Los Adecos y su infame actuar

Hace un poco más de 30 años gobernaba a Venezuela los adecos, es el Dr. Jaime Lusinchi desde comienzo del año 1984 el Presidente de la República y es bajo las riendas de ese gobierno, el 8 de mayo de 1986, cuando ocurre otra masacre ejecutada por cuerpos de seguridad del Estado, este suceso escalofriante por la inhumana forma de ser perpetrado, tiene lugar en una humilde población ubicada en el sector Barlovento del caserío La Vaca, en el actual Municipio Manuel Monge del estado Yaracuy; se trata de la conocida Masacre de Yumare. Solo 4 años después de haberse cometido la anterior y terrible matanza llamada la Masacre de Cantaura en el estado Anzoátegui, en la cual el gobierno solo reconoció 23 víctimas mortales, siendo en esa oportunidad el gobierno presidido por el copeyano Dr. Luis Herrera Campins. Ahora es en el gobierno del adeco Dr. Jaime Lusinchi, su Ministro de Relaciones Interiores Dr. Octavio Lepage, y el jefe de la Dirección de los Servicios de Inteligencia y Prevención, DISIP, el bachiller Henry López Sisco, cuando se vuelve a ejecutar una operación dirigida a erradicar grupos políticos de izquierda; opositores al bipartidismo nacido con el nefasto y criminal Pacto de Punto Fijo. El 8 de mayo de 1986, 9 dirigentes de organizaciones sociales fueron capturado y posteriormente asesinados por un comando de la DISIP, a las órdenes del tristemente célebre y deshumanizado comisario Henry López Sisco.

Una vez realizado la ejecución de aquellos 9 ciudadanos, el mismo comisario de la DISIP, López Sisco, informa que sus efectivos en un difícil enfrentamiento habían dado muerte, en la zona de Yumare, a un grupo de bandoleros; todos ellos pertenecientes a la guerrilla. Posteriores estudios realizados por expertos en criminalística, además de conseguir muchas muestras en contrario en el sitio donde dijeron los funcionarios de la DISIP ocurrió el enfrentamiento, demostraron que no hubo ningún enfrentamiento sino que todos ellos fueron asesinados a mansalva, un cruel ajusticiamiento, una masacre contra dirigentes sociales de la zona. Las incongruencias en las declaraciones de los ejecutores de aquella masacre permitieron detectar las mentiras y la confabulación para realizar la matanza. Los funcionarios de la DISIP al querer justificar el hecho alegando un enfrentamiento armado, el cual se habría producido cuando la comisión policial se desplazaba por un lugar boscoso donde fueron objeto de una emboscada por parte de los fallecidos, quedan desmentidos por las evidencias que revelan que en el lugar donde todos aquellos ciudadanos fueron ejecutados solo estaba poblado de vegetación baja, pastos y/o maleza, éstas de corta altura, ellos característicos de terrenos despejados y con buena luz.

De manera que no era ninguna zona boscosa como habían sostenido los funcionarios de la DISIP. Además, de acuerdo con las experticias practicadas en los morrales que portaban algunos jóvenes muertos en la acción, los objetos llevados en su interior no presentaron perforaciones por las balas, ni por alguna esquirla, a pesar de que varias de las víctimas presentaban orificios en la región dorsal de sus cuerpos. Tras los testimonios dados por los responsables de la masacre, muchos testigos declararon que las 9 personas asesinadas por el comando de la DISIP habían sido detenidas por esa misma comisión y golpeados frente a ellos, luego fueron montados en varios vehículos y se lo llevaron, ninguno de estos muchachos estaban vestidos con prendas militares sino con vestimenta de corriente uso por civiles, por lo que las ropas militares que vestían les fueron posteriormente colocadas, aparte de que las perforaciones que esas ropas presentaron no coincidían con perforaciones que los cuerpos presentaron. De manera que sin lugar a dudas aquellas ropas militares, algunas encima de las ropas civiles les fueron colocadas a las victimas después de muertas; con el propósito de presentarlos como un grupo guerrillero.

En un siguiente escrito se dará a conocer más datos sobre la abominable manera del regular comportamiento de los adecos, ello convencerá definitivamente al lector que esa es la razón de ser de su gente; los adecos.



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José M. Ameliach N.


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