Rebelde Checheno, terrorista iraqui

De lo poco que hemos aprendido sobre las empresas privadas de información están algunas nociones sobre su lenguaje. Así sabemos que si los medios se esfuerzan por sembrar en el subconsciente de sus usuarios una determinada orientación informativa, utilizando para ellos códigos y adjetivos claves. Por ejemplo, si inician una campaña de descalificación contra un mandatario considerado enemigo al mencionarlos le podrán una palabra o frase destinada a forjar opinión en contrario, por ejemplo “Chávez, un ex teniente coronel golpista…”. O para ocultar realidades adversas a sus intereses, como lo fue durante mucho tiempo la prohibición de usar en la prensa privada venezolana y e internacional la expresión“golpe de estado” para referirse a la situación venezolana de abril de 2002.

Caso similar ha sucedido en el lenguaje informativo desde el 11 de septiembre de 2001. La administración Bush se reservó el uso del término “terrorismo” y lo hizo parte fundamental de su política nacional. Desde entonces, sólo los agentes uniformados y de inteligencia estadounidenses están aptos para saber quien es o no un terrorista en cualquier parte del mundo. Únicamente con mirarle o con revistarle los zapatos en el aeropuerto, un agente de Bush sabrá si usted es un potencial terrorista y eso puede costarle que lo envíen a la cárcel de Guantánamo sin formula de juicio y sin derecho a recibir siquiera una carta postal.

Esa potestad, contagiada a la Unión Europea y a Japón, los lleva a elaborar listas negras en las cuales se permiten, en nombre de la libertad, calificar que organización anda haciendo terrorismo y que país lo permite.

Extrañamente, no logran o no quieren definir que es eso de ser terrorista. Ni siquiera el Consejo de Seguridad de la ONU se ha atrevido a darle al mundo una definición. Tímidamente sólo ponen casos recientes y excluyen otros de la misma característica. Así aparece la destrucción de las torres gemelas, la voladura del tren en Madrid, los atentados a las embajadas de Estados Unidos, pero no se enumeran la destrucción de la embajada China en Afganistán, el secuestro y muerte de 335 personas en Chechenia, el bombardeo sostenido a la residencia de gobierno de Arafat en Palestina… ¿Y de terrorismo de Estado? No hablan.

La ONU no se atreve a elaborar una lista de organizaciones terroristas a pesar de la presión de EEUU y de gobiernos como el de Colombia y la España de Aznar muy apurados en ver a ELN y la FARC (Colombia), y la ETA (España) en una lista que les abra las puertas a una posible coalición multinacional anti “terrorista”.

EEUU, Japón y la UE elaboran sus listas, en las cuales predominan grupos árabes e islámicos en lo cual coinciden con un registro del Consejo de Seguridad que solo incluye miembros de Al Qaeda y una resolución que compele a los Estados a reportar los esfuerzos por arrestarlos.

Las listas de los países mencionados son consultadas por la gran prensa antes de emitir sus boletines. Así, a pesar de la cantidad de muertos en Chechenia y de los métodos de arrase y destrucción de los grupos chechenos que se amparan en la causa separatista para cometer su criminales actos, son llamados “rebeldes”. Mientras que los nacionales iraqui que se oponen a la terrorífica invasión que ha matado a unos 20 mil iraquíes son denominados “terroristas”.

(Publicado originalmente en Ultimas Noticias, 2/10/04)





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Reinaldo Bolívar

Investigador, fundador del Centro de Saberes Africanos, vicecanciller para África

 reibol@gmail.com      @BolivarReinaldo

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