Y llegó la comisión...

Ante el anuncio de una reforma policial en Venezuela, veamos que pasa hoy cuando la policía aprehende a un facineroso: Primero, los agentes que atrapan al delincuente casi siempre convienen con él y al recibir el dinero y algunas otras cosas de valor, lo sueltan. Segundo, el malandro, en contadas ocasiones, es llevado a la comandancia y allí se compromete a pasar cierta cantidad de dinero a los jefes policiales y lo sueltan. Tercero, el malhechor, ocasionalmente, es entregado a la fiscalía y allí negocia su libertad. Y cuarto, el truhán que por casualidad llega al tribunal allí también hace su ofrecimiento y va a la calle. Total, es muy escaso los bandoleros que son juzgado y de ellos ínfimo el número que son condenados por ir contra la ciudadanía y/o sus pertenencias.

El mantenimiento de los cuerpos policiales requiere una inmensa fortuna, esa enorme cantidad de dinero hace mover grandes negocios y en ellos intervienen, por una parte, los funcionarios policiales especializados en cada una de los ítems a negociar y una vez acordada esas negociaciones tienen que llevar el visto bueno de los jefes, por la otra parte, intervienen los expertos proveedores que ofrecen dadivas a quien sea y presionan con el objeto de llevar adelante y finiquitar las negociaciones. Ahora bien. ¿Por qué si cada año los presupuestos destinados al resguardo de las personas y sus bienes aumentan y hasta se doblan, la inseguridad se incrementa en todo el país? No le parece a usted, estimado lector, que aquí hay un círculo vicioso que parece no hay forma de cerrarlo, en cambio usted ve como ese agujero aumenta y aumenta de diámetro.

Para la fecha, septiembre de 2.006, la impunidad que existe con los facinerosos hace que éstos se multipliquen año a año y que cada vez se hagan más violentos, ésto quiere decir que el incremento de dinero en el presupuesto de los cuerpos de seguridad no es la clave absoluta para resolver el problema de la inseguridad, es más, mientras se aumenten los presupuestos habrá mayor cantidad de hampones de cuello blanco participando en las negociaciones para la compra de vehículos: motos, carros, camionetas, camiones, helicópteros, aviones etc., etc. Equipos: radios, centrales telefónicas, armas, municiones, granadas, bombas de gases, etc., etc. Vestimentas: uniformes, gorras, botas, zapatos, correajes, cartucheras etc., etc.; así como también en lo concerniente a los costos de personal, alimentación, H.C.M., seguros de vida y otros gastos recurrentes.

Sin duda que La Comisión Nacional para la Reforma Policial habrá de cambiar la academia y el procedimiento de actuación utilizado hasta ahora por la policía, así como también cambiara la estructura organizativa, si es se quiere obtener éxito en el combate de la delincuencia, y las autoridades policiales deberán estudiar nuevos esquemas, nuevas técnicas, nuevas reglas, etc., etc. y sobretodo deberá examinar y reevaluar los parámetros con que se mide la psicología y el elevado ingenio del malhechor venezolano. Sin embargo, es esencial el acercamiento de la policía a las comunidades, pues tiene que ganarse su confianza y lograr su cooperación, por cuanto son los vecinos los que mejor saben quienes son y donde están los malandros que viven a su alrededor; pero para alcanzar una verdadera participación de los líderes vecinales en las labores de seguridad ciudadana habrá que darles autoridad, adiestramiento, proveerlos de equipos de comunicación, resolverles las necesidades apremiantes de su familia y atender de inmediato sus alertas.

Sabemos que actualmente todas las autoridades venezolanas son complacientes y hasta privilegian a los delincuentes y si no se cambia este actuar, la angustia dominará al país y la vida decente será extinguida por el hampa. El Libertador Simón Bolívar vivió en su tiempo algo parecido a lo que hoy se vive en Venezuela por causa del malandraje y es por ello que escribe al general Pedro Briceño Méndez el 02-08-1.826: EN FIN, YO VEO UNIDOS A LOS MALOS Y LOS PERVERSOS DE TODOS LOS EXTREMOS PARA DERRIBAR LO ÚNICO QUE HAY BUENO Y SÓLIDO, DIVIDIR DESPUÉS ENTRE SI LOS DESPOJOS Y DESPEDAZARSE ÚLTIMAMENTE, SUMERGIENDO A ESTE PAÍS PARA SIEMPRE EN LOS ABISMOS.


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José M. Ameliach N.


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