“Salir de Europa es darse cuenta del tedio en que nos tienen sumidos
para que no pensemos de manera crítica, dejemos la cultura en manos de
una élite y no nos apasionemos por nada ni por nadie. Así que ¡viva el
pueblo de Venezuela, carajo!”
Eloy Pardo es periodista y trabaja en El Debat. Según cuenta, no
siempre ejerce el periodismo idealista que quisiera practicar pero
trata de sobrevivir dignamente en un mundo adverso. No es poca cosa ni
es un objetivo marginal. Y creo, por lo que sé, que lo hace muy bien.
Como a los buenos intelectuales comprometidos, le interesa la economía
y forma parte de la Comisión de Ética Profesional del Col.legi de
Periodistes de Catalunya.
Pardo estuvo en Venezuela en el verano de 2008. Allí impartió una
conferencia sobre economía española y la situación de varios asuntos
relacionados en un Ministerio venezolano. Participó igualmente en un
coloquio de Vía Campesina y en unas jornadas sobre Simón Bolívar y José
Martí en la Universidad Bolivariana de Venezuela. Además, y con sus
propias palabras, “viajé por el país: subí a pie el Roraima y me bañé
en la bella Adícora. Venezuela no resulta tan peligrosa como se suele
decir”.
Ni que decir tiene que Eloy Pardo piensa (críticamente) con su propia
cabeza. La entrevista es prueba de ello. Curiosamente (o no tan
curiosamente), uno de los nombres de guerra de Francisco Fernández
Buey, uno de los más admirados luchadores antifranquistas comunistas
catalanes, fue “Eloy”.
Empecemos si te parece haciendo un poco de balance. De estos diez años
de revolución bolivariana, ¿qué es lo que te parece más destacable?
Quisiera remontarme a mi experiencia personal. En 1999, con 19 años y
siendo estudiante universitario, escuché los primeros elogios hacia
Hugo Chávez proviniendo de una profesora mía, la arqueóloga Maria
Eugenia Aubet, quien hizo un comentario muy fino sobre el nuevo –y
desconocido entonces—presidente de Venezuela. Ella lo alabó porque le
había escuchado citar a Antonio Gramsci, un marxista maldito que casa
con las corrientes más rebeldes del comunismo. ¡No sabe Aubet cuanto
hizo ese comentario suyo en favor de mi politización de conciencia y,
en la medida en que puedo, de acción!
No está mal para empezar, querido Eloy, nada mal.
Así que ése fue mi primer recuerdo político de Chávez. Y realmente, no
fue hasta el golpe de 2002 en que toda la izquierda se da cuenta de la
importancia de esa Revolución y del peligro que suponía para el
correcto orden neoliberal, en su apogeo ideológico por aquellos días.
Las conversaciones con amigos míos sobre aquellos hechos, son
imborrables, también. Eran los años duros de la última hegemonía
conservadora. Finalmente, en 2008, piso por vez primera ese país –-con
voluntad de descubrir lo máximo que pueda-- y tras un intenso mes allí
destacaría algo bien simple: hay mucho nivel político y humano en el
Gobierno, en el pueblo y en los partidos que conforman ese proceso. Y,
también, un bajísimo nivel cultural en la alta burguesía, cosa que
puede y debe ser una ventaja para las otras dos capas sociales, cuyos
representantes están hoy en el poder en Venezuela. Finalmente, la
personalidad venezolana, aunque suene a tópico decirlo, es cercana y
cálida, ávida de conocimientos. Elementos, en fin, muy revolucionarios
en tiempos desapasionados, en los que prima una hipócrita frialdad, en
Occidente.
Salir de Europa es darse cuenta del tedio en que nos tienen sumidos
para que no pensemos de manera crítica, dejemos la cultura en manos de
una élite y no nos apasionemos por nada ni por nadie. Así que ¡viva el
pueblo de Venezuela, carajo!
Tú mismo has hablado en alguna ocasión de socialismo a contracorriente.
¿Crees que la revolución bolivariana es una revolución socialista? Si
fuera el caso, ¿por qué a contracorriente? ¿En qué sentido?
Es una revolución socialista porque en su discurso público lo anuncia:
se ha hecho una reforma agraria parcial e interesantes reformas de la
propiedad económica y de la producción, aportes mixtos. Lo que parece
claro es que, entre el decir y el hacer puede haber una enorme
distancia, pero en Venezuela se percibe claramente un pulso de las
mayorías subalternas a las minorías privilegiadas. Hay un Gobierno,
además, que está metido en el proceso de ir construyendo una síntesis
de esas luchas en todo el país, a través de leyes emancipadoras y
acción social. Pero todo ello no significa que el sistema haya cambiado
por completo. Me remitiré a las palabras que le dijo Chávez a José Luis
Rodríguez Zapatero, el pasado verano, en visita oficial a Mallorca (y
con nuestro presidente poniendo cara de póquer): “La de Venezuela es
una revolución que tiene los mismos objetivos que las que se hicieron
por las armas, en épocas anteriores; pero con la diferencia de que es
pacífica”. Es decir: educación, sanidad, igualdad de condiciones, pan,
paz y tierra. ¿Le quita valor, el que no haya una guerra? En absoluto.
La guerra existe, hay una lucha muy fuerte. Además, ese país está
amenazado de verdad y personas concretas lo están también, por parte
del “terrorismo internacional” (es decir, el financiado por los
intereses del Norte). Recordemos el asesinato del fiscal Danilo
Anderson, por ejemplo. O las listas negras del golpe de Estado del 11
de abril de 2002, de las que poco se ha dicho en el plano internacional
pero que estaban compuestas por miles de personas! Si en Venezuela no
estuviera pasando algo, ninguna de estas intrigas tendrían lugar. El
poder es un asunto delicado y muy serio que ha estado en manos de las
mismas manos durante siglos.
