Camaradas: murió el viejo Tiuna

El 21 de enero un tercer ataque de acv puso en jaque mate la vida del camarada viejo Tiuna (Robert Giménez). No fue una reina matando a un rey en un juego de ajedrez luego de haber reducido casi todas las piezas de ofensiva y defensiva del adversario. No, fue una enfermedad que creó demasiada tristeza e impotencia en el viejo Tiuna la que aniquiló su órgano de pensar, de raciocinio y, después, le sobrevino un paro cardíaco que lo eclipsó físicamente para siempre. El 22 de enero en la noche, dos galenas hicieron todo lo posible por mantener con vida al camarada Tiuna, y todo fue en vano. Lo único que se hizo fue confirmar, de manera definitiva, la muerte de sus músculos y el cese de la circulación de la sangre. Su cerebro ya no tenía signos de vida.

El deceso del viejo Tiuna duele a quienes le conocieron y lo trataron siempre con afecto, camaradería, solidaridad y amistad y recibieron de él la misma o más dosis de esas nobles facultades del ser humano. Fue, sin duda alguna e independiente de los desaciertos que haya tenido en su vida, un revolucionario que profesó como ideal el marxismo y creyó, ferviente y con convicción política, en el socialismo. Amó su causa social con la misma fuerza que quiso el bien para su familia, sus camaradas y –hay que decirlo para no mutilar su pensamiento- los pueblos de este planeta.

No fue nunca, el viejo Tiuna, un orador de la política que no le pone acento al sentido del pronunciamiento; no fue jamás un mago de la palabra que hoy se promete y mañana no se cumple; no incursionó en ningún momento en la sofística que deja de lado el contenido de las frases para aferrarse a las formas y terminar resignado a las realidades que le adversan; no intentó de ninguna manera ser un académico que cree que sus conceptos son irrefutables por ser supuestamente todos ciertos; no dejó jamás de pensar y hablar de sueños posibles y, tal vez, por ello nunca se consagró en buscar la satisfacción plena de sus necesidades diarias en este mundo capitalista como meta de su vida personal, porque el pueblo, para él, valía mucho más que todas las aspiraciones individuales del ser humano. Y los que piensan lo contrario simplemente se hacen lobo y no amigo del hombre y de la mujer. El viejo Tiuna no creyó en ningún momento que la redención del mundo (que implica la de todo ser humano) dependiera de alguna fuerza misteriosa venida de otro reino, sino en la lucha de clases como el motor y en la revolución como la locomotora de la historia; y, por supuesto, no hizo expresión alguna de querer ser un profeta vaticinando hechos esporádicos e independientes de las realidades objetivas de su tiempo. No fue jamás, el viejo Tiuna, un intelectual culto, no consumió los textos necesarios de la doctrina, pero fue un devorador lector de periódicos, documentos y revistas de donde sabía distinguir y recoger la esencia de los conceptos para convencerse de su ideal. Lo que nadie puede negar es que gozó de una memoria privilegiada para grabar datos que a otros podían resultarle no necesarios, pero a la hora de describir los hechos imprescindibles citar. En fin, fue, simplemente, un revolucionario de larga experiencia que con su ejemplo –poco o algo- enseñó a varios jóvenes de este tiempo para que inventaran más y erraran menos.

Nadie le prestó atención, en el pleno de reflexión epano del mes de julio de 2008, que el viejo Tiuna habló de su pronta muerte. Todos creyeron que era una manera sofisticada de estimular la formación política e ideológica en los demás camaradas y, con marcada especificidad, en los más jóvenes. Nadie era pitoniso, ni mago ni profeta para saber que seis meses después se tenía que sembrar en la tierra de un cementerio larense al camarada y muy querido viejo Tiuna.

