Barbarismos, Vulgarismos, Tecnicismos, Extranjerismos y Academicismos

Cuando expertos y legos nos aventuramos en estos temas no podemos menos que preocuparnos ante tanta disparidad de criterios sobre la dinámica del lenguaje, con lo cual pareciera que para el síndrome de Babilonia reina la más absoluta atemporalidad. No en balde las ideas y abstracciones más importantes trascienden las convencionales y relativas nociones de tiempo y espacio.

El logro de una lengua común ha fungido como principal factor en materia de unidad familiar, base fundamental para la formación de sociedades estables, independientemente de sus desviaciones clasistas siempre circunstanciales, siempre históricas per se. Las familias biológicas derivan en f. morales, o sea en sectas religiosas, en asociaciones económicas, culturales, deportivas y hasta belicosas y delictivas.

Cabe preguntarnos: ¿qué motor evoluciona y enriquece perfectiblemente una lengua cualquiera? Connotados especialistas y academicistas nos ofrecen respuestas con fuertes discrepancias, pero estas pueden resumirse a dos: 1.- la que atribuye a las mayorías demográficas el poder de ir creando con su praxis giros, neologismos y variantes de reducido alcance, pero modificaciones que terminan configurando una suerte de lengua paralela. Es el recurso del ciudadano de formación deficiente, poseedor de un reducido vocabulario al que se aferra conservadoramente. Se da muchos argots, muchos glosarios grupales forzados por el creciente universo de las sociedades, y lo van haciendo en razón directa de su demográfica y de los adelantos mismos en materia de la sofisticación industrial. Acotemos que en las sociedades burguesas la mayoría de las personas son funcionalmente iletradas y de bajo criterio intelectual. La lengua puede ser común a todo ser humano, pero estamos hablando de su organización tendente a su uniformidad para una mejor comunicación popular. Esta respuesta ha prendido con mucho éxito entre los movimientos políticos de tendencias izquierdistas y populistas. Se trata de una pesada vulgarización de todo lo que para sus líderes merece reemplazarse revolucionariamente.

Y 2.- la respuesta que atribuye cualidad modificatoria y enriquecedora preferentemente a la parte de la población mejor preparada técnica y científicamente. Esta puede dinamizar la lengua y hacerlo con propiedad porque son personas mejor leídas, con un vocabulario más rico, y son quienes perfectamente saben distinguir entre barbarismos, vulgarismos, tecnicismos. extranjerismos y academicismos. Esta respuesta no ha sido bien acogida por cuanto políticamente se la identifica como expresión de conservadurismos de derecha, a pesar de que toda revolución auténtica debe ser protagonizada por las fuerzas productivas de avanzada, y esto no podrían hacerlo los menos aprovechados del sistema capitalista. No estamos en el Medioevo donde la ignorancia era ampliamente compartida por siervos y amos.

marmac@cantv.net


Esta nota ha sido leída aproximadamente 6697 veces.



Manuel C. Martínez M.


Visite el perfil de Manuel C. Martínez para ver el listado de todos sus artículos en Aporrea.


Noticias Recientes: