África en América

La Negritud Sudamericana

La presencia de una entidad negra en la América es un hecho, una realidad histórica. Hecho que impacta nuestra humanidad, tanto en lo político-social, como en lo cultural. Hecho que ha dado paso, junto a otros factores, a la configuración de una entidad humana (Americana) sin precedentes en toda la Historia Universal.

Esa presencia parte de más de más de 15 millones los negros africanos que fueron cazados como bestias, arrancados de su tierra, vendidos como esclavos; alojados como mercancía y transportados en los vientres de los galeones con destino a los mercados del mundo, durante los años 1509 y 1890. De este total alrededor de 9,5 millones de distribuyeron en América. En el siglo XVI se recibieron 125 mil. El siglo XVII, 1 millón 391 mil. El siglo XVIII, 6 millones 51 mil 700. El siglo XIX, 1 millón 898 mil 400. El Caribe lo convirtieron en el centro de almacenamiento y distribución de esclavos.

Citemos tres circunstancias históricas que configuran un punto de partida de esta historia a partir de 1518-19. Primero, Las Casas pide a Carlos V sustituir a los indios por negros africanos para el trabajo en las minas. Segundo, Lorenzo Garreod, Gran señor y comerciante de la época, obtiene el permiso para introducir 4.000 esclavos en América. Tercero, los indígenas sudamericanos son diezmados por la epidemia de viruela que España exportó a la América. Su población desapareció por completo quedando el negro como la población determinante en las Antillas.

Estamos pues, frente a un hecho que da cuenta de la presencia determinante del negro y su inserción en la realidad sudamericana. Lo negro como atributo del hecho humano, como realidad histórico-social, como realidad cultural, como elemento constituyente de nuestro Ser Americano. Realidad conformada por un tronco común para todo el continente: ¡África!

La expresión de esa geografía física, humana, a pesar del tronco común, se nos muestra diversa, múltiple. El negro norteamericano, el negro antillano, el negro continental sudamericano, el negro de la montaña andina… Esa pluralidad se manifestó de manera específica desde los espacios que les sirvieron de asentamiento. Desde allí se expresaron en la danza, la poesía, la narrativa, la música, etc., medios de expresiones de una cultura y espiritualidad pertenecientes a una colectividad humana. Factores comunes y diversos que amalgamados con otros factores del espacio Americano conformaron la entidad de aquello que somos. Condición rica y al mismo tiempo compleja, díscola, para la comprensión de lo que hoy somos como entidad social y humana.

Como queda dicho, la presencia de la negritud es un factor constitutivo de nuestra realidad. Este es un hecho incuestionable. La cuestión política, ideológica, colonial, nos pone en otra perspectiva, la del rechazo y no reconocimiento de la negritud. Esa dinámica tanto institucional como cotidiana, producto del entramado ideológico tendido por el neocolonialismo en todo el entramado social, impacta los valores de nuestra identidad.

Tomemos un ejemplo, el diccionario. Negro y negritud son términos que determinan a un mismo ámbito, color y ente humano específico, determinado. Por un lado la definición primera se hace, según el Larousse, en base a la definición dada por Senghor, escritor senegalés. Primero, cuestión que no es cierta, dado que el término se crea en la primera parte del siglo XX y corresponde a Aimé Césaire, poeta martiniqueño. Esta ubicación histórica tiene sus connotaciones político ideológicas.

En todo caso la definición nos dice: "Condición de las personas de raza negra. Conjunto de los valores culturales y espirituales del mundo negro". Por supuesto, el concepto formulado por Aimé Cesairé va mucho más lejos, tiene una dimensión más amplia. Por otra parte, el término negro, que es mucho más antiguo, va a tener además de caracterizar lo que tiene ese color, se le asigna un sentido negativo: lo sombrío, lo oscuro; en otro lo lívido, lo magullado… Es evidente que el problema tiene un fondo discriminatorio profundo que ha penetrado el imaginario social. El racismo es estructural.

El reconocimiento es una categoría central en la historia de la negritud. Lo negro, como entidad humana no siempre fue reconocida en tanto que tal. Su reconocimiento, a través del tiempo y la lucha, ha quedado principalmente en lo formal. Cuestión lograda después de diversas batallas contra los extremos de la condición de segregación social, odios raciales, hechos discriminatorios, que llegan hasta hoy. Cuestión que no es otra cosa que la negación de la negritud como entidad humana. Su origen está en el grosero racismo actual de la Sociedad Moderna Occidental y Cristiana. No ha sido suficiente más de quinientos años de historia Sudamericana para ser reconocida la negritud de manera integral como entidad humana.

Nombrar lo negro, referirse al hecho de la negritud nos lleva, por lo general, a un terreno polémico, con matices ideológicos, dada la connotación que encierra el termino. En nuestra reflexión utilizamos el término negritud y con ello nos referimos al sentido dado por el poeta martiniqueño Aimé Césaire, en su poema "Cuaderno de retorno al país natal". Occidente como civilización reconoce el término, más no lo que implica esa realidad (1). El sentido dado por Césaire implica movimiento, destino, anticolonialismo. Término que nace en Paris, entre el movimiento de estudiante negros provenientes del África y del Caribe, cuyos países tenían todavía el estatus de colonias.

