Una lección bien aprendida

Viene a este hermoso país en 1977, con un excelente contrato de trabajo, una visa de transeúnte y licencia de conducir internacional de la que hice uso por casi seis años renovándola cada vez que salía del país, al cambiar la visa a residente me vi obligado a solicitar una licencia de conducir acorde con mi nuevo estatus, misión imposible en la época cuarta republicana por lo menos en Ciudad Guayana, donde si no pasabas por manos de los gestores y te “bajabas de la mula” en los diferentes peajes no tenias ninguna posibilidad de conseguirla, por consejos de amigos me dirigí a Guasipati y sin mayor problema con buena atención salí con el comprobante de haber cumplido con los tramites y dispuesto a esperar meses a que llegara en original, nada, pasaron casi 10 años durante los cuales el papelito comprobante se volvió pergamino de tanto ponerle parches de cinta transparente, aproveche un operativo en Guasipati y con el comprobante logre una licencia laminada pero perdí la única cedula de identidad laminada de extranjero que obtuve en 25 años, los demás puros comprobantes y el consabido mensaje, “salió mala”, “no ha llegado”. “debe repetirla”, horas de colas y permisos en el trabajo y con el firme propósito de jamás pagar mas de lo justo por algún servicio me aferraba a los comprobantes incluso poniéndole fotos para por lo menos poder efectuar tramites bancarios o de índole personal, mi mayor deseo en esa época era convertirme en venezolano ya que como muchos que vinimos con contratos nos quedamos enamorados de este terruño, de la calidad de su pueblo, sus costumbres y todo lo que identifica al venezolano en el mundo incluido sus hermosas mujeres. Presenté los recaudos para la naturalización, jamás obtuve una respuesta a no ser en época preelectoral donde los activistas recolectaban pasaportes para conseguir votos y eran llevados como borregos a Extranjería con la condición de dar su conciencia al candidato de turno, por lo mismos principios de no pagar ni vender mi conciencia solo pude cumplir mi sueño gracias al decreto del Presidente Chávez que sin condiciones hizo justicia a miles que como yo pudimos orgullosos levantar la mano en el Estadio Cachamay de Puerto Ordaz y jurar con el pecho henchido el ser venezolanos.

Pero ahora tenia otro problema, cédula venezolana y licencia de conducir con numeración extranjera, provisto de la gaceta oficial me desplazaba conduciendo hasta que en un viaje a Caracas en un operativo del INTTT en Parque Central, solicité mi cambio de licencia de conducir obtenida casi 10 años antes. Mi sorpresa fue grande cuando se me informó amablemente que la licencia no aparecía en el sistema computarizado y me fue requisada, sin licencia regresé de Caracas con la imagen que tenia de la forma de conseguir la licencia y pensando que debería “bajarme de la mula”, pero para sorpresa al llegar a la sede del INTTT en Ciudad Guayana, se me informo amablemente de los trámites de depósitos a efectuar en un Banco especifico, por la Licencia 44 Bs. por el sobre 1,5 Bs. y por el examen 11 Bs. aun receloso pregunté “¿eso es todo?” esperando que se me pidiera como antes X Bs. por agilizar la entrega, “no señor eso es todo y a Ud le toca el día Viernes porque su cédula termina en cero”.. El ambiente físico es excelente salas espaciosas y cómodas, damas uniformadas amables y sonrientes, funcionarios receptivos y en la calle una excelente campaña de prevención con voluntarios universitarios Así deberían ser todos los servicios públicos.

El día viernes muy temprano me presenté con los recaudos, después de separarnos a aquellos que sacaríamos licencia por “primera vez”, se nos llevó a un amplio salón donde un amable cabo nos dio una magistral charla de nuestros deberes y derechos, un escalofriante video de un accidente donde una dama muere decapitada por chocar por atrás a otro vehiculo mientras hablaba por teléfono, y unos tajantes consejos del “USO DEL CINTURON DE SEGURIDAD OBLIGATORIO”.

Después pasamos a otro salón donde en 10 computadoras, una persona por equipo responde preguntas relacionadas con el conocimiento de la Ley del Transito, pasé ese examen y a buscar el vehículo para el examen práctico, amablemente el Sargento Pedro Guarique nos informó de que debíamos dar una vuelta a un espacio determinado, regresar y finalmente estacionarse en retro entre dos conos, cuando me tocó mi turno, me monté en el vehículo, salí raudo, di la vuelta y me estacioné perfectamente entre los dos conos.

Se acercó el examinador y dirigiéndose a mi me expreso “Aquí reprobamos por dos motivos, por pisar los conos o por no abrocharse el cinturón” “esta reprobado, vuelva el próximo viernes a sacarse la foto. Me sentí mal, un poco molesto, 35 años conduciendo y ser reprobado por no usar el cinturón, pero fue una “LECCIÓN BIEN APRENDIDA” me reía cuando regresaba a casa pensando que en realidad el Sargento Guarique tenía razón. No me estaba castigando sino dándome una lección que en la práctica podía salvarme la vida. Creo que no la olvidaré, cuando volví después de mi semana de castigo le agradecí la leccion.

Vaya esta en homenaje a los muchos Guarique que deben haber en esa institución.


bracamontealva@hotmail.com





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Luis Germán Bracamonte


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