Recuerdo con exactitud que en el mes de noviembre del año pasado me visitó el viejo Tiuna. Lo extraño: casi no hablamos de política, sino que casi toda la conversación versó sobre su pronóstico que pronto moriría y que le garantizáramos un pequeño espacio de la zona donde sembrarlo o “enterrarlo” que fue exactamente el término que utilizó. No hubo manera de hacerlo cambiar de parecer y que entendiera que no tenía la enfermedad que él se suponía y anticientíficamente se había diagnosticado sin tomar en consideración ningún estudio científico. Sin embargo, eso lo supe luego, ya llevaba dentro de su cuerpo el germen de la acv. me extrañó que al momento de emprender su regreso a la ciudad en la que habitaba, se había despedido y comenzado a caminar cuando le pregunté: “Viejo: ¿no trajiste un pequeño morral, lo vas a dejar?” Entonces él, con un poco de visión extraviada hacia el sol, me respondió: “”, y caminó a paso lento para recogerlo del lugar en que lo había dejado. Después, durante un trecho del camino, lo estuve observando y gastó mucho más tiempo, hasta el lugar donde se pierde la persona de la vista del que se queda mirándolo desde arriba, que todos los tiempos que había hecho en visitas anteriores. Eso, en verdad, me llamó la atención y lo comenté con algunos camaradas sin que se creara la preocupación que verdaderamente ha debido pensarse. A los pocos días llegó la noticia del primer acv que lo atacó; en otros pocos días del segundo acv; y nuevamente a pocos días la noticia de la estocada final del tercer acv, que es ese momento en que toda la vida (material y espiritual) se vuelve para siempre vegetativa; es decir, totalmente muerta pero mantenida con aparatos científicos y tecnológicos que la hacen respirar, simplemente respirar y nada más. Y en esas condiciones, ya la ciencia totalmente incapacitada para devolverle siquiera parte de la vida al paciente, era mil veces y más que el viejo Tiuna -o cualquier ser humano en la misma condición- deje de respirar para siempre y se decrete, formal y definitiva, su muerte.

No es tan dolorosa la muerte -como hecho inevitable luego de recorrido un buen trecho del camino de la vida- de una persona en lo general o del camarada Tiuna en lo particular como lo es las condiciones de dolor que rodearon al camarada en sus últimos momentos de existencia, la miseria social material que lo envolvió y lo cercó acosándolo por todos los lados y, también, la propia impotencia de camaradas para buscar y encontrar soluciones inmediatas de mayor nivel científico para enfrentar con éxito el primer golpe. Pero algo mucho más doloroso, como camaradas y como militantes de la misma organización de la cual el viejo Tiuna era uno de sus más considerados militantes por su edad y su experiencia, fue no haber tenido recursos económicos ni a la hora de su sufrimiento ni al momento de su muerte, aunque nunca le faltaron gestos de auténtica solidaridad revolucionaria o humana. ¿Cómo no va a doler tener que recurrir a la mendicidad para recolectar la cantidad estipulada o exigida por la funeraria para el servicio velatorio y entierro del camarada viejo Tiuna? ¿Cómo podría pretender alguien que eso no duela y no infle pechos de indignación con nosotros mismos? Sabemos, , que camaradas de diversas organizaciones (las cuales no nombro para no cometer el error de pasar alguna por alto) tendieron sus manos solidarias para ayudar en ese momento de tristeza y de dolor el saber que el camarada viejo Tiuna ya estaba muerto y que nunca más, desde el punto de vista físico, estará ni con sus familiares ni con sus camaradas. Sin embargo, su ejemplo, su espíritu de lucha o de combate, su fe en el marxismo y su convicción de triunfo del socialismo, llenan a otros de esperanza, los impulsa a continuar perseverando en el pensamiento revolucionario.

Ya nada podemos solicitar de solidaridad para el viejo Tiuna. Sólo decimos, y para ello debemos creer en que habrán oídos receptivos de una o varias instituciones del Proceso Bolivariano (esencialmente del Estado) en dar solución a quien fue su compañera y que está desempleada luego de habérsele negado la renovación del contrato como obrera de la institución de Desarrollo Social en Lara y, además, por quedar con un hijo huérfano de padre que es menor de edad.

Tengo entendido, de fuente bien creíble, que las últimas palabras del viejo Tiuna fueron para solicitarle a sus camaradas que no dejaran pasar trabajo a su hijo menor, Roberche. Es un compromiso que se le debe cumplir como organización y como camaradas. Sencillamente, vuelvo a poner a disposición de cualquier interesado o cualquiera interesada en ejercer la solidaridad con la familia del viejo Tiuna y que ha quedado huérfana, que podría intentar contactar al camarada George Camacaro, diputado suplente del Consejo Legislativo del estado Lara, militante activo y excelente luchador social del PSUV. Sus teléfonos son los siguientes: 0426-8532621; y 0414-5500695. En caso que por alguna circunstancia no pudieran comunicarse con él, pueden llamar a alguno de los dos camaradas que a continuación anoto: Zerpa (0416-6507856) o Camilo (0426-6529660). Ellos sabrán informar sobre el caso. Lo confieso, si tuviésemos como organización una situación económica solvente, no recurriríamos a ninguna exigencia de solidaridad para su compañera y su hijo, aunque ya –así lo tengo entendido- los pocos camaradas de la organización que trabajan aprobaron establecer una cuota –de acuerdo a las posibilidades reales- mensual de sus salarios para ir solventando la situación de la viuda y el hijo huérfano del viejo Tiuna mientras se consigue una solución definitiva del caso.

Viejo Tiuna: ¡siempre presente!



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Freddy Yépez


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