Tal vez en 300 años

Recién hablé con mi gran amiga, una venezolana quien hace casi 30 años salió de Venezuela para hacer su vida por fuera ya que aquí en este país, en aquel entonces (y todavía hoy), por ser mujer, una mujer que además creció en un rancho de zinc en pobreza, una mujer brillante pero sin título universitario, y por no tener ni apellido ni palanca, ni padrino, ni nada al estilo, y, por no ser una corrupta ni oportunista aprovechadora, jamás hubiera podido desarrollarse aquí en este país.

Finalmente, se quedó en Canadá donde llegó a ser la directora nacional de uno de los centros de desarrollo e investigación científico-médico más avanzados e importantes del mundo, y eso lo hizo sin tener un título universitario. Para poder hacerlo, ella decidió de no tener hijos (ya se ocupaba de un montón de personas de todas maneras). Imagínense, si ella se hubiera quedado aquí en Venezuela intentando avanzar en la vida, ciertamente la gente se hubiera burlado de ella por no tener hijos para “hacerla mujer,”--- además de burlarse de ella por ser pobre y sin apellido ni título universitario, una mujer sin futuro de acuerdo a la cuerda de sifrinos prepotentes y machistas que manejaban el país entonces (y hoy).

Recién hablé con ella (está en Canadá) y me contó que hoy, en solo 2 horas, se comunicó por teléfono con su banco para rectificar un asunto y para conseguir vía email una copia de uno de sus cheques. Hecho. También se comunicó con el gobierno para ver por qué todavía no le habían depositado a ella lo que ellos le debían (pagó demasiados impuestos). Corregido. Rectificado. Hecho. También recibió y llenó algunos formularios para empezar un nuevo contrato que paga muy bien trabajando desde la casa en toda confianza. Listo. Hecho.

Todo eso lo hizo en 2 horas.

Allí la luz funciona, el internet funciona, las instituciones funcionan, y las empresas funcionan generalmente en base a la honestidad y el respecto mutuo. La gente se mueve, y la gente en general cumple con sus responsabilidades, felizmente y de buena fe.

El otro día ella me dijo que mientras hacía un trabajo fuera de la casa recibió un paquete en su casa que contenía algunos teléfonos que ella había comprado en Amazon para sus familiares en Venezuela, pero ya que ella no estaba en casa, y así como es de costumbre en Canadá y en muchos países desarrollados y modernos del mundo, dejaron el paquete al lado de la puerta afuera, y nadie se lo robó. Era tarde cuando llegó a la casa, y el paquete estaba allí, completo.

(Pregúntenle a cualquiera que vive en Canadá, y verán que así es. Es difícil imaginárselo viviendo aquí en Venezuela donde por ejemplo, así como nos ha pasado tres veces ya, nuestros propios vecinos nos han robado nuestras tuberías de agua, dejándome sin agua. Imagínense qué harían con un paquete lleno de cosas nuevas recién compradas. ¡Ladrones!)

En Canadá, así como en casi todos los países modernos y desarrollados del mundo, el Estado funciona, la policía funciona, las cortes funcionan, la justicia funciona, y la gente ha aprendido --- en general --- que la viveza criolla, la corrupción, y el robo es malo para todos.

No sirve.

Con un profundo suspiro, mi amiga me dijo, “Ojalá sea así en Venezuela algún día … tal vez en 300 años.”

ADDENDUM

Esta conversación con mi amiga esta mañana me hizo pensar en lo siguiente:

La inmensa mayoría de los sifrinos --- la mayoría prepotentes además --- aquí en Venezuela le echan siempre la culpa por el desastre en el cual estamos viviendo, a los pobres, a Chávez, al Chavismo, echándoles (echándonos) la culpa por ser un montón de “ignorantes negros e indios, maleducados, borrachos, sucios, y delincuentes,” y cosas así, sin embargo, cuando nosotros los “ignorantes negros e indios, maleducados, borrachos, sucios, y delincuentes” mandábamos aquí al lado de Chávez entre, digamos, el 2004 y el 2012, el país funcionaba muy bien, mejor que jamás había funcionado en toda su historia para las mayorías, y aun mucho mejor que había funcionado antes cuando el país estaba controlado (como hoy) por las clases dominantes y los sifrinos que dicen ser “educados, inteligentes, y cultos,” quienes decidían (deciden) todo en secreto, haciendo pactos entre ellos a espaldas del Pueblo, “repartiéndose” las riquezas entre ellos, o sea, no “robándoselas” como harían los“ignorantes negros e indios, maleducados, borrachos, sucios, y delincuentes.”

Creo que de haberse continuado el proceso de Chávez, tal vez, dentro de dos o tres generaciones, con Chávez,  o con alguien parecido a Chávez en el poder, tal vez que se hubiera podido llegar al nivel de desarrollo social que ha existido en Canadá desde hace décadas ya, pero desafortunadamente, jamás sabremos si eso hubiera sido posible.

La oportunidad se nos pasó.

Hoy estamos otra vez en lo mismo que antes de Chávez, un país que no funciona para las mayorías, por nada, un país corrupto, destrozado, egoísta, repleto de ineficiencia y ladronaje en todos sus niveles, un país de palanca y apellidos, un país desgraciado, una sociedad en el piso, por debajo de cualquier tipo de modernidad y desarrollo humano, un país hoy liderado por los mismos sifrinos de siempre, esos sifrinos quienes se creen más inteligentes e importantes que los pobres “ignorantes negros e indios, maleducados, borrachos, sucios, y delincuentes.”

Lo que quiero decir es que el problema más grave que tiene y siempre tuvo Venezuela no son los “ignorantes negros e indios, maleducados, borrachos, sucios, y delincuentes,” sino los sifrinos prepotentes, racistas, y explotadores de las clases media y media altas de siempre, quienes excepto durante unos pocos años manejaron este país a su antojo con el típico malandraje, egoísmo, y corrupción de siempre, eso que tanto los describe a la perfección.

Por eso no se puede hacer las cosas aquí en Venezuela como se hacen en Canadá de dejar un paquete afuera al lado de la puerta de la casa sin que un vecino se lo robe, y por eso precisamente --- debido a esta cultura moralmente podrida ---  no se puede avanzar en una carrera desarrolladora sin tener palanca, apellido,  y títulos universitarios, y menos todavía si uno es mujer y pobre.

Tal vez en 300 años.

Bueno, no lo creo, ni en mil años, el cáncer moral está demasiado avanzado, y aun más ahora bajo el control del actual Estado venezolano, el cual en mi opinión está compuesto de la peor podredumbre de la humanidad.



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Oscar Heck

De padre canadiense francés y madre indígena, llegó por primera vez a Venezuela en los años 1970, donde trabajó como misionero en algunos barrios de Caracas y Barlovento. Fue colaborador y corresponsal en inglés de Vheadline.com del 2002 al 2011, y ha sido colaborador regular de Aporrea desde el 2011. Se dedica principalmente a investigar y exponer verdades, o lo que sea lo más cercano posible a la verdad, cumpliendo así su deber Revolucionario ya que está convencido que toda Revolución humanista debe siempre basarse en verdades, y no en mentiras.

 oscar@oscarheck.com

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