Viva la invasión cubana

No podía ser mejor este día 8 de octubre, como el escogido para presentar al país la nueva legión de médicos y estomatólogos cubanos que vienen a contribuir con el reimpulso de la Misión Barrio Adentro para beneficio del pueblo venezolano, porque ya no hablemos de los más necesitados sino de todo el colectivo, porque hasta los “escuálidos”, que se cansaron de gritar que esos invasores no eran médicos sino espías, ahora van a los CDI a las SRI y a los CAT, porque resulta que los exámenes y terapias que en las clínicas privadas, les cuestan más allá del millón de bolívares, en estos centros de salud lo encuentran gratis y además con el calor humano del profesional caribeño, que con solo la forma como te recibe ya te cura la mitad de la patología, que te llevó al consultorio.

Cuando hablamos de lo acertado de este 8 de octubre para el reimpulso de Barrio Adentro, es porque precisamente se cumplen 42 años del intento del imperio, por sacar del corazón de los latinoamericanos y luchadores del mundo al médico de la humanidad, que no solo sanaba individualidades corporales, sino que también sanaba pueblos, porque amén de la medicina tradicional, les llevaba la medicina del alma, con su solidaridad, su amor revolucionario y el internacionalismo, que es la más sublime manifestación de voluntad, de quienes han escogido como guía en su vida ese “acto ineludible de ser libres”. Porque hasta los años 60 todavía la guerrilla se hacía armada con fusiles y demás armas convencionales, hoy la guerrilla la armamos con “la artillería del pensamiento” para ir a “la batalla de las ideas” y desde allí propiciar la liberación del espíritu, del alma de los pueblos encadenada a través de la perversión mediática, lanzada diariamente y a toda hora, desde los laboratorios de guerra de IV generación que tiene montados el imperio, destinados a masificar y adormecer a naciones enteras y luego pisotearlas con su sanguinaria bota para destruir impunemente los vestigios culturales que puedan quedar en píe y ya tienen el trabajo hecho, porque un pueblo sin historia, sin cultura, sin memoria histórica, es un pueblo borrego, dócil listo para obedecer. De allí nuestra batalla en los medios. Pero también la guerrilla la armamos con bisturí, alta tecnología para la salud y conocimientos científicos, aderezados con la conciencia revolucionaria, para no solo sanar cuerpos, sino también espíritus, almas, que no son otra cosa que la conciencia de los pueblos.

Por eso no pudo ser de otra manera, el grito de: “Ernesto Ché Guevara vive”. Porque el mártir de la Higuera, no ha muerto, simplemente se multiplicó, se agigantó y como lo dijera el joven Pérez Sanjuan en su salutación al pueblo de Venezuela, en el acto oficial de presentación del contingente de médicos, internacionalistas, “El Ché vive en cada una de esas batas blancas,” que cada día se multiplican en Cuba y ahora en Venezuela, con la medicina integral comunitaria, que actualmente cuenta con 24 mil 800 once almas, que se están formando en revolución.

Precisamente como un designio de la vida, la mano del Ché, a través de una de esas batas blancas internacionalistas, hace aproximadamente tres años en Bolivia, le devolvió la vista a la víctima que el imperio utilizó para disparar el arma homicida contra la humanidad indefensa del guerrillero heroico, que había caído prisionero en combate por la libertad. De eso hace 42 años, que han servido para que los pueblos del mundo abracen con mayor devoción al Ché y sus ideas. Una vez más el imperio fracasa en el intento por destruir nuestros símbolos. Esta afirmación, tiene sentido, porque al Ché, luego de matarlo físicamente en la escuelita de La Higuera, trataron de matarlo moralmente, con adefecios producto de Holliwood y de las plumas tarifadas, además comercializando su efigie, tratando de convertirla en un frívolo ícono de la moda consumista. Pero el amor y la inteligencia de los pueblos, pudieron más que las patrañas imperiales y el Ché hoy está más vivo que nunca y su ideal se consolida paso a paso en esta américa aborigen, que regresa a las raíces que le birlaron los invasores.


La emoción, la lealtad, conque Joaquín Sánchez, Vice ministro de salud de la hermana República de Cuba, puso a disposición del pueblo venezolano ese “Batallón sin nombre” como denominó al millar de médicos y estomatólogos cubanos que vienen a hacer vida en esta también su patria, con los más humildes, es una muestra fehaciente de que la amistad indisoluble entre los pueblos de Cuba y Venezuela cada día se fortalece y definitivamente nuestras suertes están unidas por el lazo indescriptible e imbatible del amor revolucionario.

Este acto de ayer es un mensaje más para las fuerzas del mal, como la Phillips internacional, que por mandato de Washington, nos aplica un bloque contra los equipos médicos de la Misión Barrio Adentro, que le fueron comprados a esa casa y que ahora violentando todos los convenios internacionales se niega a suministrar los repuestos y piezas para su reparación y mantenimiento, que ni con criminales bloqueos podrán parar los procesos revolucionarios en los pueblos que dicidieron ser libres. Si Cuba con Fidel pudo, ahora que somos más, estamos seguros que el fracaso será más estruendoso para los opresores del universo. No es poca cosa, el mensaje del estudiante José Gregorio Hernández, cuando pidió a sus compañeros de curso seguir adelante por la obtención del honroso título de médico, pero que más allá de este título, no olviden de donde vienen y para que se están formando. Que jamás vendan su conciencia y que jamás se dejen tentar por las ofertas metálicas del imperio.

No hay fuerza capaz de disolver la unidad de los pueblos si de por medio está la consciencia revolucionaria y la voluntad de ser libres. Por eso cuando vemos actos como el del 8 de octubre, que cada vez tiempla más la alianza entre los iguales de la tierra decimos con fuerza y convicción: VIVA LA INVASION CUBANA.


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Cástor Díaz

Periodista CNP 2414

 cd2620@gmail.com

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