Solidaridad con la Guardia Nacional Bolivariana

Frescos en nuestra memoria están los recuerdos que dejó la actuación en el país, la vieja Guardia Nacional, GN. Opresión, sangre y tiranía le caracterizaron cuando de aplastar al movimiento popular se trató. Su sola mención era suficiente, más que suficiente para decidir la suerte de algún tipo de protesta o de sus convocantes: o se huía para evitar el atropello físico, la prisión y hasta la muerte o se le enfrentaba con resentimiento y máxima rabia bajo riesgo de padecer con su brutal actuación. Los íconos de las rebeliones del 27 de febrero de 1989, 4 de febrero de 1992 y 27 de noviembre del mismo año recibieron la huella aplastante de ese cuerpo. ¡Ni se diga los múltiples eventos que de carácter político-popular fueron barridos en todo el territorio nacional, por órdenes de la burguesía que entonces la direccionaba! En ese sentido, que hablen los cementerios. En ellos reposa parte de aquellos finales fatales.

Pero llegó la Revolución, y por mandato de la historia lo hizo de la mano de un militar. De un uniformado que desde aquel “por ahora”, demostró claridad y compromiso con el respeto a los derechos humanos. Tanta, que la oprobiosa y extinta GN –como el resto de los cuerpos de seguridad– también debió bajo su conducción dar un giro en cuanto a sus propósitos y objetivos. Sin atrevernos a afirmar que representa el modelo definitivo, tampoco se puede ocultar que la moderna Guardia Nacional Bolivariana, GNB, se aleja de la propuesta ensayada hasta no hace mucho por la errada “institucionalidad” que le antecedió. Muy por el contrario de lo sufrido por la dirigencia de izquierda en décadas anteriores, la oposición y sus escuálidas marchas han recibido trato de primera por parte de estos funcionarios. Quien del cambio general dude que lance su mirada hacia los hechos en los penales de El Rodeo, lamentables, que aún se suscitan en el estado Miranda.

¿Que dónde está la diferencia? Pues, en que como dice el cantautor cubano Pablo Milanés: “La vida no vale nada si no es para perecer porque otros puedan tener lo que uno disfruta y ama”


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Ildegar Gil

Comunicador social

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