación ha empeorado, no hay producción, no hay semilla y la que traen se pudre en los conteiner de la corrupción, Agropatria sigue su curso de ineficiencia y complicidad con el "bachaqueo", el organismo del café pareciera el enemigo de los campesinos que se dican a cultivo de este rubro agrícola. La realidad es que las semillas, los insumos agrícolas, implementos, equipos y maquinarias agrícolas, hoy son inalcanzables por los campesinos venezolanos. Un par de botas de goma no se baja de los nueve millones de bolívares. Por cierto, por qué no fabricamos los machetes, palas y escardillas, en la planta madre ubicada en Guanare o en SIDOR, en algún lado, no sé, en el INCES tal vez. ¡Es que ni machetes hacemos!

El que sabe de cultivar el campo es el campesino, a ellos deberían entregarle el ministerio agrícola y todo el arrebiate de organismos e institutos creados para atender a agricultura y al campesino, son tantos que no alcanzamos a conocerlos todos y cada uno anda por su lado, ni siquiera coordinan entre ellos para ser un poco más eficientes. Si queremos reivindicar el campo y el campesino confiemos en él y hagámoslo protagonista y conductor de las políticas y estrategias de producción agrícola. Cambiemos la premisa de que otros piensan y nosotros ejecutamos. Seguro estamos que con los campesinos al frente, no nos moriremos de hambre y tal vez se haga realidad la papaya de sembrar la tierra. Es la opinión de este campesino y conuquero, quien les saluda desde este maltratado pedazo de la tierra, Biscucuy.

 

toribioazuaje@gmail.com



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