"Soy inocente", dice coronel GN acusado por muertes del 11-A

Lo llaman “el muchacho” Gómez. Y tiene cara de tal. A sus 56 años ni una cana brilla en su cabello negro. Egresó de la Efofac en la promoción “Batalla de Carabobo”, de 1978. Pasó a retiro el año pasado. Desde que era subteniente trabajó en las cárceles, donde hizo carrera. En 2001, llega al cargo de Director de Custodia, una de las dos ramas de la Dirección General de Rehabilitación y Custodia del Recluso, cuya titular era la abogada Aurora Angarita. El 10 de abril de 2002, el ministro de Interior, Ramón Rodríguez Chacín, suspende del cargo a Angarita con goce de sueldo mientras se adelanta una averiguación administrativa.

Al día siguiente, jueves 11 de abril, el viceministro de Seguridad Ciudadana, general Luis Camacho Kairuz, uno de los oficiales de la GN que ese día se suman al golpe de Estado, nombra al coronel Juan José Gómez Angulo encargado de aquela Dirección General, con sede en la esquina de Bolero, vecina a Miraflores.

Según la Fiscalía, desde las alturas de ese edificio el coronel disparó hacia la concentración chavista. A pesar de haber sido imputado y luego acusado por crímenes contra cuatro personas (tres fallecidos, uno lesionado), el oficial se mantuvo seis años más dentro de la FAN, hasta cumplir su tiempo normal de servicio. Pasó un tiempo a las órdenes de la Comandancia de la GN y luego fue Jefe del Cuerpo de Inspectores de la Inspectoría General de la FAN, en Fuerte Tiuna. Una constancia de trabajo, firmada por el vicealmirante Manuel Alfredo Yánez, tilda de “excelente” su desempeño. La Fiscalía solicitó su privación de libertad, pero no se ha concretado la audiencia preliminar en el tribunal VII de control de Maracay.

 Tras la mención de su curioso caso en esta columna, pude establecer contacto con Gómez Angulo por intermedio de otros militares que, como él, sostienen su inocencia.

 Acudió a la cita con su abogado César Rodríguez Urdaneta y una copia del grueso expediente sobre las muertes de Nelson Zambrano, Luis Caro y Luis Monsalve y las lesiones a Antonio Navas, quien se salvó de milagro, pues una bala entró y salió por la base del cráneo la tarde del 11 de abril en los alrededores de Miraflores.

—La Fiscalía en su acusación no tiene elementos que puedan involucrarme como causante de esas muertes.

Desmientió lo declarado por el abogado Antonio Molina sobre pruebas de macerado que demostrarían que hubo disparos desde el edificio Bolero.

—El CICPC hizo un microanálisis de las paredes del edificio, del primero al último piso, y no lograron detectar residuos de pólvora. Los resultados están en el expediente. Fueron negativos.

—Dice el abogado que usted tomó el edificio.

—El 11 de abril me encontraba en diligencias personales y llegué a las 2:30-2:40 pm al edificio Bolero, que era la sede de mi despacho. Yo fungía como Director de Prisiones, adscrito al MIJ. Ya no había funcionarios allí, a excepción de 10 que prestan seguridad. Me mantuve hasta las 7:40 pm del 11. En ningún momento tomé las instalaciones. Mi propósito era mantener la seguridad del edificio, aunque desde la mañana la Casa Militar lo había tomado, y hacer contacto con todas las cárceles, bajo mi responsabilidad, para que no hubiera alteraciones ni fugas.

—La doctora Aurora Angarita, según el expediente, declaró que usted tomó el edificio.

—La doctora Angarita dijo al CICPC que yo había tomado las instalaciones y el parque de armas de la dirección el 11 de abril. Lo ilógico es que cuando llegué al edificio, ella ya se había ido. Ella lo dice al principio en un acta policial, pero después lo clarifica en declaración posterior. Hay una confusión. Nunca tomé las instalaciones, porque eran la sede de mi despacho. Ella no estaba allí.

—¿Estuvo usted comprometido con el golpe?

