Caracas, diciembre 9 - Hace 191 años (9 de diciembre de 1824), en la Pampa de la Quinua, en Perú, se libró la Batalla de Ayacucho, una ofensiva que se impulsó para consolidar la independencia de las naciones suramericanas.
Este capítulo de la historia suramericana enfrentó a un ejército patriota de casi cinco mil seiscientos hombres bajo el mando del General Antonio José de Sucre, contra las tropas realistas comandadas por el Virrey José de la Serna (con nueve mil quinientos soldados).
Sucre encabezó la batalla para la victoria pese a que seis días antes perdió la Batalla de Corpahuaico.
“Desde el día 4 de diciembre, ambos ejércitos marcharon separados por un abismo. Los patriotas pasaron por Huaychao el día 5, y el 6 llegaron sus avanzadas un poco más al norte de La Quinua. Los realistas tomaron la ruta de Huanta, por Paccaiccasa. El día 6 acamparon en Huamanguilla; la idea del virrey era cortar todo repliegue a Sucre. El 7 de diciembre, cada ejército hizo los aprestos para la batalla, tratando de encontrar la mejor ubicación. El día 8 hubo algunos choques entre las patrullas. Los realistas pasaron a las faldas del cerro Condorcunca y los patriotas quedaron en la Pampa de la Quinua. Esta pampa se ubica a doce kilómetros de la ciudad de Huamanga, conocida como Ayacucho. Es un área de suave declive que prolonga las faldas del cerro Condorcunca, montaña que se destaca en los Andes de esa región”, cita el portal Aporrea.com.
El 9 de diciembre, antes de iniciar la batalla, Sucre exclamó: “Soldados, de los esfuerzo de hoy, depende la suerte de América del Sur, otro día de gloria va a coronar nuestra admirable constancia, soldados, viva El Libertador, viva Bolívar salvador del Perú”.
Esta batalla significó el capítulo final para lograr la completa independencia del Perú y de toda América del Sur. El general Antonio José de Sucre fue honrado con el título de Mariscal de Ayacucho y Benemérito del Perú.
En la gesta de Simón Bolívar se describe esa famosa batalla en los siguientes términos:
Poco antes de iniciarse la gran batalla de Ayacucho, el general Antonio José de Sucre dijo a sus tropas: “Soldados, de los esfuerzos de hoy depende la suerte de América del Sur; otro día de gloria va a coronar vuestra admirable constancia. ¡Soldados!: ¡Viva el Libertador! ¡Viva Bolívar, Salvador del Perú!”-
Antes de las 13:00 horas, el ejército realista había tenido 1.800 muertos y los patriotas, 309. Los heridos del bando español sumaban 700, contra 670 de los patriotas. Estas cifras revelan que, en menos de dos horas de lucha, ambos contendores habían sufrido un 26% de bajas en sus efectivos. A las 14:00, llegó al campo realista un parlamentario de La Mar, ofreciendo al enemigo una capitulación honrosa. Canterac reunió en conferencia a los generales y, después de larga deliberación sobre su real situación, acordaron capitular, fundados en que “sólo les quedaban 400 hombres organizados, en la necesidad de amparar a los oficiales americanos realistas y en la conveniencia de poner a cubierto de futuras persecuciones a los españoles residentes en el Perú…”.
Al enterarse de la noticia de la victoria final, Bolívar, quien se hallaba en la Quinta de la Magdalena, su residencia de descanso a pocas horas de Lima, no pudo contener la alegría. Se despojó de su casaca y lanzándola al suelo, gritó eufórico: "Nunca más vestiré un uniforme militar". Toda la ciudad capital del antiguo Virreinato del Perú, ésa que Pizarro fundara el 18 de enero de 1535 con el nombre de "Ciudad de los Reyes", era fiesta absoluta. El retrato del Libertador Bolívar era paseado en procesión por toda la barroca ciudad, otrora poderoso bastión del dominio español en América. El Congreso del Perú reunido en sesión extraordinaria le concede al gran héroe de la jornada, general Antonio José de Sucre Alcalá, el título de Mariscal de Ayacucho y Benemérito del Perú en Grado Eminente.
Allí, en los campos de Ayacucho se selló la independencia del Perú y la de toda América que pendía de la derrota completa y absoluta del ejército español en la tierra misma del que fuera junto con Nueva España (México), el más poderoso virreinato de América. En Ayacucho derramaron su sangre, por igual, peruanos, venezolanos, colombianos, ecuatorianos, bolivianos, chilenos, argentinos, mexicanos y aún españoles creyentes en la causa de nuestra común independencia.