Los militares venezolanos tenemos la inmensa fortuna de contar en nuestro pasado reciente, apenas 200 años, con dos de los más grandes guerreros de la historia. Uno de ellos es el Libertador Simón Bolívar, el alfarero de Repúblicas, el estadista, el estratega, el guerrero, en fin, el padre de la Patria y sin duda uno de los más grandes capitanes de la historia. Por otra parte, encontramos al General en Jefe José Antonio Páez, el Centauro de los Llanos, el terror de los españoles, el taita de los llaneros, el ser casi mitológico que aún hoy, no deja de asombrarnos y causar admiración al rememorar sus batallas durante la guerra de independencia.
Sería de mucha importancia ofrecer un análisis de la estrategia y la táctica empleadas durante la guerra de independencia por estos dos próceres de la historia militar venezolana. Por consiguiente, hemos decidido iniciar la tarea, enfocando nuestro esfuerzo, en la formación militar: ¿cuáles fueron sus primeros pasos en el mundo castrense?, ¿quiénes fueron sus instructores?, ¿cómo y qué aprendieron?, ¿qué opinión tenían de la forma y el estilo de hacer la guerra?, ¿cómo actuaron en el campo de batalla? Respondiendo a estas interrogantes, procuraremos, esbozar algunas ideas de las características guerreras de estos personajes y de esta forma comprender mejor su concepción del arte de la guerra.
Simón Bolívar, el Libertador, nace en Caracas el 24 de julio de 1783 de familia mantuana, recibe una formación militar típica de su época que no es más que la impartida por el ejército español. En 1797 se alista en el Batallón de Milicias de Blancos de los Valles de Aragua y alcanza el grado de Subteniente en 1798.
Al respecto cabe citar a Uslar, A. (1976) quien plantea que:
Se le prepara para
la vida que normalmente debía aguardarle, la de un rico terrateniente
y hombre de la clase alta de la sociedad colonial. Se le va a
enseñar a gobernar sus tierras, a entenderse en cultivos, a manejar
la espada, a prepararse para desempeñar uno de los pequeños
cargos de milicia que en el imperio español se le podían otorgar
a los criollos de clase alta , ser un teniente y más tarde
un capitán de milicias de blancos (p.122)
Desde 1799 hasta 1807 el destino lo llevará a conocer Europa, específicamente España y Francia, así como una breve visita a los Estados Unidos. Se sabe que en Madrid, cursó estudios de matemática, esgrima y equitación en la Academia de San Fernando lo que hace suponer que continuó su formación militar como cualquier joven distinguido de su época. No obstante, sabemos que en la Europa de principios del siglo XIX militares y pensadores como Montecuculli, Gustavo II Adolfo de Suecia, Maurice de Saxe, Federico II de Prusia, el Conde de Guibert son patrones de referencia obligatoria en las grandes Academias Militares.
Napoleón Bonaparte es el capitán que materializará genialmente estas enseñanzas, en él se reúnen y condensan la estrategia y la táctica de los grandes guerreros y teóricos antes citados. Bolívar asiste a la coronación del emperador en París y se interesa por sus campañas militares. Aunque lo leerá tardíamente, como lo afirma Pérez, T. (1989) “Este es el genio en función guerrera. Trae una base de conocimiento histórico que le será útil. En efecto ha leído a Sajonia y a César. También algunos de los escritores del siglo XVII y XVIII. Tardíamente leerá sobre Napoleón y ello a veces en circunstancias amedrentadoras para cualquier espíritu” (p.22)
Estos grandes capitanes y pensadores del arte de la guerra van a ejercer su influencia en Bolívar. Dentro de este marco, se entiende por qué existían acentuadas diferencias de pensamiento militar, entre el Generalísimo Francisco de Miranda y el Coronel Simón Bolívar durante la defensa de la Primera República en 1812. Así lo hace notar Masur G. (1977) cuando expresa “Por aquellos días Miranda parecía concentrar exclusivamente su atención en organizar su ejército de acuerdo con principios tácticos caducos. Confiaba en el triunfo por medio de la disciplina y la instrucción militar, según las ideas de una época pretérita, y pensaba más en vencer al enemigo por agotamiento que en sitiarle activamente. No había aprendido nada sobre la estrategia napoleónica de exterminio” (p.128)
Ahora bien ¿En que se traducían tales enseñanzas? Según Mariotti, G (1989) la Doctrina de la Escuela Francesa a mediados del siglo XVIII y principios del siglo XIX era la siguiente:
- El objetivo de la guerra es la destrucción de las fuerzas enemigas (Napoleón Bonaparte)
- En consecuencia se hace imprescindible la búsqueda sistemática de la batalla.
