No paramos de pararle al paro

El paro patronal del 2002-2003, nunca ha parado; porque “se nos fue de las manos”, como dijese aquel insigne jugador de bingo de apellido Ortega, hoy huésped de honor de Allan García, después de haberse fugado de una cárcel venezolana, cuando apenas empezaba a cumplir una larga condena. Es decir, el fugitivo se paró de la cama muy de mañana, o la noche anterior no se acostó, sino amaneció parado y luego, salió en carrera; fue a parar allá, entre “el puente y la alameda”. Conste, se marchó con doble cabuya en la pata, pues además de no cumplir su “castigo”, olvidó o no quiso darle un “parao” al paro.

Esto, de no haber suspendido nunca la huelga, entre otras cosas porque sus “líderes”, Carmona, los Fernández y el ya nombrado Ortega, por sólo nombrar los más sobresalientes, salieron huyendo, dejaron el pelero, su gente entendiendo, en paro, con deudas y pérdidas enormes por haber parado por muy largo tiempo, produjo en muchos la idea, no descabellada, que aquella sigue. Por eso hay tantos parados, alzados que a nada le paran en lo de hacer las cosas bien, respetar el orden, parar la especulación, conspirar, no esconder productos de consumo básico, no básicos también, como Zuloaga, y remarcar los precios. Creen con eso lograr que quienes no pararon en aquella oportunidad, lo harán ahora y al Chávez de pie, firme o parado, tumbarán. Olvidan que el presidente es un porfiado; le tumban y por las mismas levanta; le encanta estar de pie.

Hay empresas y empresarios que se plegaron al paro desde el principio y todavía, pese a que un buen día, cansados de no verle el queso a la tostada decidieron variarlo, en cuanto que abrieron las puertas de sus negocios; pero al abrir, los precios que estaban en un determinado nivel, subieron sin compasión alguna, como queriendo resarcirse de las pérdidas que les produjo el paro. Cuando llegamos a uno de ellos, más que por necesidad de comprar algo, disfrutar el atractivo espectáculo de verlo abierto o en “paro activo”, se nos pararon los pelos por los precios nuevos. Eso de aumentar los precios o elevarlos, es ni más ni menos una paradera.

En este país, nos vamos a quedar sin gente. Pero no porque nos vayamos a volver balseros. Para empezar el agua está escaseando y una balsa que se respete agua necesita; si no, se para o vara. Es que nadie quiere pararle a nada. Porque “creced y multiplicaos” tiene que ver con paro. Depende como se le asuma, la orientación que tome y la gravedad.

Ayer mi nieta y yo, vimos a un policía comerse la luz roja mientras conducía una motocicleta en la cual llevaba sobre el manubrio a una niña de más o menos tres años, y una dama detrás, sentadas. Ninguno de los tres llevaba casco y el motorizado se comió la luz. Es decir, la propia policía no le para a la ley ni al derecho a la vida. Ante aquel espectáculo y muy mal ejemplo, todos los conductores optamos por no pararle al semáforo. La situación fue tan lamentable que hasta éste enrojeció de vergüenza.

Al río Neverí se lo está chupando la bora que parada está en su superficie. Tanto que abundan espacios del cauce donde no se ve el agua. Nunca antes así le habíamos visto. En otras épocas, la indiferencia no llegó a tanto. Ahora, las autoridades competentes no le paran a sus lamentos y menos a los nuestros, unos locos, tarados y parados que no paran a nada, pero si al río, ante el dolor de verle agonizar. Es como si quienes tienen la obligación oficial de cuidarle estuviesen más bien interesados que pare. En fin de cuentas, dirán ellos, como Jorge Manrique, “los ríos van a dar a la mar que es el morir”. Y morir, para muchos no es una forma o expresión del movimiento, sino un vulgar y simple paro que se no se nos iría de las manos porque y qué no camina.

A Éxito*, empresa que por cierto, es bueno reconocerlo, nunca se sumó al paro, la tomó a última hora por sumarse al mismo y procedió a remarcar precios a diestra y siniestra, sin pararle a Indepabis y menos a Samán**. Por aquella indecorosa conducta, el ministro que vela por los precios y “contra la vida cara”, consigna de la empresa, debió pararla.

“Ustedes me le dan ya un “parao” a ese desorden y abuso”, dijo el doblemente alto funcionario, parado en la entrada misma de la empresa, cuan largo es que su cabeza llegó al marco horizontal.

Y eso estuvo bien. Por lo menos para parar a quienes hacen lo mismo que la firma franco colombiana; que no le han parado a nadie.

Hay todavía empresas y empresarios, que aquella vez pararon, activos en lo de abusar de sus clientes, lo que es una manera también cruel de continuar el paro. Por eso, el gobierno y el ministro Samán, deben mantener “ojo pelao y oreja pará”.

* Empresa de capital francés, colombiano y venezolano, del ramo comercial, expropiada por haber incurrido consecutivamente en irregularidades, sobre todo de carácter especulativo.

**Eduardo Samán, ex ministro de comercio y ex director de Indepabis, encargado de velar que esas empresas no especulasen




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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

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