En el plano internacional han ido a contracorriente durante años,
porque hablaban de Revolución de manera aislada, tras muchas décadas en
las que no había habido ninguna revolución en el mundo. Hoy son un
ejemplo que siguen Bolivia, Ecuador y hasta me atrevería a decir que
Brasil se siente tentado también, por no citar lugares como Timor
Oriental, Nepal, o muchos Estados indios, que se ven reflejados en la
vía socialista de Venezuela, basada en principios humanistas,
igualitaristas e historicistas, con aportes heterodoxos del marxismo.
En América Latina, cuentan con una historia marcada por libertadores y
legendarios hombres que viven en el subconsciente colectivo,
transmitido de padres a hijos casi por arte de magia. Bolívar, Tupac
Amaru, los cimarrones, los mambises, el Doctor Francia, Toussaint
Louverture, Jacobo Arbenz, el Che y Fidel, Maurice Bishop… Al respecto,
vi una excelente exposición sobre Zapata en el Museo de Bellas Artes de
Caracas. Y vi también otra en la ciudad de Coro alusiva a los sucesivos
cambios en la bandera venezolana, una enseña que nació de la libertad.
La Revolución bolivariana introdujo en ella cambios significativos,
como poner el caballo blanco del escudo a cabalgar hacia la izquierda.
¡Nuevo país, nueva bandera!
¿Crees que existen contradicciones fuertes en el seno de este amplio movimiento de transformación social?
Evidentemente. Y quisiera señalar que ello tiene que ver con que dentro
del propio país, el proceso va realmente a contracorriente. Hay mucha
gente que no cree demasiado en la Revolución, que no tiene base
ideológica para ir más allá del eslogan. Es evidente, también, que la
imagen que tenemos del socialismo son avenidas con pocos coches,
ausencia de pequeño comercio, publicidad inexistente y avenidas con
bloques de geometría igual. Al llegar a Venezuela, uno se pregunta
dónde está el socialismo. Grandes anuncios de Pepsi, caos circulatorio,
mercadillos a tutiplén, desastre urbanístico, centros comerciales como
los de cualquier ciudad del Norte, taxistas con pistolas trabajando de
chulos full time, problemas en los servicios públicos…el Sur del mundo
capitalista. La Revolución trabaja con todo esto y en realidad no tiene
por qué centrarse en parecerse a modelos anteriores, sino en hacer su
propia vía. El modelo de ciudad a construir, para terminar con la lacra
de los ranchitos –verdadero problema social—no es una arquitectura como
la del extrarradio de París o de cualquier ciudad del Norte, sino otra
de nuevo tipo. Ojalá Oscar Niemeyer haya creado escuela en América
Latina: las bases de una nueva arquitectura al servicio de una nueva
vida están echadas. Caracas necesita un Plan Cerdá como el de Barcelona
en el siglo XIX. Ejemplos de urbanistas utópicos los hay a mansalva.
Precisamente, conocí a un estudiante de urbanismo venezolano y le hablé
de Ildefonso Cerdá y su Teoría General de la Urbanización, así que
espero que la lea y la aplique, si algún día puede: es un estudio
excelente para mejorar la vida del proletariado.
El problema es de clasismo: la burguesía quiere a la mugre bien lejos
de su vista. A mi me resultó muy interesante moverme en algún momento
por los barrios más pudientes, desde los que se observa, por la noche,
el cinturón de barracas que circunda esa capital. La gente de los
barrios ricos vive en un auténtico ghetto: Carabobo es un reducto de
gente que detesta la idea de que las masas que les rodean se estén
moviendo hacia algún lugar más libre y lleno de conquistas. Los
prefieren lumpenizados: de hecho, en las elecciones de noviembre, la
derecha ganó en Petare, una barriada muy conflictiva en dónde, si las
misiones sociales no llegan con potencia, abonan el terreno a la mafias
más reaccionarias.
Pero es interesante observar que esta Revolución nace como todas: de
una unión entre la gente condenada a vivir en ese urbanismo hijo del
modelo clasista y una clase media formada con conciencia. De los
barrios pobres emana una fuerza de principios y conductas éticas, en
dónde se denuncia la codicia que desata la ideología de la vida “a lo
grande”, todavía en boga en Venezuela. Esa ideología le impone al de
abajo lo que debe conseguir (y el cómo conseguirlo incluye vender
droga, armas y condenarse de por vida). Me conmovió pasearme por el
barrio 23 de Enero o por la durísima Plaza Sucre y ver murales que
alertan a los jóvenes trabajadores para que no entren en según qué
círculos viciosos. Esa militancia de base, combinada con las misiones
educativas y sanitarias, y el desarrollo del Estado, con mejoras
públicas y mayor acceso al buen trabajo, le hacen un bien enormísimo al
pueblo pobre, a los más oprimidos.
¿Qué papel juegan los medios de (in)comunicación e inculcación
ideológica en este proceso? Algunos de esos medios decían últimamente
que Chávez asesinaba niños, practicaba la santería en un lugar secreto
de la selva y que además recibía financiación rusa. ¿Qué ha hecho la
revolución en este ámbito? ¿Hay avances?
Los medios de la Revolución son bastante inapreciables en la normalidad
cotidiana y últimamente leí declaraciones del anterior Ministro de
Información, Andrés Izarra, en las que se queja de que ningún acto
popular de masas –-la conocida y repetida foto de la marea roja-- era
retransmitido por las TVs privadas. No es de extrañar; lo extraño es
que tales medios aún sigan impunes a pesar de haber apoyado golpes
contra la legalidad. Los medios revolucionarios o, simplemente,
honestos, apenas asoman en un nivel profesional y competitivo, en el
sentido de llegar a todo el mundo y de tumbar a los medios de
comunicación hegemónicos, a la prensa amarilla y la radiotelevisión
corporativa y globalizada que conquista todo el espacio radioeléctrico.
La Revolución hace cosas: dispone de un par de canales televisivos,
como la muy interesante Tves —que emite producciones independientes— o
la interesantísima Telesur que ambiciona ser una CNN de América del
Sur. Las agencias de noticias y radios nacionales están también ahí.
Pero quizá le falte mayor incidencia y quizás menos estatismo, defecto
este que es universal en casi todas las corporaciones públicas de
radiotelevisión.
Existen publicaciones que a pesar de tener un apoyo en difusión del
Gobierno revolucionario no dejan de ser cuasi-clandestinas: revistas
como Question o Ko’Eyu. También se emiten publicaciones de difusión
rápida, tipo flyer. Me llegó a las manos uno que explicaba cómo el
Gobierno combate a la “guarimba económica”, es decir el mundo de los
precios y no el del valor real de las cosas. Son interesantes productos
que no se distribuyen masivamente y que no se venden en los quioscos,
copados por diarios sensacionalistas, grandes rotativos frontalmente
opuestos al Gobierno -–excepto el aceptable y simpático ‘Últimas
Noticias’, que ofrece matices e informaciones de interés—.
Frente a esto, al encender la tele o acercarse al quiosco, uno puede
apreciar que existe un panorama hegemónico desquiciante, lleno de
voceros y presentadores sin ningún tipo de ética profesional. Las
típicas teleseries y la prensa amarilla y rosa, amplificando supuestos
escándalos y dando comba a la paranoia social juegan su papel
aculturador. Mandan todavía. Pero van a menos, puesto que uno puede
repetir mil veces una mentira: pero también retratarse mil veces a ojos
de una sociedad muy cansada de escuchar a diario lo mismo.
Pero siguen teniendo influencia entre la ciudadanía…
Sí, desde luego, crean influencia. Es todavía normal encontrarse con
gente de clase media –que se beneficia económicamente con la
Revolución-- que creen en sinsentidos o incluso deseen un golpe de
Estado. Es un país profundamente norteamericanizado –en el peor
sentido, no en el bueno-- durante décadas. Venezuela fue el patio
trasero de Nelson Rockefeller, que incluso se construyó en Caracas un
hotel para su disfrute personal, el Hotel Ávila. Durante décadas, se
quiso construir una Venezuela parecida a las Petro-Monarquias árabes,
que deseaban esconder a los pobres debajo de la alfombra. Pero fue
imposible y ahora mandan los pobres.
En el ámbito de la democratización comunicativa, la Revolución tiene un
filón todavía a explotar, un combate a igualar urgentemente, aunque sea
de penalty y en el último minuto. Porque el panorama lo dominan unos
pocos medios afines a la visión del mundo que tienen los ricos, su
cosmovisión hecha de doble moral, mentiras, conspiraciones,
justificaciones baratas, maldad y publicidad. Competir con ellos
debería ser un objetivo prioritario. ¡Hay que llenar los quioscos y las
ondas de democracia verdadera! ¡En Venezuela, se puede!
Algunas voces, Juan Carlos Monedero entre ellos, han hablado de la
“oposición más penosa del mundo”. ¿Por qué? ¿Qué tiene de singular la
oposición venezolana? ¿No es hermana, por ejemplo, de la oposición
chilena al proceso allendista o la oposición nicaragüense a los
primeros gobiernos sandinistas?
Es muy inculta. Coincido con el compañero Monedero, a quien, por
cierto, tuve a bien conocer. Ello no es óbice para infravalorarla y
dejarse llevar por la burla brechtiana sin pasar a la acción, ni ir a
la batalla de ideas. No conozco, más que por la historia, la naturaleza
del pinochetismo o de la contra nicaragüense. Pero, sin duda, aquellas
oposiciones eran infinitamente más sangrientas y por lo tanto más
serias, preparadas y cohesionadas, en todos los niveles del Poder. Sin
embargo, la hoy “oposición” venezolana fue antes gobierno y, como tal,
reprimió tanto como en Chile, Argentina, Nicaragua o Paraguay. La
llegada de Chávez es fruto de aquellos años de enorme represión y
miseria: sólo hay que escuchar los excepcionales discos de “Alí
Primera” para darse cuenta de aquel grito de desespero social que había
en Venezuela, en donde a la pobreza se le sumaba la represión
practicada por Gobiernos semi-caudillistas y dictaroriales, hoy
oportunamente olvidados por la llamada “oposición”.
Quienes antes negaron toda clase de libertades de expresión y
manifestación, y hoy la tienen toda con sus medios de comunicación. Son
hoy “la oposición”. También conservan algunos resortes policiales,
capaces de reprimir a manifestantes cercanos al proceso. Una compañera
de la ciudad de San Cristóbal me relató detalles de esta realidad. Sin
embargo, su edificio político, social, militar y en parte económico se
vino abajo y sólo se mantiene en algunos reductos (barrios ricos).
Además, muchos se han ido del país, elemento a tener en cuenta.
Prefieren la vida supuestamente cómoda de Europa o Estados Unidos,
preferentemente de Miami, su verdadera Meca.
Teniendo en cuenta que, según ellos, Chávez se ha apropiado de los
niños y practica ritos vudú, es normal que tales ricos se quieran ir.
Yo también me iría.
¿Qué innovaciones económicas más importantes se han producido durante
todo este período? ¿Ha habido nacionalizaciones? ¿Hay control obrero en
las empresas nacionalizadas? ¿Se han disminuido sustantivamente las
desigualdades sociales?
En Venezuela, hay una ley de las 35 horas. Y las amas de casa cobran un
sueldo por ley. Es mucho más de lo que hay en Europa. No pude conocer
de primera mano todos los procesos de transformación económica. Pero me
informé, sobre todo gracias a un artículo extenso escrito por Luis
Vargas, del Ministerio de Planificación y Desarrollo. Sé que hay
diferentes variables; desde empresas del Estado a las de capital social
de tipo cooperativo o sociedades anónimas laborales. Hay una mezcla de
empresa privada, aún mayoritaria, con diferentes tipos de empresa
tendente a repartir los beneficios y las plusvalías. El objetivo
económico a corto plazo de la Revolución es un 33% del Estado, 33%
cooperativo y 33% privado.
En mi estancia en Caracas, coincidí con Miguel Riera y Elisa Nuria
Cabot, de la revista El Viejo Topo, que sí hicieron un viaje
propiamente dedicado a conocer la realidad obrera y sindical de
Venezuela, muy rica y dinámica. En mi viaje por el interior, pude ver
desde el autocar o el taxi grandes industrias nacionalizadas, como
Sidor, una planta enormísima de producción de acero que ya quisiéramos
para nosotros en nuestra “ejemplar” economía de servicios y finanzas.
Observé también ejemplos de cartelismo gráfico revolucionario,
anunciando tales nacionalizaciones con grandes fotos de trabajadores y
orgullosos lemas. Es decir, allí pasa algo. Los protagonistas son los
trabajadores, una fuerza revolucionaria creciente: se ambiciona crear
un gran sindicato socialista e independiente del Estado.
En Venezuela hay empresas básicas que han sido puestas en manos del
control público. Si se hace bien, no hay mejor control obrero que ése
en mi opinión. Y la forma de hacerlo bien es que el trabajador tenga
legislativamente más poder que la directiva que los administre, por lo
que los sindicatos deben incidir en ese punto. Además de PDVSA, antes
conocida como “el Estado dentro del Estado” y que necesita de un mayor
ejercicio de transparencia, el Estado ha comprado empresas de todo
tipo, también alimentarias. Es decir, la Administración pública
nacional existe y apoya con recursos a la producción no privada. En
otros países, parece ser que el dinero público sirve últimamente salvar
bancos y grandes empresas privadas –algunas de ellas, como es sabido,
anteriormente públicas-- en quiebra.
¿Cómo funciona el nuevo partido unificado? ¿Hay tensiones entre sus diferentes corrientes? ¿Prima la unidad?
El PSUV es un desafío y no hay una unidad perfecta porque en él hay
mucha pluralidad, lo cual es síntoma de riqueza. Sin embargo, allí ha
entrado todo el mundo, muchos revolucionarios, pero también gente con
intereses diferentes. En Caracas, leí un interesante artículo de
Alberto Müller Rojas, alma mater de esa formación, en que decía que
gestionar un partido con 5 millones de personas afiliadas era poco
menos que una quimera.
De momento, parece que ha habido entrismo de gente que de la noche a la
mañana se han convertido en “revolucionarios por conveniencia”. Existe
el fenómeno de la “boliburguesía”, que es esa parte de la burguesía
venezolana que apoya a Chávez porque de alguna manera obtienen paz en
sus negocios a base de no oponerse paranoicamente a todo el proceso de
cambio social. Hay sectores del proceso que apuestan por “tocar” a esa
burguesía, con más impuestos, más cotos laborales, haciéndoles cumplir
con los derechos adquiridos por los trabajadores. Y otros que no
quieren tocar a esa boliburguesía.
A pesar de lo visto, leído y sabido, sectores de izquierda europeos
siguen sin estar entusiasmados con Chávez. Le acusan de populismo,
rechazan su retórica política, sus largas apariciones televisivas, su
pasado militar, dan la razón al Borbón cazador-de-osos y emisor de
mensajes soporíferos, unánime y servilmente elogiados, en su
intemperancia verbal. ¿Qué opinas de estas reservas políticas? ¿Están
confundidos por entero estos sectores políticos europeos?
En los partidos socialistas hay muchos detractores del presidente de
Venezuela, aunque también algunos defensores. El PSOE aporta
experiencia municipalista y su apuesta de gestión por comunidades
autónomas españolas tiene una cierta “querencia” en algunos sectores
venezolanos por su aspecto práctico. Extrañará, pero es así: los
socialistas pueden apostar por países que giran a la izquierda, siempre
que no tengan un trasfondo demasiado comunista, que eso sí les da miedo.
Venezuela no está exenta del viejo debate –con puñaladas
incluidas—entre las corrientes de izquierda que, en resumidas cuentas,
yo dividiría en marxista (con varias corrientes), keynesiana y
nacionalista (la más fuerte, quizás, por su componente de liberación
económica nacional). El peligro es que el nacionalismo económico sea
también ideológico y conforme una ideología acrítica y encerrada. Hay
ejemplos en Venezuela de una deriva de este tipo, parecida al pujolismo
catalán. Existen los extremos: están quienes critican a la
“boliburguesía” y recuperan el “robespierismo” de la Revolución
Francesa: cortar 100 cabezas dentro de la Revolución y otras 100 fuera
de la misma, con el objetivo de mejorar todo el cuerpo social. Y están
los que ya lo ven todo perfecto y no admiten crítica.
Partiendo de la base de que las sociedades europeas han olvidado
algunos valores clásicos de la izquierda, resulta normal que no guste
que un militar progresista diga las cosas claras y por su nombre en el
contexto internacional. En los años 60, Chávez hubiera sido un ídolo en
Europa. Hoy, la banalización de su figura, como espectáculo, es la
imagen que se proyecta. Cierto que “Aló Presidente” contribuye a ello,
pero es un programa excepcional, una magnífica idea que muchos
dirigentes en Europa serían incapaces de hacer, porque carecen de un
buen discurso público y estilizan su figura para salir en los medios de
comunicación, camuflando obsesivamente sus imperfecciones.
¿Por qué se rechazó la reforma constitucional de finales de 2007? ¿Qué falló en ese proceso que parecía fácilmente exitoso?
Opino que se rechazó --por los pelos, eso sí-- porque la oposición hizo
muy bien sus deberes y dispone de muchos medios para difundir su
discurso. Y la Revolución carece de medios de comunicación para
explicar, con tranquilidad y sosiego, su programa, por lo que se limitó
al explicar de qué iba el cambio constitucional a la gente más
organizada. Como la llamada oposición tiene una serie de figuras sin
carisma y de oscuro presente y pasado, el PSUV ha sacado buenos
resultados, globalmente.
Cuándo se habla en Venezuela del socialismo del siglo XXI, ¿de qué de está hablando exactamente en tu opinión?
