Realismo insólito venezolano

Venezuela se ha convertido en el país más insólito en lo que a circunstancia política se refiere. Es el único país de América, por ejemplo, donde un inmenso número de personas hablan negativamente del gobierno todos los días y todo el día por un canal de televisión o por un diario, y le dicen al país y al mundo entero por esos mismos medios, que aquí no hay libertad de expresión. A diario, periódicos trasmutados en panfletos hacen uso de la más amplia libertad de expresión para indicar que el gobierno de Chávez no funciona en nada, e invita a profesores, políticos o periodistas a participar de foros donde todos hacen su papel de agudos analistas que denigran de la administración Chávez. Llevan en esto casi diez años, y cuando alguien desde el gobierno mueve un solo dedo para bloquear ese estado de cosas, entonces vienen los brillantes periodistas de medios a decir que estamos en un régimen totalitario dominado por el odio y la represión.

      A este país llegan observadores internacionales, representantes de la ONU, de la OEA, de la Sociedad Interamericana de Prensa, de Amnistía Internacional o de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos a echar pestes en contra de la gestión del gobierno y eso es normal, entendible, lógico. La prensa escrita está minada de periodistas que dicen lo primero que se les ocurre (evidentemente unos lo hacen más ponderadamente que otros) contra el Presidente, cualquier gobernador o alcalde bolivarianos y eso es normal, entendible, lógico. Aquí, donde no había ninguna ley acerca de la responsabilidad de los medios como portadores de mensajes constructivos en la formación de niños y jóvenes, y entonces se arma un escándalo porque el gobierno sanciona a RCTV, pues se le había cumplido el plazo de transmisión de su señal, que el estado tenía la potestad de renovar o no. Un canal que por cierto apoyó descaradamente un intento de golpe de estado, propició el sabotaje a la industria petrolera y de nuevo fomentó –filmándola— una marcha hacia Miraflores para promover una nueva intentona de golpe. Entonces ahora Globovisión es el canal que funge de nueva víctima propiciatoria,  un canal que no ha hecho otra cosa que denostar del gobierno en todos sus programas. Se niega a pagar impuestos, tergiversa hechos, difama, injuria, enferma a la población creando paranoia y ahora recoge limosnas del pueblo para pagar una multa por evasión de impuestos.

      En ningún país del mundo se produce este despliegue de realismo insólito, cuando por ejemplo un grupo de intelectuales extranjeros viene a exponer sus ideas en un foro invitado por una agrupación privada. En medio de la mayor pompa, Mario Vargas Llosa y su hijo Álvaro (es mejor no hablar de esta caricatura de “autor” de un célebre monumento a la estupidez), Enrique Krause y otros hacen aparición, y desde su llegada al aeropuerto transmiten el mensaje de ser agredidos por el régimen. Se celebra otro foro con intelectuales progresistas de izquierda, que aprovechan la ocasión para invitar a los otros a debatir y cuál es la sorpresa: estos intelectuales no aceptan la invitación, pero sí recalcan que desean debatir con el propio Presidente, en todo caso no ellos como panel, sino que es el mismísimo Vargas Llosa quien desea debatir “cara a cara” con el Presidente. Esto en ninguna parte del mundo ocurre, que un intelectual, artista, escritor, llegue a otro país a retar a un Presidente, pero aquí ocurre con toda naturalidad, y aún se dice que no hay libertad de expresión, por Dios.

      Vargas Llosa lleva años sosteniendo su conocida posición neoliberal  en sendos artículos que reproduce en varios diarios del continente; es todo un ejemplo de librepensador, defensor del libre mercado, la modernización, la libre empresa, la privatización, la macroeconomía, las reglas del juego democrático etc. etc., y por supuesto de la democracia representativa que permite hacer negocios a una minoría; nunca a una democracia participativa y protagónica de índole socialista. Ostenta además Vargas Llosa un historial político-militar bastante tortuoso: de padre autoritario y militarista que lo envió a una escuelita militar de cadetes (de donde extrajo el material para sus novelas La ciudad y los perros y Los cachorros), donde se advierte todo el trauma militarista del escritor peruano, quien después se postula a la Presidencia del Perú y es derrotado de modo aplastante por Alberto Fujimori. Después del fraude político de Fujimori y de su siniestro colaborador Montesinos, Vargas Llosa apoya a Toledo, quien resultó ser otro fraude de ineficiencia y corrupción. Y ahí tienen los pobres peruanos de nuevo a Alan García, otro corrupto de siete suelas quien acaba de autorizar una masacre de soldados e indígenas en la Amazonia peruana, que debería costarle la renuncia a la presidencia de la república.

      El rotundo fracaso político de Vargas Llosa toma la forma entonces de “conciencia cívica” de América Latina (se ha nacionalizado español y habla con un tono de españoleto híbrido), hace giras cortas por países de cualquier continente que luego se vierten en farragosos articulejos donde “analiza” la situación política de los, según él, pobres pueblos del tercer mundo. La flauta no le suena, pero sigue apostando a ser Premio Nóbel. Otro intelectual, Enrique Krause, mexicano que lo único que heredó de Octavio Paz fue su revista Plural y una mala copia de ésta, Letras Libres (donde da cabida a los intelectuales más reaccionarios del continente) posee una facilidad enorme para redactar cualquier cosa, incluyendo la reciente hazaña de escribir un libro completo contra Chávez sin haber estado en Venezuela, valiéndose de información de segunda o tercera mano, es otro ejemplo elocuente de este realismo insólito producido en el país. Pero Krause se niega a ver la triste realidad política y económica del México actual, bajo la ineficiente presidencia de Calderón.

      Después del espectáculo, los intelectuales librepensadores recibieron sus pagos y los honores de “El Nacional”, Globovisión y otros elegantes sectores de la sociedad capitalina, donde tuvieron la oportunidad de departir con la crema y nata de la inteligencia caraqueña.


gjimenezeman@gmail.com


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Gabriel Jiménez Emán

Poeta, novelista, compilador, ensayista, investigador, traductor, antologista

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