Patriotismo o Colaboracionismo

Es claro que en la Coordinadora Democrática reina la ignorancia y la mediocridad. Sin embargo, es también evidente que muchos de sus componentes actúan con pleno conocimiento de causa en lo que a la situación nacional e internacional se refiere.

Lamentablemente el destino de América Latina parece estar marcado: enfrentar más temprano que tarde al poder imperial de los Estados Unidos para defender la soberanía y derrocar a los poderes oligárquicos que la han sumido en la miseria. Los pueblos de América le están dando la espalda, en un proceso tan poderoso como acelerado, a la democracia representativa y al modelo neoliberal.

La alternativa está, en general, clara: predominio de la democracia participativa y social, en un modelo con preeminencia del interés colectivo sobre el lucro individual. En ese sentido quiero dirigirme sobre todo a los ciudadanos opositores de buena fe, que sé los hay en número no escaso.

Lo hago con gran preocupación por la situación que se está prefigurando y
que apunta a un cambio de calidad del entorno político a partir de la incursión paramilitar en Venezuela. La situación del país y del continente se dirige a un tipo de confrontación que aun cuando se mantenía larvada se hará cada vez más manifiesta: ya la lucha no será, a la vuelta de poco tiempo, entre chavistas y antichavistas, sino entre patriotas y colaboracionistas.

Se dará en Venezuela y en el continente un fenómeno parecido al de Irak, donde la invasión imperialista ha creado el milagro de unir a chiítas y sunitas. Basta ver el más reciente documento emitido por la Coordinadora Democrática para que se entienda lo que ocurre. Se trata de un documento lleno de desvergüenza nacional. Desconoce, con toda intención, la existencia del Plan Colombia, un proyecto imperial, en alianza con la oligarquía neogranadina, que tras la fachada de la lucha contra el narcotráfico prepara a Colombia como el Israel de América Latina, reforzando su capacidad militar y poniendo a sus fuerzas armadas bajo la tutela de las fuerzas del Pentágono.

O la ocupación de "baja intensidad" que sufre Haití, donde el árbitro viste uniforme con la bandera de las barras y las estrellas. O las últimas medidas económicas agresivas, guerreristas, del gobierno de Bush contra un país soberano, nos guste o no su gobierno, como es el caso de Cuba. La CD obvia toda condena clara, frontal, a la presencia de más de cien irregulares colombianos en nuestro territorio, pero culpa al gobierno venezolano de "provocar un conflicto internacional".

¿Desconoce la CD la permanente conjura del anticastrismo mayamero, en conjunción con factores nacionales, contra nuestro gobierno? ¿Acaso es mentira que el gobierno de los EEUU alentó tanto el golpe de Estado de abril de 2002 como el sabotaje petrolero posterior? ¿No declaran a cada rato voceros del Departamento de Estado en un sentido similar? ¿Es que no existe, carajo, la CIA y acaso esta agencia funesta no es una herramienta para conspirar, comprar
consciencias, desarrollar y ejecutar planes subversivos contra todo gobierno que no favorezca los intereses de los Estados Unidos? El deslinde que viene ha tenido una manifestación clara en los días recientes: junto a la funesta declaración de la CD, pudimos ver las valientes y patrióticas declaraciones de Domingo Alberto Rangel, de la organización Resistencia Civil y opositor al gobierno de Chávez. No tengo ninguna duda de que en el momento de la casi inevitable agresión abierta del imperialismo (en la modalidad en que se presente), Rangel y yo, aun con nuestras diferencias, estaremos del mismo lado.


El eje conspirador mundial contra el gobierno venezolano tiene ya su grupo de colaboradores nacionales (¡si es que podemos usar, en este caso, esa palabra!) que saldrán alborozados a recibir a cualquier invasor que se atreviese a ofender el suelo venezolano. Que cada cual tome su tren histórico. Yo abordo el tren de la victoria, pues estoy convencido de que si al imperialismo le ha ido mal en Irak, aquí en la América de los libertadores encontrará su tumba definitiva. Que los muertos entierren a sus muertos.


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Néstor Francia


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