Trincheras de Ideas

Un adios infinito a Joel Atilio Cazal, el Roble Paraguayo

Sin dudas que la vida nos pone frente a hechos, circunstancias terriblemente dolorosas ante las que tenemos, inexorablemente, que someternos, la muerte es una de ellas. Son cicatrices que van tatuándosenos en la piel, marcas que envejecen con nosotros, que incluso aceleran nuestro envejecimiento porque tenemos la suprema condición de querer, de amar a nuestros amigos y amigas, a familiares entrañables de manera especial, sublime.

Sabiendo como sabemos que la muerte es algo inevitable, inexorable, nos cuesta adaptarnos a ella, aceptar que nos quite o arrebate a seres excepcionales que llegaron a nuestro mundo a cumplir misiones transformadoras, de enorme envergadura en un cuadro de injusticias y desigualdades permanentes.

Asimilar la partida del camarada paraguayo/venezolano Joel Atilio Cazal a las riberas de la eternidad, no nos va a resultar fácil porque tengo la certeza que su vida fecunda y creadora, de consecuente militante revolucionario, socialista, comunista, mucho era lo que debía aportar al proceso liberador de Nuestra América, al periodismo alternativo a través de su niña mimada, la revista Ko’eyú.

Creo que fue el año 1977 que un común amigo de Los Teques, Pin, nos presentó. Aquel fue el inicio de una amistad que se fue nutriendo y fortaleciendo en el tiempo. Hubo un hecho común en nuestras vidas que quizás cimentó más esa amistad. Resulta que el 23 de enero de 1962, durante una huelga general que lanzó la dirección nacional del Partido Comunista, siendo miembro de una brigada de las FALN, caí preso en la siniestra Digepol, me llevaron al tétrico edificio de las Brisas, en Los Chaguaramos, sede de la criminal policía política, allí fui sometido a crueles golpizas y torturas por varios días, pero a finales de febrero, hospitalizado por los golpes y torturas y la debilidad de días sin comer fui recluido allí y tras pasar varios días logré fugarme de manera espectacular del Puesto de Socorro de Salas donde estaba recluido por mi mal estado de salud.

Por su parte, Joel, en 1975, cae preso en Montevideo, durante cuatro días lo torturan de manera tan bárbara que casi se les muere a los militares torturadores, es llevado al Hospital Militar, donde una hernia diafragmática empujada por los golpes y muy inflamada “le estaba presionando el corazón, y los intestinos le comprimían los pulmones”.* De ese hospital se fugará de manera espectacular y se asila en la Embajada de Venezuela, llegando al país el 10 de septiembre de 1975.

Comenzado el año de 1978 me solicitó información un día de si conocía una imprenta pues tenía el proyecto de editar una revista político/cultural, medio que se dedicaría a la denuncia de los crímenes del dictador paraguayo Strossner. Un amigo tenía en los sótanos de Parque Central una imprenta, le llevé allí, los presenté, y creo que fue en mayo de 1978 cuando salió el primer número de la revista, panfleto modesto, de 8 ó 12 páginas, tamaño carta doblado. Así, con humildad pero con enorme fuerza revolucionaria, comenzó Joel, su esposa Blanca, Carlos Ortiz y otros queridos camaradas, la lucha contra las dictaduras de Paraguay y Uruguay, las denuncias de las atrocidades de esos regímenes despóticos y criminales. Emblemática fue su defensa de la maestra uruguaya Elena Quintero quien fue sacada a la fuerza de la sede diplomática venezolana y desaparecida por el gobierno militar.

