No hay revolución sin ideología revolucionaria

La tarea de construir la organización popular en el marco de un proceso revolucionario cualquiera, lo mismo que construir un auténtico poder social de decisión a través del apoyo mutuo y del ejercicio directo de la democracia por las mayorías, requiere necesariamente de una ideología revolucionaria, generada, con preferencia, al calor de las luchas sociales.

De este modo el proceso revolucionario adquiere un carácter eminentemente popular y auténtico. No obstante, siempre existirá la amenaza del reformismo, inserto en las filas mismas de la revolución, de manera tal que, muchas veces, será quien lleve las riendas del proceso, distorsionándolo y traicionándolo. Esta tendencia está muy arraigada en organizaciones partidistas que inhiben la posibilidad de abrir un debate ideológico y cuestionan y sancionan la disidencia interna, de manera que cualquier asomo al respecto es inmediatamente erradicado y bloqueado. En el caso de Venezuela, son muchos los ejemplos que podríamos enumerar para confirmar lo dicho. Existe cierta confabulación para que no se discuta, se procese, se difunda y se aplique la ideología bolivariana; lo que ha posibilitado la existencia de contradicciones e incongruencias dentro del proceso revolucionario que lidera Hugo Chávez.

En palabras de William Izarra, “la ideología como sistema de valores, creencias y principios que nos permite legitimar el orden social revolucionario, se sustenta en los factores emocionales del ser humano. A diferencia de la democracia representativa, cuya base ideológica es la representación cupular reformista y, por lo tanto, prevalecen en su práctica los factores materiales del clientelismo; el modelo de la revolución bolivariana se edifica sobre el sustento de la espiritualidad emocional que conduce a la conciencia”. Esta diferenciación, postergada adrede por la nueva dirigencia política, ayuda a que las masas conozcan a quiénes están realmente con la revolución y a quienes aspiran al poder por sus ventajas materiales.

Tenemos, entonces, en desarrollo una confrontación impostergable que dirima cuál será la orientación y las características de la revolución bolivariana: reformismo o revolución. Ante ella, las masas populares deben asumir con valentía un papel de primera importancia, dado que de ellas dependerá, en gran medida, el éxito o el fracaso de la revolución en marcha. Pero esto no se hará mientras sigan dependiendo de las promesas demagógicas de algunos oportunistas disfrazados de revolucionarios que poco o nada se distinguen de la dirigencia reaccionaria u opositora.

De ahí que cobre vital importancia la formación ideológica de los hombres y las mujeres que confían en la viabilidad del proyecto bolivariano porque, de esta forma, no podrá desviarse ninguno de sus objetivos centrales. Urge, por tanto, que se trascienda el limitado marco referencial a que ha sido confinado el aspecto ideológico de este proceso. Para ello será preciso adentrarse en lo más profundo de la historia de las luchas del pueblo venezolano, así como de otros pueblos de nuestra América y del mundo entero, para extraer de ella las enseñanzas que nos permitan corregir el rumbo adoptado y aplicar con éxito las que repercutieron en su beneficio colectivo.

No significa que se adopten modelos ideológicos de manera mecánica, sin haberlos sometido al tamiz de la realidad venezolana. NO. Como lo plasmara el Movimiento Político RUPTURA en uno de sus documentos, “la solución a lo existente requiere un esfuerzo de la imaginación, la creatividad y la inventiva como principios subversivos. Será un proceso simultáneo de destrucción de valores negativos de la sociedad existente, construcción de los nuevos y rescate de tradiciones casi perdidas, pero que, a la luz del mundo de hoy, recobran validez”. Este es el desafío que se le plantea al proceso revolucionario bolivariano. Sin estar dotada de una ideología revolucionaria, corre el grave riesgo de convertirse en la caricatura de una revolución y, con ello, en terminar de aplastar las esperanzas populares, por muchos esfuerzos que realice el Presidente Chávez para mantener su vigencia y avance.

Es hora de que se le dé verdadero contenido ideológico al proceso revolucionario bolivariano, ya que esto facilitará la posibilidad de desarrollo a movimientos sociales autónomos y el fortalecimiento de los derechos individuales, sin menoscabo alguno de los colectivos.-


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Homar Garcés


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