De algo capaz de entusiasmar a la gente, a los oprimidos, a los
explotados, a los que nunca tienen el protagonismo. De una combinación
entre Estado, empoderamiento económico, educativo y sanitario de los de
abajo, economía de carácter mixto y fuerza sindical. De un Presidente y
un Gobierno que aún escuchan diez años después de llegar al poder. De
eliminación progresiva de viejos cárteles comerciales y lobbys de
presión económicos. De oposición al unilateralismo del Gobierno de
Estados Unidos, que quizá cambie con el nuevo Presidente Barack Obama.
Los movimientos sociales del Bloque Regional de Poder Popular
latinoamericano (BRPP), las Escuelas científicas de “Scientists for a
Socialist Political Economy” y el portal
aporrea.org
se reunieron en Caracas los días 8-10 de octubre para dar a conocer el
Programa General de Transición hacia la Economía Política del
Socialismo del Siglo XXI en América Latina. Afirman en sus documentos
que ha llegado el momento de “transitar en forma democrática (por
mayorías) hacia una economía no basada en el mercado, el precio, ni la
ganancia. La implementación de la nueva institucionalidad económica
socialista no puede posponerse más, si queremos proteger los intereses
de la humanidad y de la vida en el planeta”. Entre sus propuestas,
perdona que me extienda, señalan que es necesario reconocer por ley,
con rango constitucional, que el trabajo es la única fuente del valor,
“tal como establecieron Adam Smith, David Ricardo, Karl Marx y John
Maynard Keynes”. Incluso desean otorgar a los trabajadores, también con
rango constitucional, el derecho de recibir el valor total creado por
su trabajo aunque ello no signifique que puedan consumir todo el valor
que producen porque habrá una deducción necesaria para cubrir los
fondos sociales para salud, educación y nuevas inversiones. Esas
deducciones, señalan, podrán cobrarse en forma de impuestos y serán
“decididas democráticamente por los ciudadanos”. Convertidas en ley y
aplicadas gradualmente, estas medidas eliminarán a media plazo la
ganancia del capital. ¿Estos son temas que ese están discutiendo
actualmente en Venezuela?
Sí, totalmente. Es muy necesario hablar de economía, analizar cambios
de paradigma económico, porque sino el discurso lo crearán quienes
defienden el lucro de los explotadores por encima de todo. Socialismo
es defender el reparto igualitario y que cada trabajador gane conforme
a lo que produce y trabaje libremente. En Venezuela, hay varios
ministerios de claro corte económico, lo que señala una voluntad de
aglutinar conocimiento, establecer recomendaciones y legislar en favor
de una economía socialista. En estos días dramáticos para el sistema
bancario del mundo occidental, en Venezuela se ha hecho un gran foro
abierto al público y a expertos internacionales para debatir sobre el
tema. ¿Se ha hecho algo similar en Europa, en EEUU? Somos países
enfermos, recalco. Incapaces de debatir colectivamente, de retransmitir
conocimiento e información más allá de lo que afirmen ese conjunto de
instituciones monetarias (FMI, BM, BCE, FED) que nos gobiernan.
Otra cosa que se discute en Venezuela es la cuestión de su territorio.
Si miramos un mapa, delante de Venezuela hay un conjunto de islas que
pertenecen de facto a Holanda, Inglaterra y Estados Unidos: son
paraísos fiscales, los antiguos Puertos Libres. Al Este, se halla la
Guayana, que es un Estado soberano que sólo tiene sentido anexionado a
Venezuela. Es una ex colonia inglesa que sigue amordazada por Londres.
Hay un conflicto allí, porque Caracas pide que forme parte de su
territorio, y en verdad que lo es sino fuera por una trampa jurídica
hecha por la colonia en el siglo XIX. Esas islas y este territorio son
una base de “vigilancia” perfecta para los amos del mundo, a costa de
sus necesitadas poblaciones.
¿En qué se ha concretado hasta la fecha la ayuda cubana a Venezuela? ¿Qué destacarías de la experiencia de “Barrio adentro”?
La pregunta debería ser al revés: ¿en qué se ha concretado la ayuda
venezolana a Cuba, en sectores clave? En Venezuela, Cuba ha hecho lo
que lleva décadas haciendo en varios países del mundo: una labor
humanitaria encomiable con profesores y médicos –profesionales, en
suma-- que deberían hacer todos los países del mundo, en lugar de
confiar esa ingente labor a precarias oenegés: frente a la ayuda “no
gubernamental” (deudora del mundo de la beneficencia), la ayuda
“gubernamental” entre Estados siempre será mejor si se hace con
justicia.
¿Cuáles son los ejes básicos de la política internacional de la
revolución? ¿Acuerdos con la Rusia de Putin, compromisos con la China
del capitalismo desbocado, negociaciones con Irán, una visión global de
América Latina y de Centroamérica? Por cierto, ¿qué opinas del proyecto
latinoamericano del presidente Chávez? ¿No es una simple quimera?
Aunque ni China ni Rusia ni Irán me gusten en muchísimos aspectos, se
trata de potencias menos agresivas que el tridente EEUU-UE-Japón,
puesto que se dedican únicamente a comprar y vender, a comerciar
bilateralmente, no unilateralmente. Internamente, podemos poner todas
las objeciones del mundo: nuevos ricos, teocracia, explotación,
maquiavelismo... Pero en el plano internacional, son actores
necesarios. Capitalismo desbocado es el que practican las potencias
atlánticas, que compran y venden mientras, eso sí, no dejan comprar ni
vender a los demás países, imponiéndoles sus productos y haciéndoles la
guerra. EEUU y Europa controlan las reglas de juego del comercio
internacional, impidiendo su democratización. Rusia y China juegan en
terreno adverso, pero juegan. Ninguna de sus industrias es invasiva por
cuanto sus propios países están penetrados por las industrias e
intereses occidentales.
