Robert White: Obama convirtió un "triunfo inminente" en una "derrota negociada" en Honduras

María Cristina Rivera, de 86 años, descansa afuera de su pobre vivienda de la periferia de Tegucigalpa

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Credito: Ap

Nueva York, 28 de noviembre. El hecho de que el régimen de facto haya logrado llegar al día de las elecciones en Honduras sin tener que ceder ante el repudio casi universal contra el golpe de Estado es en gran medida resultado de que Washington rompió con el consenso en América Latina, lo que justifica ahora como necesario para "defender a la democracia".

Pero el costo de esta posición del gobierno de Barack Obama es claro: ha dañado su afirmación de que representa una "nueva política" para América Latina tanto dentro de este país como en la región.

"Es triste contemplar la manera como el gobierno de Obama ha manejado tan mal un desafío en el cual contó con el apoyo de todo el hemisferio. No sorprende que el presidente Lula, de Brasil, lo haya acusado de romper su promesa de construir una nueva relación con Latinoaméricaa", dijo el ex embajador en El Salvador Robert White en el boletín del Programa Americas del Centro para Política Internacional, del cual es presidente.

"Convirtió un triunfo diplomático inminente en una derrota negociada" cuando a finales de octubre cambio su posición política al apoyar las elecciones incluso sin la restitución de Zelaya en la presidencia, rompiendo así con el consenso hemisférico, afirmó.

A principios de la semana, un alto funcionario del Departamento de Estado rechazó que el apoyo del proceso electoral implicara un giro en la política estadunidense. "Nosotros nunca cambiamos de política. Siempre sentimos que las elecciones necesitaban ser parte de una solución general"; y subrayó que "sea cual sea el resultado en Honduras, es muy importante que todos enviemos la señal que esto (el golpe de Estado) no es una manera aceptable de cambiar gobierno".

Pero justo es esa señal la que se está enviando, según analistas aquí y gobiernos latinoamericanos, que insisten en que apoyar las elecciones es una forma de "lavar" el crimen de la asonada militar.

Sin embargo, para los que justifican la posición estadunidense ésta es la mejor opción para la "democracia", estén o no de acuerdo la mayoría de los países en la región. Dichos argumentos fueron elocuentemente resumidos hoy por un editorial del Washington Post, que afirma que hay dos facciones en el hemisferio: una enfocada en "restaurar la democracia" en Honduras a través de apoyar las elecciones, y otra cuya prioridad es la restitución de Zelaya. El Post opina que "para bien, el gobierno de Obama está encabezando el apoyo para la opción democrática, aunque eso implica desviarse de su política de buscar el consenso con los grandes poderes de la región".

El rotativo argumenta que los hondureños, según encuestas, no apoyan a Zelaya, "quien abrazó el populismo izquierdista de Hugo Chávez" y buscaba "seguir el modelo venezolano de desmantelar instituciones democráticas".

En torno a la oposición no sólo de Venezuela y "sus satélites", sino de Brasil y otros gobiernos en la región, el Post afirma que "la lección de la crisis hondureña es que Estados Unidos no siempre puede promover tal multilateralismo y también apoyar la democracia. Demasiados gobiernos latinoamericanos están más interesados en apoyar a líderes que comparten sus inclinaciones políticas que en respaldar al imperio de la ley... En vez de rechazar su intento para nulificar el voto democrático de Honduras este domingo, el gobierno de Obama ha tomado una posición relativamente aislada y correcta".

Este argumento es casi exactamente el promovido por Lanny Davis, el cabildero estadunidense de mayor perfil contratado por los aliados del régimen de facto en Washington, ex abogado del presidente Bill Clinton y amigo de su esposa, la secretaria de Estado Hillary Clinton. En un articulo de opinión publicado el 9 de noviembre en el Wall Street Journal, Davis abogó por que el gobierno de Obama reconociera la elección en Honduras como única vía para resolver la crisis en ese país. Afirmó que Zelaya deseaba ser reinstalado antes de las elecciones para poder descarrilar los comicios, y con ello declararse “presidente ad infinitum, justo lo que intentaba hacer cuando fue derrocado en junio”.

Davis dice que "el gobierno estadunidense necesita insistir en la implementación del acuerdo y endosar los resultados de las elecciones presidenciales del 29 de noviembre verificada por monitores internacionales. Una vez que eso ocurra, el señor Zelaya será irrelevante; una nota al pie como un presidente que creía que estaba por encima de la Constitución".

El gobierno estadunidense está enviando observadores del Instituto Nacional Democrático y del Instituto Republicano Internacional, pero organizaciones reconocidas de observación electoral, como el Centro Carter, decidieron no enviar observadores por falta de condiciones apropiadas. El Miami Herald reportó que más de 300 observadores del sur de Florida, incluyendo exiliados cubanos, están viajando a Honduras para monitorear la elección, al "adoptar a Honduras como su causa".

Una delegación llamada "Comité de apoyo para la democracia en Honduras" salió de Miami el viernes a Tegucigalpa representando algo llamado Asamblea de Resistencia conformada de unos 50 grupos dentro y fuera de Cuba, y declaró que su meta es "ver una elección libre y democrática".

La legisladora republicana cubanoestadunidense de Miami Ileana Ros-Lehtinen afirmó esta semana que "sin retroceder ante las maniobras destructivas de Zelaya y la influencia indebida de entrometidos extranjeros, las instituciones y entidades democráticas han tomado todas las medidas posibles para asegurar que estas elecciones sean libres, imparciales, democráticas y transparentes. Estoy complacida porque Estados Unidos permanece en apoyo de las elecciones del domingo y espero que otros también otorguen su apoyo".

Para la derecha estadunidense, señala Mark Weisbrot, copresidente del Center for Economic and Policy Research en Washington, Honduras, en sí, no les importa más que fue el lugar donde decidieron que podrían golpear a los movimientos electorales de izquierda en la región y lo que caracterizan como un complot de Caracas-La Habana-La Paz en las Américas. "Honduras fue el eslabón más débil", comentó en entrevista con La Jornada, y por ello montaron la campaña que por el momento parecer haber tenido éxito.

Para Obama, uno de los costos de esta decisión es la desilusión en América Latina. "De verdad pensaban que él iba ser diferente. Pero esas esperanzas fueron destrozadas a lo largo de este verano", opinó Julia Sweig, analista sobre Latinoamérica del prestigioso Consejo de Relaciones Exteriores, en entrevista con el New York Times.


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