—Jamás. Lo que hice fue trabajar. Asumí la responsabilidad como Director de Prisiones. Me ubiqué en el piso 9, donde está la oficina de radio, los teléfonos, y estuve llamando a todas las cárceles. Hablé con los capitanes para decirles que no quería fugas en las cárceles, ya que el país estaba pasando por un momento difícil. Ese día no hubo muertos ni heridos en las cárceles.

—La Fiscalía pidió su privación de libertad. ¿Por qué no se ha practicado?

—He acudido al tribunal las cuatro ocasiones que me ha llamado a la audiencia preliminar, y no se ha dado, no por causa mía. Hemos cumplido. Y me mantengo a la espera. Estoy atento para acudir, como debe ser.

—¿Tiene su conciencia tranquila?

—Excelente… excelente…

La voz se le quiebra y los ojos amenazan con inundarse. Los ataja con un sorbo de agua.

—Mi conciencia está tranquila. No hice nada. Soy inocente. Me incomoda vivir esto porque me he dedicado 30 años a mi institución, la GN. Ahora estoy disfrutando de mi baja, pero pasando un momento difícil, porque me involucran en algo que no hice, y no sólo yo, que ya soy un viejo. Mis hijos, mi madre sufren más que yo. Pero juro por los restos de mi padre que soy inocente.

—Si es inocente, ¿por qué lo están involucrando?

—No sé qué pasó con los fiscales que llevan el caso. Fui imputado cuatro años después del 11 de abril. Me dijeron que no me preocupara, que era algo normal. Dos años luego de la imputación, en 2008, me sale la acusación, algo sorprendente. No sé si los estaban presionando para que enviaran ese expediente al tribunal, porque la acusación salió una semana antes del 11 de abril de 2008.

—¿Qué pasó con usted después del 13 de abril?

—Me mantuve como director de Prisiones. Después, el 16 o 17, la doctora Angarita volvió a recibir el cargo y hablé con el ministro Rodríguez Chacín para regresar a mi componente. Asumí como Jefe de la División de los Servicios Penitenciarios de la GN y en septiembre la Inspectoría General de la FAN me llamó a trabajar con ellos y permanecí allí 6 años. En los últimos cuatro ocupé el cargo de Jefe del Cuerpo de Inspectores.

—¿Ha sabido del general Camacho Kairuz? ¿Qué es de su vida?

—Él era viceministro y yo trabajaba en el Ministerio porque tengo experiencia en cárceles. Toda la GN me conoce como experto penitenciario. Fui comandante de las cárceles de Caracas y Miranda, comandante del destacamento 54 de El Rodeo, y por último director de Prisiones. Estuve trabajando como asesor del general Vasily Kotosky Flores antes de Camacho Kairuz. Como los militares no podemos negarnos, me fui a trabajar con él. Pasó lo que pasó, pero no sé qué ocurrió con el general. No éramos amigos. Simplemente era un subalterno y él mi superior.

El abogado César Rodríguez Urdaneta garantizó que su defendido acudirá a todas las citaciones a la audiencia preliminar las veces que sean necesarias. Las demoras, comentó, han obedecido a las dificultades de localización de las víctimas o sus representantes.

 En defensa de Gómez Angulo, el abogado afirma que el Ministerio Público incurrió en falso supuesto porque en su acusación “pone en boca de los expertos cosas que ellos no dijeron”.

—Allí se practicó un macerado de todas las habitaciones y no se encontró evidencia de que desde allí se hubiese disparado. El armamento del coronel se encontraba en el parque de armas de la Comandancia de la GN en El Paraíso y el arma asignada por el MIJ había quedado en su carro, en La Planta. Todo el armamento del parque de la Dirección de Custodia fue sometido a experticias y ninguno fue disparado. Ninguno de los funcionarios que lo acompañaron lo vieron armado o disparando. Dan fe de que se mantuvo comunicándose con las cárceles para evitar una fuga masiva, como la del retén de Catia el 27 de febrero de 1989.


columnacontralacorriente@yahoo.es

 



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Ernesto Villegas Poljak

Periodista. Ministro del Poder Popular para la Comunicación e Información.

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