La raíz Robinsoniana de la Revolución Bolivariana.

Muy al contrario de lo que desde hace unos cuantos años nosotros les oíamos anunciar a ciertos pensadores por encargo, a sueldo sin duda de determinados intereses, la lucha entre ideologías de índole antagónica sigue marcando el rumbo del desarrollo en las sociedades contemporáneas. Lejos de estar en vías de desaparición, cada día se hace evidente que esa lucha se agudiza en la medida que crecen los problemas inherentes a un mundo carente de justicia social.

Los procesos políticos se definen precisamente bajo la orientación ideológica que adopten las personas adscritas o no a partidos políticos o movimientos sociales, apoyados a su vez en una gama de fuerzas sociales, correspondientes a los dos grandes campos del desarrollo de la humanidad: el conservador y el revolucionario.

En las circunstancias actuales que vivimos en Venezuela, donde se ha desatado en estos últimos cinco años un impresionante proceso de cambios en las más diversas esferas, ha cobrado decisiva importancia el factor ideológico. Nadie puede desconocerle al Presidente Chávez el mérito histórico de haber despertado en el pueblo venezolano un interés sin precedentes por el estudio del pensamiento bolivariano, el cual constituye como es sabido el fundamento esencial de todo lo que en el plano de la ideología aporta nuestro proceso.

La clave que nos permite entender a Bolívar y sus avanzadas ideas en materia social y política, asombrosas en muchos aspectos aún hoy en día, no es otra que la del insigne maestro y compañero de ideología que encontró Bolívar en su tocayo Simón Rodríguez.

En la carta que envió Bolívar a Simón Rodríguez desde Pativilca, el 19 de enero de 1924, se observa el altísimo respeto y profundo afecto que el Libertador tenía por su maestro:
“...Vd. formó mi corazón para la libertad, para la justicia, para lo grande, para lo hermoso. Yo he seguido el sendero que Vd. me señaló, Vd. fue mi piloto aunque sentado sobre una playas de Europa. No puede Vd. figurarse cuán hondamente se han grabado en mi corazón las lecciones que Vd. me ha dado; no he podido jamás borrar siquiera una coma de las grandes sentencias que Vd. me ha regalado: Siempre presentes a mis ojos intelectuales las he seguido como guías infalibles...”

Esta cita y las siguientes pertenecen a una obra titulada de modo muy sugestivo “La raíz robinsoniana de la Revolución Bolivariana en Venezuela”, en edición popular hecha por el Instituto Municipal de Publicaciones de la Alcaldía de Caracas, cuyo autor es un conocido profesor de la Universidad de Oriente (UDO), Max Robinson, canadiense por su origen y venezolano no solamente por la ley sino de corazón.

Las originales ideas que Simón Rodríguez pregonó en vida y dejó asentadas en todo un montón de escritos -sin saber cual de todos es más revolucionario-, han permanecido casi ignorados hasta ahora, de igual forma que las huellas imborrables que dejaron numerosos hombres y mujeres en el proceso histórico emancipador del pueblo venezolano, las cuales continúan provocando en la Oligarquía serias preocupaciones y dolores de cabeza.

Afortunadamente, abundan y cobran vigencia hoy en la memoria histórica del país las vidas y obras tanto de Simón Bolívar y Simón Rodríguez, como las de Guaicaipuro, Tamanaco, Francisco de Miranda, José María España, Pedro Gual, Josefa Camejo, Josefa Joaquina Sánchez, José Leonardo Chirinos, Antonio José de Sucre, Rafael Urdaneta, Luisa Cáceres de Arismendi, Manuel Carlos Piar, José Francisco Bermúdez, José Antonio Anzoátegui, José Tadeo Monagas, Manuel Cedeño, Pedro Camejo, José Félix Ribas, Jacinto Lara, Ezequiel Zamora, Juan Crisóstomo Falcón, Maisanta, así como otras más.

Simón Rodríguez, fue odiado despiadadamente por ciertos sectores privilegiados que lo tildaron de “loco” porque sus ideas eran antagónicas con sus intereses, y han sido estos mismos sectores los que se esfuerzan por borrar su legado de la memoria colectiva del pueblo, reduciéndolo a la mera condición de “maestro de Simón Bolívar”. Cabe preguntarse entonces: ¿Por qué temieron y aun temen a Simón Rodríguez?

Las raíces robinsonianas en el pensamiento bolivariano.

