En Venezuela, sí hay fuego en 'el 23'

Noviembre 13 de 2005

La mayoría de las paredes del populoso sector del ‘23 de enero’, en Caracas, presentan grafitos alusivos a los movimientos revolucionarios de los años 60 y 70 en América Latina.
Fotos | El Pais

El octavo bloque, que debió construirse en la zona Oeste de Caracas, fue donado por el Gobierno venezolano a Cali, tras la explosión del 7 de agosto de 1957. Un sinfín de procesos sociales y comunitarios que se dan en el sector, permiten hoy en día comprender lo que está ocurriendo en el vecino país.

Por: Patricia Villegas. Especial para El Pais, Caracas

El 23 de enero es un populoso barrio al oeste de Caracas. Sus habitantes han vivido desde hace años con ideales socialistas. Entender sus posturas permitirá sin duda alguna acercarse a la actual realidad venezolana.

Sin caer en las polaridades que genera el actual mandatario venezolano, Hugo Chávez, hay un sinfín de procesos sociales y comunitarios que permiten comprender lo que aquí ha pasado.

Desde el exterior es difícil imaginarse que en este siglo existe un lugar como el 23 de Enero, plagado de mensajes, rostros y lecturas de los movimientos revolucionarios de los años 60 y 70 en América Latina.

Siempre hizo falta un edificio. El octavo bloque debió construirse en la zona Oeste de Caracas.

En el sector siempre se supo que ese bloque, había sido donado a un país que vivió una gran tragedia.

Lo que no supo Libertad Velasco, una joven caraqueña, es que el edificio 'número 8' está en Cali: se le llama 'el venezolano' y recuerda diariamente la explosión del 7 de agosto de 1957 en la capital vallecaucana.

Y es que el 23 de Enero, un sector habitado por 75.000 almas, fue ocupado inicialmente por campesinos, tras la caída de la dictadura de Pérez Jiménez.

Luego alrededor de los primeros siete bloques empezaron las construcciones irregulares que tapizaron la montaña con paredes pintadas de múltiples colores.

Nadie sabe con certeza, eso sí, cuándo empezó a arder con ideales revolucionarios, propios de los procesos políticos vividos después de la mitad del Siglo XX en Latinoamérica.

Pero allí surgieron y permanecen. Se le considera como un bastión, como una custodia del presidente Chávez y del proceso bolivariano.

ARDE EL 23. El metro de Caracas emerge a la superficie. Allí aparecen los rostros de venezolanos como Libertad Velazco. Ella, a sus 21 años, y sin ningún asomo de duda, sabe que su postura y trabajo han hecho parte del hoy que vive su país.

"Desde muy pequeña yo me interesé por las lecturas socialistas, 'al 23' llegaron guerrilleros de los 60, gente que tenía posturas políticas y que empezó a hacer trabajo con la comunidad", dice Libertad, una estudiante de la Universidad Central de Venezuela.

Sólo en estos barrios trabajan más de 140 organizaciones populares y grupos culturales y deportivos. Allí se ve la inversión por parte del Estado en las misiones.

"En la mañana se atiende la consulta, en la tarde el médico va a las casas, más o menos tiene a su cargo unas 250 familias. Todos esos médicos son cubanos", comenta Libertad quien hace poco dejó el sector.

Entre tanto, David Romero, quien hace parte del Colectivo Salvador Allende 'La Piedrita', sabe según sus propias palabras "que a esas misiones les hace falta profundidad".

Y agrega: "No la tienen por los chulos de la revolución, gente que atenta contra el proceso por priorizar sus intereses particulares".

Por eso, afirma Romero, "hay que raspar los huesos, para sacar el cáncer e inyectar el socialismo".

LA CUSTODIA. Desde 'el 23' se custodia geográficamente el Palacio de Miraflores, y no son pocas las veces en las que sus habitantes han estado en vigilia, protegiendo al presidente Chávez.

Justamente en el golpe de Estado del 11 de abril de 2002, desde allí se organizaron los primeros cuadros políticos que salieron a respaldar al Presidente.

"Primero con armas y luego no fue necesario, pues la gente supo que él no había renunciado, sino que lo estaban tumbando", recuerda David, y minuto seguido dice: "Coño!!!, es que nosotros somos el proceso".

HISTORIA PERSONAL. 'El 23' reúne a Simón Bolívar, José Martí, Salvador Allende, Fidel Castro y Hugo Chávez, en un sinnúmero de murales que son pintados por los colectivos de trabajo. En casi todas las calles está ese rumor de revolución.

Para las personas ajenas al proceso, resulta esclarecedor que con experiencias como ésta, lo que se da hoy en este país está lejano de ser una historia personal de Hugo Chávez y está mucho más cerca de ser el anhelo de gruesas capas sociales que ven en él la real posibilidad de cambio de su situación histórica de exclusión y miseria.

Sector favorito de Chávez.”A Chávez le gusta este sector como tú no tienes idea”.

Con esta frase David Romero, padre de dos hijas y quien está comprometido con el proceso, recuerda las veces que el Presidente venezolano, aún siendo candidato recorrió las calles de ‘el 23’ haciendo campaña.

La historia no oficial venezolana, narra que en este sitio se le protegió luego de su salida de la cárcel tras el indulto del entonces presidente Rafael Caldera.

“Nosotros mismos le prestamos seguridad cuando viene”, afirman habitantes de este sector, que es uno de los más visitados por las personalidades de izquierda que con mucha frecuencia arriban por estos tiempos a Caracas.

A esta revolucionaria y popular parroquia caraqueña se le conoce también como la ‘ciudad de los murales’, una forma muy eficaz de comunicación de los diferentes colectivos, que tienen un trabajo de más de dos décadas y que muestran una particular estética popular y urbana.

MURALES. En las paredes se pueden leer frases como:

“El revolucionario es el último

en beneficiarse de esto”.

“Construyamos la patria nueva”, colectivo La Piedrita.

“Tierras y hombres libres.

Inventamos o erramos”,

Coordinadora Simón Bolívar.

“Unidad, Unidad, Unidad, debe ser nuestra divisa”, Coordinadora Simón Bolívar.



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La fuente original de este documento es:
El País (http://elpais-cali.terra.com.co/HOY/INT/B1213N1.html)



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