Vuelve el tema del golfo

El asunto del Golfo de Venezuela, con tanto olor a hidrocarburos, vuelve aparecer ante la opinión pública colombiana con un acento pendenciero. El derechista diario “El Espectador”, en su edición del 12/9 lanza un “alerta” sobre unas posibles concesiones de exploración en el área en reclamación de este cuerpo acuífero. Ciertamente PDVSA esta abriendo a la explotación 7 bloques en nuestra plataforma continental, incluyendo espacios del Golfo, para la explotación de 10.000 millones de barriles de petróleo y 20 billones de pies cúbicos de gas. Es una decisión avalada por el gobierno nacional, que podría ser cuestionada en Venezuela por otras razones, dentro del marco de su política sobre la materia. Pero ella no puede servir para la renovación de las tensiones binacionales amortiguadas por las reciente cumbre binacional de El Tablazo del pasado 14/7. Y eso es lo que hace este diario con su información amarillista. Sí los venezolanos no conocemos, incluso los bien informados, la ubicación exacta de esos potenciales campos petroleros y de gas, es poco probable que los redactores de ese diario tengan la información. Ni siquiera con el apoyo de los comprobadamente ineficaces servicios de inteligencia colombianos podrían tener ese conocimiento. Por ello, es marcadamente especulativa esa nota de prensa, aun cuando no se puede calificar de escandalosa dentro del marco de una política de comercialización de esa publicación.
La verdadera intencionalidad de esa acción tiene que colocarse en el marco del despliegue informativo en el cual el periodismo se vuelve brazo y altavoz del poder político. Sin dudas tiene algo del obsceno ejercicio de la rapiña, de renovar cenizas, recalentando el pasado para venderlas como producto fresco. Ella tiene que articularse necesariamente con el informe final del ex-Secretario Gral. del OEA, el colombiano Cesar Gaviria y la inclusión de Venezuela por el gobierno de la Casa Blanca en la lista de países propiciadores del tráfico humano e, incluso, con la agresión en Apure contra nuestra FA y técnicos de PDVSA. Obviamente son parte de una nueva ofensiva en el escenario de la opinión pública de las fuerzas neoconservadoras contra el Estado venezolano. Ellas sirven para recodarle al gobierno y a la nación la presencia de una amenaza concreta a la seguridad estratégica de nuestra comunidad política. Un hecho que parece haberse olvidado en la conciencia colectiva por la emocionalidad despertada por los recientes eventos comiciales y las próximas elecciones de poderes estadales y municipales. Grave error cuando el tema central de nuestro acontecer político sigue ubicado dentro del dilema entre la autonomía de la nación o su incorporación como protectorado a un Imperio de alcance global. Tengo la impresión personal que la victoria del NO se debió más al rechazo a las aspiraciones de las fuerzas neoconservadoras que a la aprobación de las políticas públicas aplicadas por el gobierno.


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Alberto Müller Rojas


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