Rusos y chinos vienen a hacer negocios bilaterales que mejorarán la
vida de la gente. También se fabrica un coche venezolano con tecnología
de Irán, país este que no refina petróleo y necesita conocimientos
venezolanos. China vende metros, trenes y raíles a un país por
ferroviarizar todavía como Venezuela. También ofrecen tecnología punta.
Y Rusia ofrece acuerdos con la OPEP, además de armas y sensación de
protección frente a la amenaza latente de la IV Flota de EEUU,
desplegada por vez primera en varias décadas.
Otra cosa es lo que sean ambos gigantes asiáticos a países a nivel
político: son regímenes bastante conservadores que no defienden a los
trabajadores. Nada que los diferencia de Europa o Estados Unidos. Pero
tampoco vendrán a imponer su modelo a América Latina, ni a impedir que
surja la nueva izquierda del siglo XXI, forjada en la conciencia de los
peligros que se ciernen sobre la vida humana.
Más bien pienso que, una vez más, es Venezuela la que puede beneficiar
a Rusia y China, en el sentido de influenciar políticamente a ambas
naciones. Esos dos países hace mucho tiempo que perdieron su energía
revolucionaria, el debate público e intercambio de ideas avanzadas que
hacen progresar las sociedades.
¿Por qué crees que Chávez ha apostado por una reorientación
estrictamente política de las FARC? ¿No se ha precipitado? Por lo que
sé ha habido netas críticas a su posición entre sectores de las
izquierda.
Daré mi opinión personal. Yo creo que Chávez tiene absoluta razón en su
llamado a las FARC para que empiecen a pensar en desmovilizarse.
Analicemos la situación colombiana. Está madura para un cambio, porque
el régimen corrupto y paramilitar de Álvaro Uribe sólo se aguanta por
la fuerza de la imposición. Netamente, imagino una Colombia con un Polo
Democrático en el Gobierno y con gente como Piedad Córboba sumándose a
los cambios que vive una región en la que sólo Colombia y Perú viven
fuera de la realidad, de una realidad de unidad económica y social.
¿No es la revolución bolivariana una revolución demasiado chavista,
demasiado centrada en un gran líder, cuyo valor y coraje nadie sensato
pone en cuestión?
La atracción por el líder es un fenómeno político-antropológico
extendido en todo el mundo. Sin embargo, la imagen de Hugo Chávez es
suficientemente potente e interesante y viene precedido por más gente
menos conocida. Chávez es muy básico: es cálido y humano en su
discurso, con quien merece dulzura. Y duro en sus misivas con quien
merece dureza. Y sabe citar, se le nota buen lector y buen actor. Yo
creo que sorprendió a todo el mundo con su programa televisivo ‘Aló
Presidente’, el de más audiencia en Venezuela, seguido sobretodo por la
oposición. A pesar de que resulte chocante, es una manera eficaz de
evitar el maquiavelismo y de que su mensaje e ideas lleguen tal cual.
¿Hay internacionalismo activo en el apoyo a Chávez y a la revolución
venezolana? ¿Qué sectores están apoyando activamente el proceso
bolivariano?
Lo hay. Pero es más bien inter-americano. En Venezuela, hay estudiantes
becados con el Plan ALBA, hay organizaciones como Vía Campesina,
Campesinos Sin Tierra de toda América Latina que tienen voz, voto y
espacios en Venezuela. Y hay miembros de sindicatos y partidos de
izquierda de Europa que van al país a conocer los interesantes cambios
que se dan e incluso trabajan activamente con el país. Además, a
Venezuela acuden jóvenes de muchos países del Cono Sur y de Centro
América. Lo pude comprobar de primera mano, en la Universidad
Bolivariana de Venezuela. Aparte, en 2005 hubo el Festival Mundial de
la Juventud, organizado por la Federación de la Juventud Democrática.
El discurso bolivariano no es baladí y recuerda bastante al discurso panárabe o panafricanista.
Y de tu reciente visita a Venezuela, ¿qué te ha interesado más? ¿Qué te
ha emocionado? ¿Qué te parece más criticable del proceso?
Me emocionó una charla que di en el Ministerio del Poder Popular para
la Planificación y el Desarrollo. Me emocionó conocer allí a una
estudiante paraguaya -–joven cercana al Presidente Lugo-- que me
ofreció la posibilidad de ir a unas jornadas de Vía Campesina en la
Universidad Latinoamericana de Agroecología Paulo Freire (IALA), junto
con estudiantes becados por el ALBA, cerca de Colombia, en Barinas. Me
emocionó que el día en Venezuela comience a las 5.30 de la mañana y el
país entero se ponga en pie con el sol, a trabajar con alegría. Me
emocionaron los Sin Tierra que conocí, sus ideas sobre la necesidad de
un retorno al campo y vivir una vida agroecológica, ideas que me
parecieron realmente alejadas de falso discurso verde y vacío pregonado
en Europa. Me emocionó, días después, un viaje a la Gran Sabana y al
Roraima, junto con otros excursionistas y guiados por indígenas Pemón,
que además llevaban la comida y las tiendas a sus espaldas. Una dura
faena.
Me emocionó conocer la Universidad Bolivariana de Venezuela, nuevo
proyecto universitario para los humildes y asistir allí a un concierto
de música afro-venezolana al final de unas jornadas comparativas sobre
Martí y Bolívar. Me emocionó intercambiar impresiones periodísticas con
el editor de la revista Ko’Eyu, Joel Atilio Cazal, y con el fundador de
TeleSur, Aram Aharonian, dos viejos guerrilleros de la comunicación,
que conciben esta ciencia social como algo vibrante y vivo, una manera
de hacer justicia y reflejar ese otro mundo existente, pero escondido
por los grandes emporios mediáticos.
