¡Cómo los adecos matan a Alberto Lovera! (3/4)

No queda ninguna duda que en Venezuela cuando el Pacto de Nueva York, antes de cambiarle tácticamente el nombre con la finalidad de darle un poquito de dignidad a la negociación de repartirse entre ellos, Adecos, Copeyanos y Urredistas, los gobiernos que hubieren de allí en adelante, y para esconder un poquito la vergüenza que pudieren sentir estos sombríos políticos, escogen el nombre de Pacto de Punto Fijo. Como Punto Fijo, en Venezuela se conoce una ciudad ubicada al Noroeste del país en el estado Falcón, pero también es el nombre de la casa donde habitaba el Doctor Rafael Caldera Rodríguez, lugar seleccionado para montar el ridículo y nefasto show político, show que estuvo en escena durante 40 años, hasta que llegó un valiente e inteligente soldado que fue capaz de aglutinar toda la inmensa fuerza izquierdista que existió y todavía existe en Venezuela, a pesar del salvaje, feroz e ignominioso ataque de la derecha política venezolana, respaldada con todo el poder económico, político y cuerpos de mercenarios que sirven al gobierno de los Estados Unidos y también favorecido por los grandes empresarios de los medios de comunicación privados, locales e internacionales, que con una saña desmedida no hay día en que no se pongan de acuerdo y aparezcan en sus ediciones y programaciones televisivas y radiofónicas diversas falsas noticias, lo que ha influenciado grandemente en incentivar el odio en personas enfermas; que hasta llegan a preferir el país sea invadido por fuerzas militares extranjeras y ellas se encarguen de asesinar a todos los políticos chavistas. Bueno, habíamos quedado que fue en Venezuela donde se hizo el primer ensayo del plan perfecto, operándose la ejecución de más de 5.000 personas opositoras al régimen de Punto Fijo y cuyos cuerpos fueron desaparecidos, además de practicarse no menos de 10.000 torturas, experiencia que sirvió a la CIA para derrocar gobiernos progresistas; en Chile en 1973 y en Argentina en 1976.

Una vez interceptado por la Digepol el auto de Alberto Lovera, éste es llevado hasta la sede de ese organismo represivo ubicado en la urbanización Los Chaguaramos, lugar donde fue identificado por algunos presos que se encontraban en sus calabozos. Éstos y otros testigos confirmaron posteriormente que el vehículo de Alberto Lovera estaba escondido en el estacionamiento del sótano de ese cuerpo policial. El pueblo venezolano rápidamente se entera por medio del (radio bemba) del hallazgo de un cadáver en El Morro ubicado en el Oriente del país. El reportero José Ramón Bello sale para la sede del diario El Tiempo, ubicado en la calle Boyacá de Puerto La Cruz, encontrándose allí al periodista Argenis Marcano y le pide lo acompañe al lugar del suceso. Bello, que había ayudado al pescador a sacar el cuerpo del agua le cuenta como sucedió su intervención y luego en compañía de Argenis se dirige a la sede de la entonces Policía Técnica Judicial, PTJ, en el cruce de las avenidas 5 de julio y Miranda; en la ciudad de Barcelona. Al entrar a la delegación policial de inmediato le informa a un comisario, de nombre Líbano Hernández, sobre el hallazgo, explicándole con detalle la condición en que se encontraba el cuerpo, el policía sin dudar, expresa: "Eso tiene que ser un asesinato" La noticia se esparce como un reguero de pólvora en todo el país y María del Mar Álvarez de Lovera tiene el más horrible presentimiento de que ese cadáver era el de su esposo Alberto.

La sospecha de María del Mar sólo pudo ser confirmada cinco meses después, pero dos meses antes de la aclaratoria, en enero de 1966, María del Mar llega al cementerio de Barcelona y se entrevista con el sepulturero Francisco Rodríguez, quien al preguntarle, le indica dónde estaba enterrado el cadáver de quien el gobierno había hecho conocer como el ahogado, pues así fue identificado el cuerpo del hombre encontrado en la playa de El Morro. María del Mar temiendo el gobierno hiciera desaparecer el cadáver enterrado, solicita le hagan una placa de cemento que cubra todo el espacio que ocupa la tumba y le pusieran una cruz, hecha también de cemento; a la cual le grabasen el nombre de Alberto Lovera. El 3 de marzo de 1966, luego de diversas investigaciones y la incansable voluntad de María del Mar por lograr se haga justicia, el cadáver fue exhumado. El 7 de marzo la PTJ, con algunas pruebas científicas realizadas al cadáver, reconoce que él pertenece a Alberto Lovera. La autopsia confirma que el cadáver tiene las yemas de sus dedos cercenadas, que el rostro fue desfigurado, que hicieron desaparecer su dentadura a golpes y que habían roto casi la totalidad de sus vertebras.



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José M. Ameliach N.


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