- Utiliza un dispositivo articulado (Divisiones) que le brinda la seguridad y permiten la explotación del éxito (Guibert)
- Concentración de esfuerzos sobre un punto dado en el momento oportuno, lo que implica rapidez en los movimientos gracias al uso de la artillería ligera y flexibilidad de la logística.(Gustavo II Adolfo de Suecia y Federico II de Prusia y Napoleón)
- La ofensiva como la defensiva reposan sobre la maniobra (Napoleón Bonaparte)
- Las plazas fuertes solo pueden servir de: puntos de apoyo para la maniobra, refugios temporales, y eventualmente como bases logísticas.
Si estudiamos con detenimiento la Campaña Admirable del Libertador en 1813 y analizamos las campañas que se extienden desde el fatídico periodo de la Segunda República hasta la Batalla de Carabobo, encontraremos mucha similitud con la Doctrina de la Escuela francesa que no es más que un compendio de las enseñanzas de los grandes capitanes de los últimos 200 años . De esta manera, podemos clasificar la Estrategia de Bolívar dentro del esquema de Guerra Directa. Es decir aquella que Clausewitz define de la siguiente manera:
- Concentración de esfuerzos
- Acción del fuerte al fuerte (Batalla de Carabobo)
- Decisión a través de la batalla en el teatro principal de operaciones.
Por otra parte, es necesario mencionar que en la Biblioteca del Libertador existen otros libros que dan cuenta de su bagaje intelectual relacionado con el Arte de la Guerra.
En este sentido, Pérez, M (1960) afirma lo siguiente:
No son las regaladas
por el general Wilson las únicas obras pertenecientes a Bolívar cuyo
paradero actual se conozca. En su Casa Natal, recogidos y conservados
por la devoción bolivariana del doctor Lecuna, existen asimismo varios
libros que fueron del Héroe. Los más notables son dos tomos, correspondientes
a distintas ediciones, de los Comentarios de la Guerra de las Galias,
de Cayo Julio César, y nueve volúmenes de las Obras de Federico
el Grande. Ambos ejemplares de los Comentarios son bilingües,
con el texto latino y la versión castellana. En la página inicial
figura una interesante nota autógrafa de José Austria: «Este libro
no se manda a componer porque en este estado se puso en la hamaca del
Libertador Simón Bolívar, donde lo tenía siempre y leía de continuo
en los campamentos. J. Austria» (p.11).
Si bien es cierto que Bolívar en su Estrategia y Táctica obedece a los conocimientos y enseñanzas de los grandes capitanes y teóricos de la antigüedad y su tiempo, también es justo señalar que sin su genio, no hubiese sido posible, superar los grandes escollos e inmensas dificultades que presentó la independencia de los pueblos de América liberados por su espada.
En contraposición a Bolívar, el General en Jefe José Antonio Páez viene al mundo en un agreste rincón de la llanura venezolana en el año 1790. Su origen es humilde, y no contará con el apoyo de una familia culta y acomodada que le permita acceder a una educación de calidad que lo prepare para asumir los grandes destinos de la Patria.
A muy temprana edad, un incidente lo obliga a internarse llano adentro en un lugar áspero y desolado conocido como el Hato la Calzada. Allí el zambo Manuelote se encargará de su educación. Su maestro más importante será el peligro, por aula de clases no tendrá otra cosa que el medio donde se desenvuelve. El terreno, los ríos y los montes con sus animales salvajes, servirán de pupitre y pizarrón. Sus textos escolares los constituyen las enseñanzas de la vida diaria y de esta manera, se va forjando aquel hombre, aquel soldado que más tarde descollará en la escena militar venezolana.
