La lucha de clases en el contexto latinoamericano actual

A la luz de los diversos acontecimientos históricos suscitados en nuestra América desde las últimas dos décadas del siglo XX, planteándose una toma de conciencia generalizada que da cuenta inmediata de un profundo anhelo de liberación que se hace colectivo en todas nuestras naciones y presagia cambios radicales aún por definirse y por concretarse; es pertinente afirmar que la lucha de clases -como parte intrínseca del materialismo histórico- adquiere unos rasgos y unas connotaciones que no fueron anticipados por sus grandes teóricos (salvo el episodio de José Carlos Mariátegui y, más tarde, del Che Guevara), víctimas del eurocentrismo que impregnó sobremanera a la intelectualidad de antes y de ahora, el cual reservara a los países periféricos de África, Asia y América el simple rol de proveedores de materias primas, sin incidencia aparente en el desarrollo histórico de la humanidad, al mismo tiempo que de su emancipación futura y definitiva. Hoy, somos partícipes y testigos de fenómenos históricos que apuntalan el deseo de espacios de autonomía comunal, de independencia política y de afirmación y reproducción cultural de los pueblos, en un largo y accidentado proceso de luchas que incluye guerrillas (de viejo y nuevo formato, como las protagonizadas por las FARC y el ELN en Colombia, por un aparte, y el EZLN al sur de México, por la otra), elecciones (recordemos a Salvador Allende en Chile) e intentos de golpes de Estado, fuera del fascismo clásico, como los escenificados en Venezuela el 4 de febrero y el 27 de noviembre de 1992. Todos, dirigidos a causar un cambio sustancial en las relaciones de dominación y de producción que privilegie y reivindique a las clases populares en medio de la vorágine del capitalismo neoliberal y el despliegue del poderío militar del imperialismo gringo y la aplicación de su doctrina de guerra preventiva.

No obstante, hay que acusar la ausencia política de los trabajadores, lo cual tiende a imponer un tipo de democracia sin contenido clasista, confundiendo la lucha anticapitalista con un simple mejoramiento de las condiciones laborales y dándole un “rostro humano” al capitalismo, algo que causa el desarme político y moral de las conciencias revolucionarias de las masas explotadas cuando debieran adentrarse en su comprensión para trascenderlo mediante el socialismo. En tal dirección, como lo expresa Cristina Camusso, “la propuesta de humanizar el capitalismo y el intento de avanzar al socialismo por medio de reformas, desemboca, como lo ha demostrado la historia, en fracaso y abriendo la compuerta a la derecha. Distante de la postura que reafirma la idea de que es posible alcanzar un nuevo nivel de vida de la población, desarrollo y crecimiento en el marco del capitalismo, es el proceso complejo y caótico de la transición, que implica el combate entre la permanencia de mecanismos capitalistas, con la perspectiva de la socialización de los medios de producción, la cultura y la política”. Bajo esta perspectiva, la lucha de clases adquiere un sentido más amplio y no solamente economicista, algo que le otorga una mayor trascendencia a la alternativa del socialismo, como lo demuestra el auge de masas heterogéneo que tiene por escenario a nuestra América donde movimientos indígenas, campesinos, urbanos, ecologistas, feministas, culturales y estudiantiles, entre otros, se han encargado de remozar y de mantener viva su llama.

Aún así, la lucha de clases provoca escozor y temor entre no pocos. Algunos, porque comprenden que ello atenta contra el sistema de dominación que -desde siempre- les ha favorecido pródigamente. Otros, por simple reflejo condicionado, obedeciendo a la ideología de ese mismo sistema, avalando los valores que lo sostienen. Lo que se requiere, entonces, es llevar la lucha de clases al plano ideológico y cultural, lo cual ha de conducir a una transformación de las conciencias (incluyendo lo espiritual) que haga posible -en algún momento- el surgimiento de nuevos actores sociales y políticos revolucionarios que, combinando sus acciones en pie de igualdad, le disputen la hegemonía a quienes usufructúan el poder, ocasionando, en consecuencia, una sacudida a la pirámide social. De este modo, la lucha de clases definirá los alcances, dimensiones y repercusiones del socialismo, más profundamente de lo que pudo pensarse en el pasado.-

mandingacaribe@yahoo.es


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Homar Garcés


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