A 178 años del Congreso Anfictiónico la tarea es la misma

“El sistema de gobierno más perfecto es aquel que proporciona la mayor suma de felicidad al pueblo, la mayor suma de seguridad social y la mayor estabilidad política”. Simón Bolívar.

Ya en 1815, asilado en Kingston, el Libertador escribe su famosa “Carta de Jamaica”: Es una idea grandiosa pretender formar de todo el mundo nuevo una sola nación, con un solo vínculo que ligue sus partes entre sí y con el todo. Lo que tiene un origen, una lengua, unas costumbres y una religión, debería por consiguiente tener un mismo gobierno que confederase los diferentes Estados que hayan de formarse: más no es posible, porque climas remotos, intereses opuestos, caracteres desemejantes dividen la América. (...) El Nuevo Mundo debe estar unido por naciones libres e independientes unidas entre sí por un cuerpo de leyes comunes que regulen sus relaciones exteriores (...) ¡Qué bello que el Itsmo de Panamá fuese para nosotros lo que el de Corinto para los griegos! Ojalá que algún día tengamos la f ortuna de instalar allí un augusto Congreso de los representantes de las repúblicas, reinos e imperios, para tratar y discutir sobre los altos intereses de la paz y de la guerra con las naciones de otras partes del mundo. Esta especie de corporación podrá tener lugar en alguna época dichosa”. La idea de confederar a las ex colonias españolas se configuraba como punto estratégico de la visión bolivariana.

El 7 de diciembre de 1824, dos días antes de la batalla de Ayacucho, el Libertador, en su carácter de presidente de la Gran Colombia y encargado del gobierno del Perú, remitió una circular a los gobiernos de Colombia, México, Río de la Plata, Chile y Guatemala, convocando al Congreso de Panamá. En algunas de sus partes, la convocatoria decía:

"después de quince años de sacrificios consagrados a la libertad de América por obtener el sistema de garantías que, en paz y guerra, sea el escudo de nuestro nuevo destino, es tiempo ya de que los intereses y las relaciones que unen entre sí a las repúblicas americanas, antes colonias españolas, tengan una base fundamental que eternice, si es posible, la duración de estos gobiernos. (...) Profundamente penetrado en estas ideas, invité en 1822, como Presidente de la República de Colombia, a los gobiernos de México, Perú, Chile y Buenos Aires, para que formáramos una confederación, en el Itsmo de Panamá u otro punto elegible a pluralidad, una asamblea de plenipotenciarios de cada Estado que nos sirviera de consejo en los grandes conflictos, de punto de contacto en los peligros comune s, de fiel intérprete de los tratados públicos cuando ocurran dificultades, y de conciliador, en fin, de nuestras diferencias".

La convocatoria estaba hecha. El paso más importante para consolidar la unión se lanzaba y el triunfo de Ayacucho afirmaba la necesidad política de confederarnos.

Las sesiones comenzaron el 22 de junio de 1826 en la Sala Capitular del Convento de San Francisco, en Panamá. Durante 24 días se trabajó arduamente, hasta el 16 de julio de 1826. Asistieron al evento: Por Colombia (hoy Venezuela, Colombia, Panamá y Ecuador), Pedro Gual y Pedro Briceño Mendez; por Perú (hoy Perú y Bolivia), Manuel Lorenzo Vidaurre y Manuel Pérez de Tudela; por Guatemala (hoy Guatemala, Nicaragua, Honduras, El Salvador y Costa Rica), Antonio Larrazabal y Pedro Molina y por México, José Mariano Michelena y José Domínguez.

Entre las resoluciones acordadas se destaca el Tratado de Unión, Liga y Confederación Permanente. Sintetizando estos acuerdos podemos señalar:

* Mantener una actitud de recelo, desconfianza y oposición respecto al expansionismo voraz de los estados reunidos en la Santa Alianza. También con respecto a los Estados Unidos e Inglaterra.

* Enfrentar unidos cualquier intervención y toda dominación extranjera que atentara contra la soberanía e independencia de nuestra América.

* Crear una Asamblea de Plenipotenciarios: “que nos sirviera de Consejo en los grandes conflictos, de punto de contacto en los peligros comunes, cuando ocurran dificultades y de conciliador de nuestras diferencias”.

* Hacer denodados esfuerzos para lograr la independencia de Puerto Rico y Cuba.

* Impulsar la lucha contra el tráfico de esclavos.

* Construir un ejército común.

Lamentablemente, la injerencia de las grandes potencias y las oligarquías portuarias criollas atentaron contra la política de Unidad. Los Rivadavia, Santander, Páez, Santa Cruz, Flores y demás caudillos locales impusieron el separatismo y sus intereses mezquinos. “Divide y reinarás”, será la política de los imperios para la Patria Grande.

El imperialismo yanqui, con la Doctrina Monroe de Panamericanismo, atentó concretamente contra la Unidad Latinoamericana Caribeña. Asimismo la acción disolvente del colonialismo inglés colaboró con las oligarquías nativas para hacer de Nuestra América un mosaico de republiquetas, monoproductoras, funcionales al capitalismo en alza.

Simón Bolívar ya lo había anunciado en su oportunidad: “Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia para plagar la América de miserias en nombre de la libertad”.

Hoy, a 178 años del Congreso Anfictiónico de Panamá, la tarea es la misma, las necesidades son las mismas y los enemigos, tal vez con armas más sofisticadas, son los mismos. El bolivarianismo, por lo tanto, adquiere igual o mayor fuerza que en la época de la primera independencia. Luchar contra el imperialismo, alcanzar la segunda y definitiva independencia y unirnos en una Confederación de Repúblicas Latinoamericanas Caribeñas es la misión actual.

El Congreso Bolivariano de los Pueblos nace así, como espacio de coordinación de las fuerzas populares políticas y sociales de Nuestra América que, bajo los ideales bolivarianos, aspira a conducir a sus pueblos a la liberación y unidad de la Patria Grande.




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