La vida esclava fue una a pesar que el modelo esclavista con sus variadas formas de explotación. Los ingleses consideraban al esclavo como un bien, un objeto de compra-venta. A diferencia de los otros colonialistas; no tenían tradición esclavista; por tanto, no tenían definiciones y leyes específicas para abordar la negritud. Su visión del hombre no contemplaba al negro africano como hombre, era un simplemente un objeto de compra venta.

Los españoles y portugueses poseían una tradición esclavista, que les hizo reglamentar esa "actividad", por tanto contabas con normas, leyes y definiciones. Consideraban al esclavo como humano, de menor rango o categoría que se podía esclavizar; en la práctica mantenía un régimen oprobioso e inhumano a pesar de las definiciones. Este hecho marca una de las diferencias entre el negro norteamericano y el sudamericano. El sistema de plantaciones estaba concebido sobre la explotación de mano de obra esclava. El esclavo era una pieza más del sistema de producción. Este hecho marco el centro de la lucha abolicionista y anti-esclavista; se reivindicaba el reconocimiento del negro como entidad humana, cuestión que se expresará en la primera novela antiesclavista cubana del siglo XIX.

La literatura da cuenta de este proceso que llamamos negritud, y lo hace de manera original, propia, mostrándonos la cotidianidad de la subjetividad humana; en este sentido, se diferencia de las ciencias sociales cuyo trabajo esta afincado en categorías referenciales para observar la realidad. La literatura, en su expresión de la negritud, es un proceso que se produce al interior del mismo desarrollo de la negritud. La narrativa de la negritud es pues, producto del desarrollo de ese sujeto social que representa el negro.

La historia de la literatura nos muestra, que por lo general, las primeras expresiones literarias han sido hechas por blancos y más tarde por los propios negros. Mariátegui al plantearse el problema de la literatura indigenista decía: "Habrá literatura indigenista cuando sean los propios indígenas quienes lo escriban"; sentencia que es válida para la narrativa donde la cuestión del negro está inmerso. De las primeras manifestaciones literarias, que nos llegan como narrativas de la negritud, encontramos varias de ellas situadas en la primera mi mitad del siglo XIX. Su contexto lo representa el movimiento antiesclavista, que se venía desarrollando, tanto en algunos países europeos, como en las colonias de Sudamérica.

La cabaña del Tío Tom, novela norteamericana, publicada por entregas en un periódico de Washington, "The National Era"; más tarde fue publicado en formato de libro en 1852. Su autora fue Enriqueta Breecher Stowe (1812-1896). Dentro de estas primeras narrativas encontramos a "SAB" (1841), novela cubana de la poetiza Gertrudis Gómez de Avellaneda, fue caracterizada por la crítica como la primera novela anti-esclavista sudamericana. Paralelamente a esta novela se desarrollo un movimiento literario en Cuba, del cual no formó parte la Avellaneda; movimiento que se aglutino en torno a la Tertulia Literaria de Domingo del Monte. De allí surgen varios escritores que abordan la temática, cuyas obras se difundirán hacia la segunda mitad del siglo XIX.

Debe destacarse que de este movimiento surge un poeta esclavo, autodidacta, que animado por Domingo del Monte, escribe lo que se considerará la única y primera autobiografía de un esclavo en Sudamérica. Fue presentada como documentación de denuncia de la situación de esclavitud, en un Congreso Internacional anti-esclavista, realizando en Inglaterra en 1840. Otras de las novelas resaltantes de este período de gestación de la literatura negra, lo representa Estela (1859), novela haitiana, considerada fundacional de la literatura haitiana. Su autor, aunque no vivió directamente los acontecimientos en el período de la revolución haitiana, vivió de cerca las consecuencias de esos hechos; y dada su postura política debió exilarse en Francia. Su autor fue Émeric Bergenud (1818-1858), quién la escribiera durante su exilio (2)

Estas expresiones de la negritud recorrerán todo el siglo XIX, junto a la dinámica indigenista, que corre en paralelo y a diferentes ritmos. Proceso que desemboca en el siglo XX conformando nuevos movimientos sociales con identidad y expresión propia. La explosión de los nuevos tiempos con la aparición del proletariado, tras la revolución rusa de 1917, determina esa amalgama social contestataria que recorre el siglo XX. Uno de los símbolos de este hecho lo encontramos en la literatura con la novela «Tungsteno» del poeta peruano Cesar Vallejo, donde vincula, donde fusiona, proletariado e indígenas en la lucha de los trabajadores en una mina.

Podemos decir que es un ciclo histórico que se cierra a mitad del siglo XX con la aparición en 1950 del «Canto General» del poeta Chileno Pablo Neruda, donde hace una síntesis de este largo proceso.

Notas:

(1) En el artículo anterior, aparecido el domingo 17 de enero he cometido un error, por el cual pido disculpas a los lectores. He atribuido la autoría del término Negritud Leopoldo Senghor político y escritor de Senegal (1960-1980); cuando corresponde al poeta martiniqueño Aimé Césaire, en su poema "Cuaderno de retorno al país natal". Error que ha sido señalado por el escritor Juan Montaño Escobar, quién nos ha escrito desde Ecuador a nuestro correo electrónico. (contextosytexto@gmail.com) Damos las gracias por su observación que nos permite evitar confusiones a nuestros lectores.

(2) El lector interesado puede visitar el blog; «americaseryliteratura.blogspot.com» donde hay un artículo sobre esta novela.



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Luis E. Villegas N.


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