Al respecto cabe citar a Uslar, A (1976) quien expresa lo siguiente:
Esta educación no
fue mala para Páez. Lo endureció, lo fortaleció, le enseñó una
vida que había de transformarlo fácilmente en un admirable soldado,
en un hombre hecho a todos los rigores de la intemperie, en un jinete
extraordinario, en un ser que conocía la vida del llano y los recursos
del medio en que le tocaba actuar de un modo que no podía ser
ni más eficaz ni más cierto (p.8)
Los conocimientos militares de Páez no los adquirió en los libros, su talento como estratega es más de instinto, es más de corazonada que otra cosa. Páez no sabe de grandes capitanes, no conoce la historia, sólo sabe que tiene el carisma y ascendiente necesario para mandar en grande. Muchos de sus compañeros de armas ya han conocido algo parecido, una gran cantidad sirvió bajo las banderas de Boves y en él ven la resurrección de su taita muerto en Úrica hace un año atrás. Ellos que pronto serán sus soldados, saben del uso de la caballería, de la lanza y del increíble poder que da el número a la hora de combatir.
Desde 1813 hasta 1815 transcurre ese periodo de formación y ya en 1816 se le reconoce como el jefe indiscutible de los llaneros. Ahora cabe preguntarse ¿Cuál fue la estrategia y la táctica de Páez? La respuesta es simple Páez es un guerrillero que sabe sacarle provecho a la mínima ventaja que le da el conocimiento exacto que tiene de sus hombres, del enemigo y del terreno donde opera.
Según Pérez, T (1989) “En fin, Páez es un buen jefe, jefe de guerrilleros, jefe de caballería cuando se afirma la autoridad de Bolívar. Sus campañas no conducen a acciones decisivas y sus batallas tienen mucho de la Edad Media: acción personal, valiente y desordenada.” (p.184)
El taita es uno de los primeros expertos en la guerra de resistencia, es un maestro del desgaste, es un operador psicológico, en fin Páez es un precursor de la guerra indirecta, en la que mas tarde reflexionará Liddle Hart.
En este orden de ideas el Teniente Coronel Mariotti, G (1989) aclara lo siguiente:
El británico Liddle-Hart
es uno de los más fervientes seguidores de la guerra en el estilo indirecto.
En este sentido, establece: Dispersión del adversario a través de
la aproximación indirecta, sorpresa por acciones imprevistas, acción
del fuerte al débil y decisión en teatros secundarios. En este estilo,
la maniobra estratégica reposa sobre la alternabilidad en la concentración
y dispersión de los medios. La táctica por su parte, reposa
sobre un movimiento espasmódico orientado más a afectar las comunicaciones
y la logística que a la destrucción directa del grueso de las fuerzas
enemigas. Este es el estilo de los pueblos nómadas (los mongoles,
etc.) e insulares como los británicos (p.30)
La Guerra en estilo indirecto implica saber ceder terreno, hace uso máximo de la sorpresa y del estratagema, busca ante todo la desmoralización del enemigo y busca reducir los combates al mínimo posible. Es esa guerra la que conduce Páez contra el General Morillo en los llanos y es esa guerra la que hace morder el polvo de la derrota en tantas oportunidades a las tropas españolas, vale citar: Mucuritas, El Yagual y las Queseras del Medio.
No obstante, cuando existe la posibilidad de realizar grandes despliegues de caballería, Páez sabe como conducirlos de manera magistral, atacando en masa al enemigo repetidas veces hasta causar el desorden en sus filas, lo que de inmediato facilita el envolvimiento y eficaz aniquilamiento de las tropas enemigas. Así lo pone de manifiesto en la gloriosa batalla de Carabobo, donde conduce la acción decisiva con su caballería.
El propio Páez se califica de autodidacta y de esta manera y con mucho sacrificio logra adquirir una serie de conocimientos que le permitirán más adelante conducir los destinos del país y convertirse con la desaparición física de Bolívar, en la figura más influyente de la política venezolana durante el siglo XIX.
