La verdad es que no
me gusta usar adjetivos para calificar a la gente, pero lo primero que
me vino a la cabeza cuando oí lo que decía Ravell sobre el temblor
del pasado lunes 4 de mayo de 2009 fue eso, para no indicar otra expresión
venezolana más contundente, cuando alguien nos impresiona con su anormalidad,
por las cosas que dice.
En el contacto que realizó
con Globovisión Ravell, aquella mañana de angustia y desesperación,
por el temblor que sintieron los caraqueños, mirandinos y parte de
los aragüeños, decía que la población se había enterado del temblor
gracias a su información, gafo: ¡se enteraron porque sintieron la
tierra temblar y rugir, llevándolos a correr a la calle!
También expresaba que
había intentado comunicarse con las autoridades, pero que ninguna le
había respondido. Que había hablado con el alcalde de Baruta, quien
le informó que en su municipio todo estaba normal, gafo: ni tú mismo
aceptas que el señor Blade es una autoridad, que en mala hora eligieron
los baruteños con ese CNE que según ustedes está parcializado hacia
el Gobierno, pero reconoce sus triunfos.
Que los funcionarios
de los Cuerpos de Seguridad y Protección Civil, no te atendieron la
llamada, gafo: ¿qué crees que cuando hay situaciones de ese tipo te
deben conceder la venia de atenderte, para que además distorsiones
todo, cuando precisamente se han activado para brindarle seguridad a
la población? ¿A qué no llamaste a los servicios puestos a disposición
del público, sino que intentaste por sus teléfonos particulares, cual
si fueras alguien especial?
Que te pudiste enterar
de lo que pasaba porque llamaste al servicio de meteorología de los
Estados Unidos. ¡Debes haber estado entonces, rascado, para que siendo
un viejo ya, no sepas lo que es un temblor!, pero gafo: eso son los
mismos que aún sabiendo que se acercaba un huracán como el Katrina,
fueron incapaces de tomar las medidas necesarias y a tiempo para que
una población, en su mayoría compuesta por pobres afroamericanos,
fuera puesta a seguro sin demoras, con las consecuencias que ya sabemos.
Que sientes que el gobierno
norteamericano y sus instituciones protegen a sus habitantes, gafo:
¡si les reventaron dos torres en el propio corazón de su ciudad más
importante, a plena luz del día, con dos monstruos de aviones que se
ven simple vista y sin que pudiesen hacer nada! ¿O es qué tú eres
de los que cree que fue un acto de tu amigo Bush para lograr el apoyo
del Congreso y de la población para declarar la guerra, ante la baja
popularidad, luego de haberle arrebatado la victoria al ganador?
Es qué tú piensas
que las instituciones norteamericanas si funcionan, que son responsables
con su población, que todo es Walt Disney y Hollywood y que quisieras
pasar el resto de tu vida disfrutando el “sueño americano”, gafo:
¿y entonces por qué no te vas para allá y nos dejas a todos en paz?
Federico, tú padre
aunque adeco, estoy seguro que sentiría una profunda vergüenza por
lo que le salió como hijo, aunque estaría tentado en buscar en el
registro y constatar que te presentó mucho tiempo después, al ver
tus cachetes hinchados y como dejabas correr la baba y el nombre que
escogió para ti, con el acuerdo de tu madre, es el que más les parecía
que te quedaba como anillo al dedo, de los personajes de la televisión,
aficionada siempre tu familia a ella: Federico, como el amigo del Chavo,
¿verdad Kiko?. Ahora llama a tu mamá, gafo.