A continuación se presentan algunos extractos del Pródromo (Introducción) a Sociedades Americanas de Simón Rodríguez (1928), citados por el profesor Robinson en su libro, los cuales permiten desentrañar las fuentes teóricas del pensamiento bolivariano y ubicarlo en el contexto universal de nuestro tiempo:

I. Consolidar una verdadera Soberanía e Independencia, fue motivo de gran preocupación para Rodríguez: “En la América del Sur las Repúblicas están Establecidas pero no Fundadas (...)¡Cuanta sangre!...para conseguir tan poco!... y ¡cuan lastimoso no sería el perder tantos sacrificios!. En su obra “Luces y Virtudes Sociales” (1834), agrega: “No hay libertad donde hay amos ni prosperidad donde la causalidad dispone de la suerte social”

II. Creía en la democracia directa y participativa: “Las Sociedades podían existir sin Reyes y sin Congresos”

III. Cuestionó la libertad absoluta de la Prensa: “Es verdad que la Libertad de Imprenta como todas las Libertades está sujeta a la Razón (...) Entiéndase por Libertad de Prensa la facultad que dan los conocimientos para abogar por el bien común, y no la licencia que se toman las pasiones para denigrar al que lo promueve”

IV. Aborreció la esclavitud: “...La única analogía que hai, entre las dos Américas (española y anglosajona), es la noble idea que ambos tiene de la utilidad de la esclavitud. Los Angloamericanos han dejado, en su nuevo edificio, un trozo del viejo –sin duda para contrastar- la rareza de un hombre mostrando con una mano, a los Reyes el gorro de la Libertad, i con la otra levantando un GARROTE sobre un negro, que tiene arrodillado a sus pies”.

V. Consideró a los indios como los legítimos dueños de América: “En lugar de pensar de Medos, de Persos, de Egipcios, pensemos en los Indios. La decadencia que experimentaron en su propio suelo los Griegos y los romanos después de algunos siglos de dominio no nos importan tanto como la decrepitud prematura en que comienza a caer... (casi a u nacimiento)... las repúblicas que han hecho los Europeos y los Africanos en el suelo de los Indios”.

VI. Rechazó la imitación mecánica: “...o inventamos o erramos”. En su obra “Luces y Virtudes sociales”, Rodríguez escribió: “...la América no ha de imitar servilmente, sino ser original (...) La necesidad de sentir bien la diferencia que hay entre adoptar y adaptar, para no desechar lo que puede ser útil y para no errar en sus aplicaciones”.

VII. Consideraba al capitalismo como incompatible con la existencia de una verdadera República, tal como lo expone en su obra Defensa de Bolívar, (Arequipa, Perú,1830):
“A ninguno le es permitido exentar a otro, del trabajo necesario a su subsistencia”.
“Ninguno tiene derecho a la propiedad ni a los servicios de otro, sino en común”.
“No hay legados ni herencias por sucesión”.

En su obra Luces y virtudes sociales, (Concepción, Chile, 1834) escribió: “aunque los reyes entienden por libertad la licencia de quejarse y por prosperidad las comodidades de ciertas clases no es país libre el que teme la desigualdad de derechos ni próspero el que cuenta con millones de miserables (...) no hay libertad donde hay amos ni prosperidad donde la causalidad dispone de la suerte social”.

En otra de sus obras, Desvío del río Vincocaya, (Arequipa, 1830)escribió: “Una revolución política pide una revolución económica”. Y en su Sociedades Americanas: “Los indios y los negros no trabajarán siempre para satisfacer escasamente sus pocas necesidades, y con exceso las muchas de sus amos.”

VIII. Consideró al pueblo educado como el ingrediente esencial para la formación de una verdadera República. En “Defensa a Bolívar”, el maestro dice: “El fundamento del Sistema Republicano está en la opinión del pueblo, y ésta no se forma sino instruyéndolo”.
Su programa educativo para formar ciudadanos preparados para vivir en una verdadera República era:

Instrucción social para hacer una nación prudente
Instrucción corporal para hacerla fuerte
Instrucción técnica para hacerla experta
Instrucción científica para hacerla pensadora

IX. Abogó por una Escuela Social y por una Educación Popular para la Libertad: En Consejos de Amigo, dados al Colegio de Latacunga, dice que a la niñez debe enseñársele que “Piense cada uno en todos, para que todos piensen en él”. En la escuela social “Enseñen a los niños a ser PREGUNTONES! Para que pidiendo el POR QUÉ de lo que se les mande a hacer, se acostumbren a obedecer a la RAZÓN! No a la AUTORIDAD, como los limitados , ni a la COSTUMBRE, como los estúpidos”.

Las citas anteriores comprueban la condición de visionario del pensador americano, y toda su obra podría concentrarse en su lema: “Piense cada uno en todos, para que todos piensen en él”. Como se puede apreciar, tanto Bolívar como Rodríguez fueron dos revolucionarios que se anticiparon a su época, actuando en función de una ideología, con concepciones del internacionalismo que sobrepasaron el estrecho límite de Venezuela e incluso el más amplio de nuestro continente.

Conocer la raíz robinsoniana del pensamiento bolivariano es arma valiosa para todo el movimiento revolucionario, tanto en Venezuela como en los países hermanos, y dará un impulso todavía mayor a las batallas que en el campo ideológico libran ante sus adversarios tradicionales, y en especial frente a las concepciones pro imperialistas envueltas en el monroísmo del llamado sistema interamericano.


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