Me emocionó un viaje en taxi por toda la costa occidental, desde
Adícora hasta Caracas, al borde del choque frontal o eso creía yo (¡un
hacha, el conductor!). Adoré Caracas, ciudad agradable en dónde se
siente el aroma del Caribe y de las pequeñas Antillas. Me emocionó el
pabellón criollo, un plato excelente de carne guisada adobado con
aguacate y frijoles. Me emocionó la música –-una salsa a menudo muy
profunda-- y ver lo bien que se lo montan los venezolanos y las
venezolanas a la hora de bailar. Y también los variadísimos zumos de
frutas, licuados al momento (me quedo con el “tres en uno”: naranja,
remolacha y limón). El café –llamado marrón allí— y el ron...
Me emocionaron los bellos paisajes del país, espectaculares lugares por
los que caminé, tan bien descritos en el Mundo Perdido de Arthur Conan
Doyle o en Visión de América de Alejo Carpentier. Me impresionaron
ciudades como Santa Elena de Uayrén o Ciudad Bolívar, en dónde el
pueblo llano vive en medio del calor húmedo, cogiendo busetas
(autobuses furtivos) con música merengue a todo trapo, mineros,
buscadores de oro, indígenas malviviendo vendiendo manualidades,
mujeres dispuestas, contrabandistas de moneda… puro realismo mágico.
Danton vivía y sentía el pueblo. En Venezuela, el viajero que quiera
vivirlo y sentirlo, lo tendrá abierto en todo su esplendor. Un
revolucionario que no sienta al pueblo, con todos sus vicios y
virtudes, no es revolucionario, ni está capacitado para saber qué es lo
que debe ser cambiado y qué mantenido.
En el otro lado de la balanza pondría, sin duda, la sensación de que la
ley bolivariana no llega a todas partes con la firmeza que debería
llegar, lo cual insufla vida y opciones a la corrupción. Aunque parezca
una futilidad, opino que en Venezuela se corre demasiado en la
carretera. Y el aire acondicionado de los autocares de línea es
sencillamente criminal. ¡Lleven una manta, si cogen uno!
Déjame finalizar con algunas preguntas acaso un pelín incómodas. ¿Qué
avances ha habido en tu opinión en el ámbito del movimiento de
liberación de la mujer?
En medio de un campo cultural todavía adverso, en el plano laboral hay
avances significativos como la ley que considera que la ama de casa es
una trabajadora con derecho a salario y cotización. Pero las mujeres,
en Venezuela, tienen hijos mucho más pronto que en Europa. Es común que
una chica de 20 años tenga un hijo, sobre todo entre las clases
populares y menos instruidas, pero no únicamente. El aborto está mal
visto; los anticonceptivos, también. Es un elemento que, quizás, se
corregirá conforme avance la igualdad de oportunidades.
También he percibido un cierto natalismo en el país, en el sentido de
dejar que una mujer tenga algún hijo cuando quiera. No como en Europa,
en dónde todo son condiciones adversas en ese sentido. En Venezuela hay
un tipo de machismo diferente del machismo del Norte. Yo creo que no
está tan basado en la dominación o la violencia física o psicológica
como en las sociedades del Norte. Allí todo es más simple, para bien y
para mal. No es infrecuente que un hombre haya tenido hijos con varias
mujeres con las que haya convivido. Se mezcla la mala planificación
familiar con una serie de tradiciones, la falta de uso de los
anticonceptivos y la idea de que tener hijos no está mal, cuando uno es
hombre y despreocupado, claro.
La figura del hombre que abandona el hogar, la mujer y el hijo es muy
común en el Caribe. Lo mismo que la figura de la madre sola con el hijo
y sin el padre, o de la mujer de cuarenta años sola y sin hijo. Quienes
tenemos otra concepción de las relaciones sexuales y amorosas –-aunque
quizás no llevemos el germen de la perfección – creo que allí podemos
llegar a ser venerados, porque nos ven ¡pensando que ejerceríamos de
padres igualitarios!
Por otra parte, muchas venezolanas se quejan de que sólo hay 1 hombre
por cada 7 mujeres, y que la mitad de ese hombre es homosexual. ¡Esa
broma la escuché varias veces! Y es consecuencia de la idea de que el
hombre no puede quedarse fijo en pareja. En España, lo llamarían
católicamente: familias desestructuradas. En América Latina, se le
llama sobrevivir día a día. Un machismo de diferente tipo, pues.
Las mujeres deben organizarse políticamente junto a los hombres para
conseguir felicidad y plenitud como ellos consensúen, pero con
servicios públicos que les aseguren educación igualitaria para sus
hijos e hijas y compatibilidad familiar-laboral, además de tiempo libre
que, como decía Marx, es el único elemento que permite desarrollar
plenamente las capacidades humanas. Sólo los ricos tienen tiempo libre:
es deber revolucionario arrebatárselo y repartirlo. Políticamente, la
mujer está siendo muy visible en la calle, en las manifestaciones, en
el Gobierno y en la Asamblea Nacional, presidida por Cília Flores.
En Barcelona, en la Fiesta Avant conocí brevemente a una excelente
diputada del PSUV, María Alejandra Ávila, ¡todo energía en una mujer
bien bajita! Y antes me impresionó Noelí Pocaterra, diputada defensora
de los pueblos aborígenes de Venezuela.
Finalmente, en el proceso hay muchas mujeres jóvenes implicadas en
movilizaciones y en trabajo social y en la creación de pensamiento
público, que suben a los cerros. Y están las mujeres de las misiones,
las profesoras y las médicas. Yo las vi y escuché.
¿Crees que el gobierno venezolano va a apostar finalmente por el uso de la energía nuclear?
La cuestión es establecer un sistema racional en todo el mundo, que
impida que unos derrochen energía y otros sigan con candelas. Se deben
diversificar las fuentes de energía. En América Latina, el nuclear
tiene un pequeño campo de desarrollo, aunque esperemos que de forma
limitada e inteligente. Creo que en todo ese continente hay 3 o 4
centrales, por 111 sólo en Estados Unidos y varias decenas en Japón,
Francia y Alemania. Es posible que se construya una central, aunque con
el sol, el viento y el agua que hay en ese país debería bastar para
producir y exportar electricidad.
