Orgullo sin Estado: el grito rebelde de la comunidad LGBTI en la marcha en Caracas

29 de junio de 2025.- Este 28 de junio, cientos de personas de la comunidad LGBTI tomaron las calles en el Día Internacional del Orgullo, ondeando banderas arcoíris. Lejos del espectáculo comercializado que algunas capitales replican, esta jornada fue una denuncia colectiva contra el abandono estructural del Estado venezolano.

Movimientos sociales, colectivos autónomos y organizaciones visibilizaron en pleno asfalto una verdad incómoda: en Venezuela, amar fuera de la heteronorma, existir con un género disidente o exigir derechos sigue siendo motivo de exclusión, violencia e impunidad. "No hemos llegado donde soñamos, pero no vamos a parar", expresaron.

Un Estado ausente y una comunidad presente

Más allá del clima festivo, lo que se vivió fue una manifestación política de alto voltaje. Desde la prohibición de donar sangre hasta la falta de reconocimiento legal de parejas del mismo sexo, los derechos LGBTI siguen postergados por un Estado que se reclama popular pero margina a un sector históricamente oprimido. La movilización recorrió el este y centro de la ciudad recordando que las organizaciones sociales han tenido que asumir funciones básicas, como la salud preventiva, que debería garantizar el gobierno.

La violencia no es anecdótica, es estructural

La cultura del "chalequeo", el machismo y la transfobia se expresan en la cotidianidad como armas para silenciar, excluir o incluso asesinar. El Observatorio Venezolano de Violencias LGBTIQ+ documentó más de 460 agresiones en 2023, incluyendo feminicidios de mujeres trans. ¿Hasta cuándo los crímenes de odio seguirán siendo estadística sin respuesta? Frente a este panorama, el activismo no claudica.

Mientras el poder estatal actúa con indiferencia o se alía con sectores ultraconservadores, las ONG y activistas sostienen con esfuerzo y autogestión los hilos de una red de apoyo real. Freddy Salazar, de País Plural, lo resumió así: "Estamos defendiendo el derecho a vivir con dignidad, ante un Estado que se desentiende". Desde campañas de prevención del VIH hasta procesos educativos populares, el activismo LGBTI demuestra que la solidaridad es praxis política.

Las redes sociales estallaron con mensajes de apoyo a la marcha, pero también con denuncias de represión simbólica y material. La comunidad LGBTI no pide permiso; exige transformación.

Caracas fue escenario de una consigna que atraviesa generaciones: sin justicia no hay orgullo. Las calles hablaron, como lo han hecho siempre los pueblos cuando se niegan a ser silenciados. Mientras el Estado siga ausente, la disidencia sexual y de género seguirá presente, organizada y combativa. Porque el Orgullo no es una efeméride en el calendario, es una trinchera de lucha.



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