En conclusión podemos afirmar que el “arte de la guerra” de estos dos colosos es diferente. Bolívar es partidario de la guerra en el estilo directo donde la maniobra estratégica depende de la dosis de concentración que se le imprima y la maniobra táctica, reposa sobre un movimiento continuo que busca incesantemente la batalla, ganando terreno y capturando objetivos que son defendidos cueste lo que cueste.
No obstante, Bolívar también hará uso de las estrategias de la guerra indirecta sin saberlo. Es precisamente su genio, el que le permite flexibilizar sus esquemas mentales, combinando a voluntad diversas estrategias que pueden catalogarse hoy dentro del sistema de guerra directa, así como en el sistema de guerra indirecta. Prueba de ello, se evidencia en el cambio de percepción que tiene de la guerra en Venezuela a partir de 1815.
Uslar, J (1976) lo refiere de la siguiente manera:
Por eso Bolívar,
antes que todo político, deja entrever en esta carta la nueva táctica
a seguir. La esboza y la ofrece a extranjeros, amigos y enemigos. Apenas
vuelve a Venezuela cuando proclama la libertad de los esclavos. Tremola
la bandera que hasta ayer había ondeado en el campo realista y se lanza
a todo galope contra las organizadas infanterías de Morillo. Y allí
comienza la verdadera guerra patria. Desde aquel momento la lucha social,
la rebelión popular termina en Venezuela y comienza la “guerra internacional”.
(pp. 195,196)
Bolívar comprende a raíz de la muerte de Boves que el centro de gravedad ha cambiado, para ganar la guerra en Venezuela es necesario crear un ejército distinto, adaptado a la nueva lucha que se avecina, ese ejército será de carácter inminentemente popular.
Posteriormente, al emprender su campaña para libertar a la Nueva Granada, hace una clara demostración de la adopción de la estrategia de aproximación indirecta, para aislar el centro de gravedad, materializado en la unificación del ejército español posicionado en territorio Neogranadino y el comandado por Morillo en Venezuela.
Páez a su vez opta por la guerra en su estilo indirecto donde la maniobra estratégica se alterna entre la concentración y la dispersión y la maniobra táctica reposa sobre un movimiento arrítmico orientado a las líneas de comunicación y logística del enemigo.
Pero dejemos que sea Pérez, T (1989) quien describa mejor esta diferencia de estilos:
Bolívar le recordará
en el año de 1826 quien lo llevó al triunfo, mediante la apropiada
estrategia.”El Apure sería la habitación del vacío, el sepulcro
de sus héroes, sin más servicios, sin más peligros, sin las victorias
que he ganado a fuerza de perseverancia y de penas sin fin. Usted mi
querido General y los bravos de aquel ejercito, no estarían mandando
en Venezuela, y los puestos que la tiranía les habría asignado serian
escarpias y no las coronas de gloria que ahora ciñen sus frentes”
(p.184)
Bolívar
por su parte, difícilmente podría haber alcanzado la independencia
de Venezuela sin la fuerza y astucia de Páez y la enorme contribución
que este dio a la nueva conformación del ejército libertador que más
adelante batirá sin tregua a las últimas reliquias del imperio español
en América del Sur. Es decir, sus estilos no se oponen, simplemente
se complementan y esta fue la clave del éxito que dio el triunfo
a nuestros capitanes en la gesta emancipadora.
Bibliografía
Masur, Gerhard (1977) Simón Bolívar, Primera Edición, Barcelona: Circulo de Lectores.
Mariotti, Guy (1989) Histoire Militaire. Initiation á la Stratégie et á la Tactique.Troisieme Edition. Coetquidant. Direction Generale de l´enseignement et de la recherche.
Pérez, Manuel (1960) La Biblioteca del Libertador. s.n. Caracas.
Pérez, Tomas (1989) Los Generales en Jefe de la Independencia. Segunda Edición. Caracas: Biblioteca de la Academia Militar de la Historia.
Uslar, Arturo (1976) Valores Humanos. Tercera Edición. Caracas-Madrid: Edime.
Uslar, Juan (1972) Historia de la Rebelión Popular de 1814. Segunda Edición. Caracas – Madrid: Edime