Las plusvalías del petróleo, que han permitido hacer apuestas
importantes van a reducirse tras la bajada de su precio, a casi mitad
de lo que ha llegado a alcanzar. ¿Es un peligro para una revolución que
ha contado con fuertes medios económicos?
Es cierto que, según reflejan los datos macroeconómicos, el alto precio
del petróleo ha beneficiado mucho a Venezuela, le ha permitido repartir
riqueza y crecer económicamente en los últimos años. Pero el dinero no
es nada, en sí mismo, sin fuerza de trabajo que cree desarrollo. Si el
Gobierno consigue que toda Venezuela trabaje, con condiciones
absolutamente dignas y en sectores productivos, ese país tiene un
brillante futuro, independientemente de que haya crisis en los mercados
que más consumen. El desarrollo venezolano se debe basar, sobretodo, en
lo que la construcción de condiciones para la igualdad y en la
cooperación Latinoamericana que potenciará marcos comerciales,
bancarios y políticos que ya existen –la UNASUR, por ejemplo-- pero que
aún son poco profundos. Y quizás la apuesta por una moneda común deba
sopesarse rápidamente. Objetivo internacional: independizarse de EEUU y
Europa. Objetivo interno: un país que beneficie a los trabajadores y
sea ética y legislativamente combativo con los viejos vicios económicos.
Chávez, naturalmente, está apoyado y asesorado por diversos
intelectuales: Heinz Dieterich, Marta Harnecker, Víctor Ríos, J. C.
Monedero, Toni Negri entre otros. No te oculto mi admiración, acaso
compartida, por algunos de esos nombres pero… Antonio Negri. ¿Puede ser
el teórico de las multitudes, el entusiasta de la Constitución europea,
el que considera los Erasmus como pasos revolucionarios, un asesor
razonable? ¿No debería Chávez vigilar sus apoyos teóricos?
Seguro que sí: cualquier político necesita de asesores que entiendan la
complejidad, no oráculos de la confusión. Lo que se necesita en
Venezuela es más educación y para ello se necesitan profesores y
maestros. La receta es muy fácil: “sembrar escuelas para recoger a
hombres”, como decía José Martí. A su vez y derivadas de las mejoras
educativas, se necesita una mayor democratización comunicativa, buen
periodismo, en suma. Un comité de sabios presidencial siempre va bien,
pero con la perspectiva de que todo el mundo sea un poco sabio, no solo
unos pocos.
Finalmente, esta revolución necesita, en los puestos de
responsabilidad, a trabajadores impenitentes, gente con capacidad de
análisis y de sacrificio, pero sin espíritu funcionarial. Gente en la
que el pueblo pueda confiar, técnicos y profesionales convencidos de su
misión revolucionaria. Asesores y altos cargos que trabajen desde una
perspectiva emancipatoria. Y sin dejar de lado la solución a los
aspectos prácticos, tendentes a aportar pequeñas soluciones que
corrijan, poco a poco, los vicios del sistema venezolano. Cosas a
resolver de inmediato, en suma. Así se hacen hoy las Revoluciones y
estoy seguro de que en Venezuela se va por ese camino.
Por su parte, a Toni Negri yo lo pondría a redactar una Constitución
Bolivariana para toda América Latina. Y que luego haga la misma campaña
entusiasta que hizo a favor de la carta europea. Así expiaría su pecado.
El principal diario español, cuyo nombre no quiere mentar, justificó la
detención de Chávez en 2002 por militares golpistas tildándolo de
“caudillo” y “autócrata peligroso”, afirmando que “sería bueno” que
rindiera cuentas “de sus desmanes autoritarios” y que hubo un “alivio
mayoritario ante su destitución”. El mismo diario global indicó que
Chávez “deberá someterse a juicio” por el asesinato de quince
manifestantes que pedían su renuncia. No han rectificado desde luego ni
han pedido disculpas por todo ello. ¿Cómo es posible que después de
todo esa conjunto abyecto de falsedades se siga leyendo un panfleto de
la reacción de tamaña ignominia? ¿Está adormilada nuestra ciudadanía?
‘El País’ se lee porque vende bien. Es un excelente diario con un
diseño muy bueno y gente que escribe con grandeza, no nos engañemos. El
hecho de que contenga manipulaciones forma parte de la ‘finezza’ del
producto. La audiencia más fiel de ‘El País’ detesta todo lo que
chirríe demasiado y Chávez chirría. El rol del diario ha sido y es el
de modernizar la sociedad española con patrones centristas que se
renuevan siempre, basados en la moda, la alta cultura de élite y la
pontificación en toda clase de temas con contradicciones flagrantes.
Mientras denuncian con gran detalle la las mafias derivadas de la
edificación salvaje en Almería o en Madrid, sacan un suplemento semanal
dedicado, en exclusiva, al mundo de la construcción inmobiliaria,
llamado “Propiedades”. En mi opinión, ‘Público’ nace porque un
creciente sector de lectores de ‘El Pais’ se había cansado de una
cierta visión de las cosas. Un sencillo viaje con los ojos bien
abiertos Venezuela basta para ver que allí no hay una dictadura --todo
Gobierno tiene un programa que cumplir.
La sociedad española no está adormilada sino algo peor. Está siendo
formada cada día con patrones y valores que coadyuvan con un déficit
cultural enorme debido a 40 años de franquismo y 30 años más de
transición hacia no se sabe dónde, se suponía que hacia una cierta idea
de Europa. Con todo, pervive un alma antropológica en el pueblo español
que valora, todavía, la educación y el esfuerzo por cambiar las cosas y
que intuye que existe un control muy duro sobre la gente. España
necesita girar de verdad a la izquierda, una refundación del discurso
público, de la política y de la economía. Será la única forma de
salvarse de la quema.
Dejémoslo aquí si te parece, estimado Eloy, dejémoslo en este necesario
giro a la izquierda y en esta refundación del discurso público en
España por los que apuestas con razones muy atendibles