Joel, con su voz atiplada, suave, escondía a un ser turbulento, un tenaz y ejemplar luchador revolucionario que a su llegada a Venezuela en septiembre de 1975, como exiliado, traía tras de sí un historial de heroísmo, de sacrificios y abnegación incomparables, conducta ejemplar para la enseñanza y aprendizaje de las nuevas generaciones de revolucionarios. Una vida de luchas y rebeldía en su Paraguay natal en donde fue perseguido para ser luego expulsado a Uruguay, con 29 años a cuestas, donde vivió 5 años hasta que fue apresado por sus actividades revolucionarias y políticas en las filas del movimiento Tupamaros, en sindicatos y comunidades vecinales. Internacionalista ejemplar, no necesitaba ser uruguayo sino militante revolucionario y comunista latinoamericano para enfrentar la criminal dictadura militar y sus atropellos a los derechos humanos del pueblo uruguayo, a la entrega de la soberanía al imperialismo yanqui, a la feroz represión, a los desaparecidos.

Joel y yo mantuvimos una amistad de más de 30 años. Infinidad de veces estuve en su casa, compartí con Blanca, su dulce y apreciada esposa, vi crecer a sus hijos, incluso con simpáticas anécdotas como aquella de cuando yo los visitaba y llevaba una bolsa con pan, el menor de los hijos de 3 ó 4 años, se comía escondido el pan que era para mi casa. Joel y Blanca se morían de la risa.

Cuando yo investigaba para preparar mi obra, la biografía de Fidel Castro, él me facilitó diversos libros que me fueron útiles. Igualmente, como yo tenía la revista Caracola, me facilitaba materiales, dibujos, fotografías o yo se las facilitaba a él. Naturalmente intercambiábamos la revista.

En múltiples ocasiones discutíamos sobre la situación política nacional y latinoamericana, hacíamos análisis de las coyunturas y enriquecíamos nuestra visión de la problemática social. Su visión de Chávez era de apoyo al proceso revolucionario y al líder máximo, sin dejar de hacer críticas constructivas. Con los adversarios era implacable, no sólo los enemigos históricos de nuestros pueblos, sino con aquellos que un día formaron parte de la izquierda y que dieron un vuelco político e ideológico y se abrazaron al regazo sangriento de esa oligarquía traidora y vende patria que un día los persiguió.

¿Cuánto aportó Joel con su acción, con su ejemplo, con sus aportes al proceso revolucionario paraguayo, en primer término, venezolano y latinoamericano en general? Sólo la salida consecuente, permanente, periódica de la revista alternativa Ko’eyú (Alborada en idioma guaraní), su difusión latinoamericana, sus graves denuncias de las políticas del imperio y de las dictaduras militares o civiles en el continente, su apoyo irrestricto a la Revolución Cubana, es una titánica tarea en cualquier país de América, más en Venezuela. Su calidad, su contenido, su misión libertaria le valió el apoyo de colaboradores de prestigio, líderes intelectuales y políticos de todo el continente. Está pendiente un estudio de esa revista, sus aportes, logros y alcances, porque Koéyú era Joel, de manera que estudiar diversas etapas de su largo y accidentado recorrido, es hacer una biografía de su Director y creador. Ya por allí es mucho lo que hay que investigar.

Pero hay muchas facetas de la vida de Joel que forman, sin dudas, una sumatoria heroica, épica, de una invaluable enseñanza que estimo debe ser compendiada en una biografía. Me imagino que dejó escrito algunos elementos auto biográficos, materiales que le servirían para unas memorias, de una vida tan rica y tan intensa.

Dejé pasar varios días desde su partida, esperando que las emociones, los conflictos interiores se aplacaran un poco para soltar los demonios del afecto y emborronar unas cuartillas, como diría nuestro amigo el Che Guevara en carta memorable a Fidel antes de su partida. Llegue a Blanca, sus hijos, a esa colonia de amigos de Joel, mis palabras de afecto y de solidaridad en este hueco inmenso que nos deja la vida al arrebatársela al inolvidable camarada, hermano, amigo. (15-02-10)(humbertocaracola@gmail.com)

* Carlos Ortiz, Joel Cazal partió ayer al encuentro de la aurora, Correo del Orinoco Nº 150, p. 6, 28-01-2010.


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Humberto Gómez García

Director de la revista Caracola. Pertenece al Movimiento de Medios Alternativos y Comunitarios (MoMAC). revistacaracola.com.ve

 humbertocaracola@gmail.com      @hgcaracola

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